¿Quién miente? Cruce de versiones, comunicados contradictorios y una fuga de información desde dentro. La gestión de la crisis de Ceuta se va complicando para Pedro Sánchez a medida que avanzan los días y este viernes se cobró la primera dimisión de un cargo público. Una salida que no supone una asunción de responsabilidades por los errores cometidos en la ponderación de la amenaza, sino una nueva vía de agua para Moncloa. Cada información que trasciende contribuye a estrechar el cerco sobre el Ejecutivo. El jefe de Gabinete del delegado del Gobierno en la ciudad autónoma presentó este viernes su renuncia con una carta que dinamita el relato que Moncloa había mantenido hasta ahora. La publicación de la documentación de Ceuta, que el presidente anunció como la maniobra de transparencia definitiva para imponer sus tesis exculpatorias, puso a Gonzalo Sanz en el disparadero y ahora él apunta al Gobierno.Sanz fue quien recibió un mensaje de WhatsApp de un miembro del CNI un día antes de la entrada masiva en la ciudad autónoma en el que le advertía de la existencia de grupos en redes sociales alentando el colapso de la frontera. «En RRSS hay un llamamiento para asalto por valla y mar mañana a las 20h», rezan los mensajes. « Tenemos información de un intento de entradas a nado y salto a la valla para mañana , día de la Fiesta del trono», se añade. «Hay dos grupos diferentes con un total de 180.000 seguidores. Para que te hagas a la idea del alcance de la difusión», terciaba a continuación. Horas más tarde, el contacto entre ambos se retomó con una llamada de once minutos cuyo contenido no ha trascendido. Al hacerse pública esta información, el delegado del Gobierno en Ceuta, Miguel Ángel Pérez Triano, se apresuró a señalar que no se le comunicó el contenido de sendas comunicaciones. Estas declaraciones dejaban en evidencia a su jefe de Gabinete, que ha decidido morir matando.En su carta, Sanz asegura que su salida se debe a la «evidente incompatibilidad» entre su versión, que es que sí transmitió al delegado ese mismo día su intercambio con el CNI, y las declaraciones de Pérez Triano en las que afirma lo contrario. «Cuando el CNI tiene una alerta, se hace un informe y se entrega en un sobre lacrado dirigido a los organismos competentes. Un wasap a un cargo menor no es un informe, sino un simple intercambio de información. De ser grave, el destinatario no hubiera sido ese cargo», despachó, alineándose con las tesis de Moncloa. Sin embargo, en su renuncia, Sanz deja otra carga de profundidad que apunta más alto y trasciende a su jefe directo. El que fuera mano derecha de Pérez Triano revela la existencia de «informes que demuestran la labor de aviso y alerta que se realizó desde Delegación del Gobierno hacia los distintos ministerios». Fuentes de Moncloa rechazan este extremo y señalan que ni el jefe de Gabinete ni el CNI elevaron esa información a sus superiores, una decisión que consideran que prueba que no le dieron la relevancia suficiente para hacerlo.Ceuta ha puesto en el punto de mira a Diego Rubio, jefe de Gabinete de Sánchez, que es quien pilotó la crisis desde le principioDe este modo, Sanz escala la responsabilidad por el conocimiento de los avisos directamente hasta Moncloa. Esta crisis está tensionando las estructuras del Gobierno por lo errático y rígido de la estrategia. El Gobierno no se mueve un milímetro de la tesis que instaló el primer día y es que la falta de previsión nace de un vacío de alertas. Incluso cuando la documentación publicada contradijo esta versión, en el Ejecutivo se mantienen en una posición de defensa numantina. No están dispuestos a hacer ningún gesto de autocrítica o mínima rectificación que permita vislumbrar el reconocimiento tácito de errores.Tal como publicó este diario, el malestar interno es evidente. Incluso dentro del propio Gobierno, donde para algunos cargos socialistas resulta incomprensible la maniobra de publicar informes que revelan que sí hubo avisos cuando públicamente sostienes lo contrario y aunque no se calibrara correctamente su importancia. En el punto de mira a nivel gubernamental se sitúa al jefe de Gabinete de Pedro Sánchez, Diego Rubio , que fue quien pilotó la crisis desde un inicio y quien marcó una dirección que varias fuentes definen, a todas luces, como equivocada.Cruce de versionesEl cruce de versiones de las últimas horas llega hasta la razón misma por la que Sanz ha abandonado su puesto en Ceuta. Mientras que él exhibe las mentiras del delegado como el detonante de su salida, el propio Pérez Triano comunicó que la decisión de prescindir de su jefe de Gabinete había partido de él. La gestión de Pérez Triano también está siendo muy cuestionada internamente y hay quien ve en su intento de querer hacer suya la salida de Sanz como una prueba de que necesita hacer saltar un fusible intermedio para evitar que le exijan a él la rendición de cuentas oportuna. Dentro del propio PSOE aseguran que el delegado del Gobierno conocía el contenido de las conversaciones que su mano derecha mantuvo con el CNI. En el PSOE aseguran que el delegado del Gobierno estaba al tanto de los avisos del CNI, pero Moncloa le sostiene por ahoraSin embargo, en Moncloa no dan muestras, por el momento, de retirar su apoyo a Pérez Triano. De hecho, sus versiones siguen fielmente alineadas. Desde la delegación del Gobierno se sigue insistiendo en que no se tuvo conocimiento, antes del 30 de julio, ni del contenido del mensaje de WhatsApp intercambiado entre el jefe de Gabinete y un miembro del CNI, ni de la existencia o contenido de la llamada telefónica mantenida entre ambos. También coinciden con el Gobierno central en asegurar que el CNI no realizó en ningún momento una estimación del número de personas que efectivamente se iban a movilizar, ni valoró la probabilidad de que la convocatoria llegara a materializarse; su comunicación se limitó a describir el tamaño de los grupos citados, despachan.La crisis de Ceuta, sin visos de reconducirse sobre el terreno, está convirtiéndose en un foco de desgaste inesperado para el Gobierno. La falta de credibilidad en la opinión pública y las grietas que están surgiendo en las filas socialistas están abriendo un boquete en la gestión de Sánchez de difícil resolución. Sus habituales maniobras de escapismo, señalando a enemigos externos, han resultado totalmente ineficaces en esta problemática en la que ha quedado en evidencia -incluso con la documentación aportada por el propio Ejecutivo- un vacío de decisiones y de asunción de responsabilidades por parte de Moncloa.
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