«Un ataque, una violación de la integridad territorial de España» . Así definió Pedro Sánchez la crisis migratoria de Ceuta, palabras duras y solemnes que comparan la entrada de 72.000 personas con una agresión al Estado. Sin embargo, ante un asalto de ese calibre, el jefe del Ejecutivo, refugiado en La Mareta, no convocó el Consejo de Seguridad Nacional —órgano que reúne al presidente con los ministros implicados en una crisis, y que sí convocó cuando se produjo la invasión rusa en Ucrania—, ni un Consejo Extraordinario de Ministros que hubiera permitido aprobar antes de finales de agosto el Real Decreto con las ayudas prometidas . Nueve ministerios tienen algo que decir en esta crisis: Interior, Defensa, Exteriores, Migraciones, Juventud e Infancia, Sanidad, Justicia y Política Territorial. Nueve carteras, y solo tres despachos activos para atender la emergencia en las primeras horas: Interior y Defensa. Exteriores estuvo, pero más preocupado en lo que decían otros de España, y Juventud e Infancia o Justicia se conectaron tarde. Por eso el retrato más fiel de este Gobierno no lo dan los que han hablado, sino los que ni están ni se les espera, como mínimo en el debate público.Empecemos por aquel cuya responsabilidad es la más directa sobre la futura reubicación de los menores inmigrantes no acompañados, ya que este trámite administrativo depende de las delegaciones del Gobierno. Ángel Víctor Torres , ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, es el encargado de activar el reparto solidario de los menores entre las comunidades autónomas, que actualmente ascienden a 1.342 niños . Sin embargo, repasar su cuenta en X estos días es contemplar toda su actividad como máximo encargado de estos menores. Desde hace más de una semana que se produjo la avalancha, se ha limitado a comentar que la «ciudadanía ceutí es acogedora, multicultural y abierta» frente a la «barbarie fascista» mientras pedía «unión frente a la división». A cuenta de los 25 millones de euros transferidos a la ciudad , a la espera que los ministros regresen de vacaciones, Torres quiso sacar pecho y alardear de que «con la modificación del art. 35 de la Ley de Extranjería podemos dar una respuesta humanitaria a esta realidad que nos interpela a todos y todas» y exhortó a que «todas las CCAA estén a la altura» cuando llegue el reparto de los menores. Ese momento ya ha llegado y el ministro de Política Territorial, como mínimo en público, todavía no ha dicho como se iba a hacer. Rego, una semana tardeLa ministra de Juventud e Infancia, que comparte competencias con Torres, llegó una semana tarde del comienzo de la crisis por el asalto de 72.000 personas a territorio español. Si del ministro Torres depende la activación del traslado, a Sira Rego le corresponde su atención y la de dotar a las autonomías de recursos financieros para hacerse cargo de ellos. La propia ministra aseguró este viernes que estuvo siguiendo la situación «de cerca» desde el comienzo, pero no dio señales de vida hasta este jueves que pisó territorio ceutí por primera vez. Una vez allí, ha intentado corregir su ausencia durante la primeras horas.Ya el viernes, confirmó la cantidad de 1.342 menores inmigrantes no acompañados , cifra que se queda lejos de los alrededor de 500 de los que hablaba el Ejecutivo en las primeras jornadas y de los más de 4.000 niños que han publicado diversos medios censados por los propios ciudadanos de Ceuta. Su departamento ha habilitado dos colegios, de momento, para acoger a más de un millar de personas. No obstante los calendarios planteados por la ministra, con reuniones a finales de mes con las autonomías y unos momentos tardíos para la ayuda económica extraordinaria, y la desatención de muchos menores todavía a día de hoy, dejan mucho que desear.Bustinduy Por otro lado, Pablo Bustinduy, ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, se encuentra desaparecido de la faz de la Tierra. Su departamento tiene mucho que decir respecto a las condiciones de vida de los migrantes que se agolpan en Ceuta y de una ciudad de 85.000 habitantes, donde no se cumplen los derechos más básicos, y que sus propios dirigentes han calificado como «desbordada». El Ejército se encuentra en las puertas de los supermercados ante la inseguridad que asola la ciudad. Muchos de los que llegaron desde el otro lado de la frontera viven en la calle, sin comida, sin higiene. En definitiva, sin respetar lo más elemental que merece un ser humano. Nada de eso ha merecido una palabra suya, cuya única actividad pública se ha centrado en «lamentar» la actuación de los socios europeos respecto a la crisis de Ceuta.García, seis tuits sobre AyusoLa ausencia de la ministra de Sanidad, Mónica García, también se prolongó una semana, como su compañera Rego. Ceuta tiene una singularidad que la distingue de cualquier otra autonomía española: es la única que no tiene la sanidad transferida, ya que depende en exclusiva del Ministerio. Lo cual, la responsabilidad sanitaria de una ciudad desbordada por la llegada de decenas de miles de personas procedentes de países con controles sanitarios mínimos —muchas con heridas abiertas durante la travesía— recae sobre su escritorio. Además, la propia ministra declaró este jueves que «no ha supuesto ningún problema» para la sanidad ceutí , lo cual ha resultado rotundamente falso ante una situación que ha obligado a los centros médicos, que han manifestado que «están al límite de su capacidad» , a cancelar todas las citas urgentes. García afirmó con total seguridad que ya se ha «vuelto a la normalidad» sin «ningún momento de colapso». Además, hasta que por fin decidió salir del ostracismo para dar una entrevista, García había publicado seis tuits en relación la polémica del ático de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, y solo uno en relación a lo que realmente entra dentro de sus competencias: «Gracias a su profesionalidad y predisposición se han podido coordinar las actuaciones para dar respuesta a una situación muy complicada». Situación que, más tarde, se encargó de calificar de tranquila, como nos hemos referido anteriormente. Por ahora no está previsto su viaje a Ceuta, como le piden los profesionales del centro sanitario, para a ver si así, en persona, sí comprueba el colapso asistencial.Bolaños, y la coordinación de todoEl ministro de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños, es el primero de esta lista que ha sido citado por el Partido Popular a comparecer en el Senado por las decisiones ha tomado. En concreto, sobresale el fulminante cese sobre la jefa de prensa de Seguridad Nacional, dependiente de su departamento, por publicar la cantidad de personas que habían cruzado la frontera de Marruecos para pasar a España. Una decisión que ha provocado el escándalo de los dirigentes populares clamando que «en este Gobierno, se castiga la transparencia para tapar la negligencia» . Su labor institucional, además, se ha limitado a eso y a una nota de prensa con datos erróneos, según los propios responsables del Instituto de Medicina Legal de Ceuta, que hablaba de reforzar unos servicios con más personal del que supuestamente hay. La comunicación personal del ministro, que se encuentra recargando «pilas para otro año intenso», respecto a Ceuta ha sido atacar a aquellos que han sido críticos con la gestión del Gobierno acusándoles de «hacer política con el odio, el racismo y la xenofobia» y que «desean un mundo inhumano y cruel». Desde su retiro vacacional sí está pendiente de la situación, como Sánchez, aunque como el resto está ausente en el debate público, sin entrevistas como suele ser habitual en él incluso en agosto.Marlaska y Robles, enfrentados por el CNIDe nuevo, dos ministros —Fernando Grande-Marlaska y Margarita Robles— de dos carteras de Estado, Interior y Defensa, que se encuentran entre la lista de citados por el PP para comparecer el 12 y el 13 de agosto en el Senado. Los populares solicitan su presencia debido a la existencia de los informes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y los servicios de inteligencia de Defensa revelados por ABC que advertían «de ese riesgo los días previos». Han de justificar la razón de «por qué sus ministerios permitieron la entrada ilegal» de los 72.000 personas provenientes de Marruecos.Es cierto que sí que han estado presentes, pero contradiciéndose en ese apartado por el cual han sido citados. Marlaska fue tajante repitiendo un discurso a la defensiva y plagado de falsedades: «No hubo ningún informe ni aviso ni comunicación de que lo acontecido pudiera pasar». Robles, preguntada hasta cinco veces por los periodistas, prefirió no pillarse los dedos — «no me van a pillar a mí en ninguna discusión» , repitió— sin negar de frente que existieran los avisos.Ante la impasibilidad de Marlaska, el propio presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, sostiene que avisó personalmente al jefe de gabinete de Sánchez, Diego Rubio, el lunes 27 de julio —tres días antes de la avalancha—, y que le dijo que «si en un día entraban 500 personas, en diez entrarían 5.000». La respuesta que recibió, según su relato, fue que «no se preocupase». Si el CNI hizo bien su trabajo, como defiende la ministra de Defensa, y si Interior asegura que nunca recibió ningún aviso, alguien tiene que explicar dónde se perdió esa información entre un despacho y otro. De momento una jueza ya ha ordenado a la Policía y la Guardia Civil que haga sendos informes.Saiz, desmentida por ella mismaLa propia portavoz del Gobierno y máxima responsable de Migraciones, y por tanto del fenómeno ocurrido y de la respuesta a más de 2.000 personas peticionarias de asilo que permanecen en Ceuta, Elma Saiz, salió a presuntamente despejar las dudas que surgían en torno a la existencia o no de los informes del CNI. En materia de inteligencia previa, en una misma comparecencia llegó a sostener que «no había ningún informe que alertara de esta magnitud» para, minutos después, reconocer que sí existía un informe sobre un repunte de llegadas. En esa misma comparecencia atacó a la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y cargó contra la oposición a cuenta del reparto de los menores.Además, Saiz es la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, y por tanto la responsable directa de los que pidan asilo llegados de Malí, Sudán y Senegal de los que el Estado debe hacerse cargo por sentencia del Tribunal Supremo. A diferencia de los niños, con ellos será el propio Gobierno el que tendrá que buscarles un lugar donde vivir y hacerse cargo de su manutención, sin que en un año se hayan producido avances en la creación de plazas. Sobre esa competencia apenas ha dado explicaciones más allá de anunciar los 25 millones destinados a menores, que por otro lado tampoco se aprobarán hasta el primer Consejo de Ministros a finales de agosto y que solo corresponden para los menores de edad. Albares, contra ItaliaJosé Manuel Albares, ministro de Exteriores, completa el cupo de los responsables políticos cuyo papel desempeñado genera muchas dudas. En una entrevista en TVE insistió en que el país africano colaboró «desde el primer momento» , a lo que el PP exige saber datos concretos en que consistió la «cooperación de Marruecos que tanto aplaudió en los días posteriores» de la entrada de esos 72.000 inmigrantes ilegales.Sin embargo, contra Italia no escatimó munición. Acusó a Roma de liderar una «internacional reaccionaria» que actuó con «mucha rapidez» y de forma «sincronizada» para «amplificar» la crisis y «difundir mentiras y falsas noticias» sobre España, después de que el Gobierno de Meloni pidiera la exclusión española del espacio Schengen. La acusación resulta paradójica en boca de un ministro cuyo propio presidente pedía, esos mismos días, una reunión de urgencia a los países de la Unión Europea por la gravedad de lo ocurrido en la frontera española. Por tanto, el PP también le llaman por este motivo: enzarzarse con el Gobierno italiano, aliado y miembro de la Unión Europea, «en vez de pedir explicaciones a Marruecos» como ministro de Exteriores ante una «invasión».Hasta 72.000 entradas en apenas dos días, una frontera desbordada y al menos 141 muertos en el intento de alcanzar la ciudad, según el recuento de Caminando Fronteras. La magnitud de la avalancha y el coste humano obligan a preguntar qué falló en la prevención y en la protección de la frontera española: una emergencia de semejante dimensión no puede despacharse como un simple episodio de presión migratoria ni con la explicación de que «no hubo ningún informe».Marlaska resumió el espíritu de todo el episodio cuando describió la entrada de 72.000 personas como «cosas que ocurren» . Feijóo respondió con la frase que mejor retrata el contraste entre el relato oficial y lo ocurrido sobre el terreno: «No se puede tapar la incompetencia acusando a las redes sociales mientras el presidente de Ceuta llevaba días pidiendo auxilio a gritos a Moncloa». Entre los que no aparecieron, los que lo hicieron tarde y los que se asomaron solo para contradecirse, la crisis de Ceuta ha tenido muchos protagonistas y «que no necesariamente tiene que haber una responsabilidad», como dijo el ministro de Interior.
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