La exministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya , entre 2020 y 2021 evitó nombrar explícitamente a Marruecos en su explicación sobre la invasión que sufrió Ceuta los pasados 30 y 31 de julio, un episodio que considera un «ataque híbrido», según informa el Diario de Navarra. Durante una intervención en Pamplona, la antigua jefa de la diplomacia española lanzó una advertencia sobre las intenciones expansionistas del país gobernado por Mohamed VI. «Tenemos un vecino neoimperialista que quiere cambiar las fronteras a su voluntad», afirmó, en clara alusión a las reclamaciones del reino alauí sobre las ciudades autónomas.En un evento organizado en el Salón Pinaquy por la Fundación Diario de Navarra, con la colaboración de Equipo Europa, el Consejo Navarro Movimiento Europeo y Co.CiudadaNa para presentar su último libro, ‘Solos en el mundo’, la que fue titular de Exteriores analizó la entrada masiva de 80.000 personas en territorio español. Para la exministra, estos hechos no corresponden a una cuestión migratoria, sino a «la utilización de la migración como arma de guerra».Las palabras de la actual decana de la Escuela de Asuntos Internacionales de París (PSIA) cobran peso político por su experiencia directa al frente del ministerio que hoy ocupa José Manuel Albares. Durante su etapa al frente, González Laya tuvo que gestionar en primera línea la anterior gran fractura fronteriza con Rabat, enfrentándose a la incursión de unas 10.000 personas en Ceuta entre los días 17 y 19 de mayo de 2021. Aquella crisis, que precipitó finalmente su salida del Ejecutivo de Pedro Sánchez, guarda evidentes paralelismos con la actual emergencia.Aquel episodio de 2021 tuvo su origen en la decisión del Gobierno español de acoger al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, para ser tratado de coronavirus en un hospital de Logroño. En represalia por esta maniobra, gestionada directamente por el departamento de González Laya, Marruecos ordenó a su gendarmería relajar los controles fronterizos. Esta inacción permitió que, en apenas 48 horas, una avalancha de unas 10.000 personas —incluyendo a miles de menores de edad— cruzara a nado o a pie el espigón del Tarajal.El chantaje migratorio abrió entonces una brecha diplomática entre Madrid y Rabat. La magnitud de la crisis fue tal que Pedro Sánchez terminó sacrificando a González Laya en la crisis de Gobierno de julio de ese mismo año, entregando la cartera a Albares con el mandato expreso de reconstruir los puentes con Mohamed VI. Para lograr zanjar definitivamente aquel desencuentro, el Ejecutivo español acabaría ejecutando meses después un giro histórico al avalar el plan de autonomía marroquí sobre el Sáhara Occidental, abandonando décadas de tradicional neutralidad.
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