Carlos Alcaraz ha repetido estas dos últimas semana que ha venido a Nueva York a «disfrutar» y «tratar de competir». Un objetivo realista después de cuatro meses y medio fuera de las pistas, frenado por una lesión de muñeca muy peligrosa para su carrera. En una noche memorable, en la que resucita después de besar la lona, los cuartos de final del US Open le acaban por recordar que el sufrimiento es parte central del tenis, por si se le había olvidado.El murciano sufre, se hunde, se recompone y pierde en un partido del que aprenderá más que de la mayoría de sus victorias memorables. Le derrota Ben Shelton, el primer estadounidense que logra imponerse a Alcaraz, en un partido que ninguno de los dos olvidará (6-7, 6-1, 6-3, 1-6, 7-6).Salen los protagonistas a la central del US Open y hasta el menos versados en tenis, hasta el más borracho en las barras libres de las suites corporativas, sabe cuál es el principal peligro de Shelton: su saque. El estadounidense no tarda en demostrarlo. El partido arranca con su servicio y en su segunda oportunidad coloca un saque a 230 kilómetros por hora. El tercero, a casi 240, récord de este torneo. Shelton, literalmente, la descose: tras ese juego, que gana con facilidad, entrega al juez una pelota rota.El saque de Alcaraz no tiene esa violencia, pero sí efectividad. Mete muchos primeros, algo clave. El partido arranca en un intercambio de golpes rápidos. Es el juego de Shelton, el ‘top 20’ del mundo que gana menos peloteos de cinco o más golpes. Dispara en el saque y trata de cerrar rápido. El punto largo se le hace bola.Así navega el partido, con dominio de los saques, sin apenas llegar a un ‘deuce’ hasta el final de la primera manga. Ahí Alcaraz dice ‘basta’. El saque de Shelton flaquea con 5-5 y el murciano lo aprovecha para romper el servicio. Solo tiene que llevarse el set con su saque. Pero Alcaraz desconecta -eso también es falta de competición-, pierde su saque con errores groseros y se van al ‘tie break’.El murciano muestra lo mejor y lo menos bueno de su tenis en la muerte súbita: un escorzo imposible, una derecha extraterrestre, una decisión equivocada. El desempate enturbia su tenis, pero cae de su lado.El partido ha sido ordenado hasta el ‘tie break’. Pero se descuaderna en el inicio del segundo set. Es un festival del error del que sale ganando Shelton. Ambos se regalan puntos de rotura de saque, pero quien lo pierde es el murciano. Lo hace, además, con una doble falta.Desde ese momento, se hunde. Se nota hasta en la forma de caminar. No da una. Encadena errores (17 no forzados en el segundo set). Tira dejadas sin sentido. Abre los brazos. Falla en la derecha. Protesta con su esquina. Más dobles faltas. En la silla tiene la mirada perdida. Está perdido. Al menos, lo está el set, que se lo lleva Shelton regalado.Alcaraz es como la ‘Cenicienta’. Ha pasado la medianoche y se ha roto el hechizo, ese que le ha permitido competir por un ‘grande’ después de cuatro meses y medio fuera de las pistas. Algo impensable, algo que nadie ha hecho. Su raqueta se ha convertido en calabaza. El cuerpo no le acompaña. Jadea tras los peloteos. Su juego de fondo, de repente, es convencional. Es algo que nunca se dice del murciano: mediocre.Su lenguaje corporal no engaña. Brazos caídos, mirada al cielo. ¿Dónde está la sonrisa, el gran termómetro de su juego? En los cambios de campo, sale de la silla antes de que acabe el tiempo, como si tuviera prisa por perder. Un par de puntos extraordinarios, marca de la casa, podrían ser un punto de inflexión. Pero no: la depresión se lleva por delante el tercer set.Las perspectivas son desoladoras en ese momento. En su esquina y en su palco, las caras son de circunstancias. Arranca el cuarto set con un punto de ‘break’ para Shelton, que puede firmar el partido de su vida, su primera victoria contra un ‘top 3’. Esta madrugada quiere dejar de ser promesa del tenis estadounidense. Puede ser el primero de su país en batir a Alcaraz.Pero el murciano lo levanta y sujeta su saque. Y se coloca 15-40 de inmediato contra el servicio de Shelton. Le ha cambiado la mirada. Está extenuado, pero llega a las pelotas y rompe. Le cuesta hasta levantar el puño para celebrar. Pide que la cámara no le grabe cuando va a la silla. Porque vomita.El de Alcaraz es un esfuerzo homérico, en el que encaja esa diadema que le da aspecto de héroe mitológico. Pero recuerda más a uno humano, a alguien que jugaba con cara de estar enfadado, al rey del sufrimiento, al que obró en este mismo escenario, como aquella final contra Daniil Medvedev en 2019. Alcaraz, en las antípodas de Rafael Nadal en tantas cosas, se pone el traje del de Manacor y se anota el cuarto set.En España la gente está desayunando con la resurrección de Alcaraz. El quinto y definitivo set arranca hacia las dos y media de la mañana en Nueva York, ocho y media en España. Muchos no lo habrán visto desfallecido, contra las cuerdas, desesperado. Le animan desde la cocina, con el café silbando, o mirando la tele en el bar de abajo.En la Arthur Ashe, algunos gritan ‘olé, olé, olé’, otros ‘USA, USA’. El final es agónico. Un bramido sale de cada golpe del español. «Sigue positivo, sal a pegarle, que él te vea, aunque estés cansado», le grita desde su esquina Samuel López, su entrenador.Alcaraz ya ha demostrado en lo que va de US Open que puede jugar a un gran nivel, pese a la falta de ritmo. Pero lo de esta noche va mucho más allá: pone a su cuerpo al límite, en un partido de cuatro horas y media, que se alarga hasta pasadas las tres de la mañana.Todo parece perdido a mitad de set. Con 4-3 para Shelton, Alcaraz permite tres bolas de ruptura. Si el estadounidense logra alguna, solo tendría que conservar su poderoso saque para llevarse el partido. Pero el murciano las levanta. Tiene otra vida más.El dramatismo del partido solo permite que acabe con un ‘super tie break’, desempate a diez puntos. Es como la pelota que toca la cinta. Puede caer de un lado o del otro. Y lo hace a favor de Shelton, que se apoya, una vez más, en su tremendo saque. Encadena un saque a 233 kilómetros por hora, un segundo servicio al cuerpo que Alcaraz no puede controlar y un ‘ace’ a 235 kilómetros por hora que cierra el partido.El estadounidense se hace grande en el mejor partido de su vida. Alcaraz cierra con honor un regreso que se cierra con sufrimiento y épica.
Powered by WPeMatico