El campamento improvisado que rodea el Centro de Atención Temporal para Extranjeros (CATE) de Ceuta se ha convertido en la zona cero de las peleas y reyertas entre los miles de inmigrantes acampados en sus puertas con la esperanza de entrar en el edificio. Esta noche del lunes, los enfrentamientos a pedradas y botellazos entre inmigrantes de diferentes orígenes han alcanzado un nivel de violencia tal que han obligado a intervenir a los antidisturbios de la Policía Nacional para restablecer la «normalidad».
Los altercados en esta zona de campamentos de Ceuta arrancaron al anochecer, en muchas ocasiones alimentados por la ingesta de alcohol y las rencillas entre diferentes colectivos de inmigrantes, aunque en esta ocasión el nivel de violencia comenzó a aumentar hasta tal punto que la patrulla de la Policía Nacional se vio obligada a retirarse y pedir la intervención de los antidisturbios.
Tras momentos de tensión, los agentes frenaron la pelea multitudinaria y restablecieron cierta «normalidad» en la zona muy tensionada por los enfrentamientos entre los inmigrantes ilegales que quieren acceder a las instalaciones ya saturadas desde antes de la invasión del mes de julio.
Nueva «realidad estructural» de los ceutíes
Esta es la verdadera cara de la «realidad estructural» que, según Pedro Sánchez, deben asumir los ceutíes. Robos, peleas, drogas y alcohol que hacen imposible la vida para los ceutíes que habitan cerca de este gran asentamiento de chabolas y tiendas de campaña.
«Se roban entre ellos sus pocas pertenencias, así estallan las peleas como las de esta noche», apunta una fuente policial. En el enfrentamiento se usaron piedras, botellas y hasta fuegos artificiales. Se registraron heridos leves pero ninguna detención. «Si detienes por un asunto grave todavía es peor, porque se entorpece el proceso de triaje para la devolución a Marruecos de esa persona y comienza un proceso legal largo y costoso», apuntan fuentes que conocen bien la realidad de la zona.
Los inmigrantes ocupan nuevas playas
Entre tanto, gran parte de los miles de inmigrantes que estaban acampados en la Playa del Trampolín han comenzado a «colonizar» las playas cercanas, creando nuevos asentamientos de infraviviendas.
Ahora, a la Playa del Trampolín hay que sumar los asentamientos ilegales de la Playa de Benítez y la Playa de Calamocarro, ambas cercanas a la primera. Los inmigrantes llegados hasta allí aseguran a OKDIARIO que no están dispuestos a cambiar de emplazamiento. «No nos moverán hasta que llueva», mantienen.
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