Hígado y microbiota tienen más en común de lo que puede parecer a primera vista. El primero es uno de los órganos más importantes de nuestro cuerpo, encargado de digerir, depurar y mantener el flujo sanguíneo. La segunda reúne a los microorganismos que viven en nuestro cuerpo para generar un equilibrio que influye en nuestra salud.El hígado es imprescindible para numerosas funciones. Interviene en la digestión de los alimentos, ayuda a eliminar sustancias de desecho y produce, entre otras cosas, factores de coagulación necesarios para mantener un correcto flujo sanguíneo.Algo parecido ocurre con la microbiota. Cuando las diferentes especies de microorganismos conviven en armonía, forman parte del funcionamiento normal del organismo. Pero, cuando ese equilibrio se altera y aparece una disbiosis , pueden surgir diferentes síntomas y problemas de salud, como digestiones pesadas, hinchazón abdominal, gases o cambios en la frecuencia y consistencia de las heces.No son, pues, dos mundos aislados, sino que la alimentación y los hábitos cotidianos pueden afectar al funcionamiento de ambos. Y parece que el estilo de vida actual no lo hace positivamente.«Hemos normalizado un estilo de vida que va totalmente en contra de nuestra salud. Vivimos en un país mediterráneo que lo que tendríamos que hacer es la dieta mediterránea y no la hacemos», advierte la doctora Marta González-Corró , licenciada en Medicina y Cirugía, con posgrado en Psiconeuroendocrinoinmunología.El desayuno que protege el hígado y reequilibra la microbiotaLa experta pone el desayuno como ejemplo de esos hábitos que hemos incorporado a nuestra rutina casi sin cuestionarlos. «Te levantas por la mañana y te tomas un café o con unos cereales o con algo de bollería que es rápido, o con un sándwich de pan blanco con embutido », explica.Para ella, cambiar esa primera comida del día puede ser una oportunidad para introducir alimentos que, dentro de una alimentación saludable contribuyan al cuidado del organismo.Entre sus propuestas aparece un alimento tan accesible como la avena . La doctora, autora también del libro ‘Un hígado feliz’, recomienda reparar, por ejemplo, un porridge con agua o alguna bebida vegetal y acompañarlo de semillas, fruta y frutos secos. Este, desayuno, asegura, puede ayudar a combatir «esos picos de glucosa que disparan la insulina », uno de los problemas más comunes.«La avena además tiene betaglucanos , una fibra soluble que ayuda a ralentizar la entrada de glucosa y puede favorecer una mayor sensación de saciedad, con lo cual vas a tener menos hambre si haces ese desayuno hasta la hora de comer», expone.También sugiere poner «unas semillas de lino , con lo cual ya estamos añadiendo los lignanos , que son unos de esos fitoestrógenos que también tienen una parte de de omega-3». Las semillas de cáñamo serían otra buena opción por su alto contenido de proteína .Por su parte, la fruta juega un importante papel: «Le puedes añadir unos arándanos excelentes en polifenoles , unas frambuesas o alguna fruta y más, un mango , o papaya , que, si tienes problemas de estómago, te va a ayudar para para toda la mucosa gástrica también es excelente». Y el plato se puede completar con frutos secos como nueces, avellanas o pistachos.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Boticaria García, nutricionista: «El envejecimiento no es lineal. A partir de ciertas edades, tenemos un descenso de la energía»«Ese sería, por ejemplo, un desayuno que te iría bien para el hígado y la microbiota y te iría bien en general. Y si te apetece un café, te tomas un café o un té . Pero, por favor, que no sea de cápsula el café, que no sea torrefacto, que sea de tueste natural , concluye.
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