El pasado mes de agosto, cumplido el primer semestre completo desde que empezara el conflicto en Oriente Próximo, los precios en España se incrementaron un 4,3% frente al mismo mes del año pasado . Así lo ha confirmado este miércoles el Instituto Nacional de Estadística (INE) con la publicación de la lectura definitiva del IPC, que avala los temores de aquellos que anticipaban un ‘shock’ de precios hacia el final del verano y que este sería más acusado en nuestro país que en el resto de la eurozona; en términos armonizados (un indicador que sirve para comparar entre países), el índice se situó en el 4,5% en nuestro país y el 3,3% de media en los países de la moneda común. La inflación subyacente, que elimina del análisis los elementos más volátiles de la cesta (energía y alimentos no elaborados) para ofrecer una fotografía más estructural de la evolución de los precios, cayó una décima hasta situarse en el 2,9% interanual, aunque hay pocas razones para el optimismo porque el estancamiento de la guerra en Irán está reforzando el potencial de la energía como correa de transmisión de la crisis al resto de la economía. Tanto es así que Estadística sitúa el transporte como el principal elemento que tiró al alza del IPC al anotarse una subida del 9,5% en el octavo mes del año , la más alta desde agosto de 2022, cuando el mundo acusaba las consecuencias de la invasión rusa de Ucrania en febrero de ese año. Si se toman por separado la gasolina y el gasóleo, los avances fueron del 16,9 y el 30,3% respectivamente. Aunque menores, la factura del gas natural y la electricidad también sufrieron escaladas sustanciales, del 4,4 y el 9,2% respectivamente. Un dato especialmente preocupante es el que ofrece la partida ‘combustibles líquidos’, que es como el INE llama al gasóleo para uso doméstico, pues este se anotó un alza interanual del 46,4% justo a las puertas del invierno, cuando los más de dos millones de hogares españoles que se calientan con este producto (según los últimos datos del INE, de 2021) se preparan para llenar sus depósitos. De nuevo, se trata de un incremento inusitado, más aun en este caso porque desde octubre de 2023 el gasóleo de calefacción venía experimentando bajadas sucesivas, en un ‘rally’ de minoración que se quebró de manera abrupta entre febrero y marzo de este año, cuando este capítulo de gasto pasó de un abaratamiento interanual del 10,8% a un encarecimiento del 22,9% en un espacio de apenas 30 días. Sea como fuere, lo cierto es que el golpe para las familias hubiera sido mucho más duro de no haberse aplicado los dos colchones fiscales que dispuso el Ejecutivo para paliar esta crisis, con un primer Real Decreto aprobado en marzo que incluía rebajas del IVA de la luz, el gas y los combustibles (pasó del 21 al 10% en todos los casos) y una segunda norma con medidas más quirúrgicas vigente a partir de julio con la que el Gobierno trató de satisfacer las demandas de la Comisión Europea, que había criticado las rebajas tributarias generalizadas por el temor a que espolearan el consumo y la inflación.Un ‘colchón fiscal’ menos mullidoSegún se desprende del IPC a ‘impuestos constantes’, un indicador del INE que permite conocer el avance que hubieran mostrado los precios de no haberse producido variaciones en su tributación, el primer esquema fiscal fue mucho más efectivo que el segundo, pues el mes pasado las rebajas impositivas le quitaron cuatro décimas a la inflación general, cuando en abril y mayo, la rebaja del IVA permitió una minoración de 1,2 y 1,3 puntos respectivamente, hasta dejar la inflación en el 3,2% interanual en ambos meses. Otro titular que deja la última oleada del IPC viene de la mano de los alimentos, pues la temida espiral alcista que los institutos de análisis anticipaban una vez empezaran a asentarse los efectos perniciosos del encarecimiento de los fertilizantes y el gasóleo agrícola ya está empezando a aparecer, aunque de forma moderada. En el octavo mes del año la cesta de la compra se encareció un 2,3%, una tasa siete décimas superior a la de julio, con especial protagonismo para los huevos, que subieron un 12,5%, los cítricos (+17,1%), las legumbres (+15,9%) y la carne de vacuno (+9,4%). A su vez, y ya fuera del capítulo alimentario, también merecen comentario aparte los encarecimientos de los equipos tecnológicos (ordenadores y tabletas), con un +14,9%, y la joyería (+24%).
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