Al filo de las 8 de la mañana del 16 de septiembre de 2019, la vida de la familia de Boquete saltó por los aires . Con escasos minutos de separación, José Luis Abet disparó de muerte a su expareja (Sandra Boquete, 39 años), a la hermana de esta (Alba Boquete, 27) y a la madre de las dos (María Elena Jamardo, 58). Siete años después del triple crimen de Valga, nadie en esta localidad pontevedresa ha logrado olvidar uno de los peores pasajes de la crónica negra española . Todos sus vecinos recuerdan cómo la noticia corrió como la pólvora, con el pueblo todavía despertando, y los sobrecogió. Más aún cuando, reconocen, se empezaron a conocer los detalles de un plan perfectamente orquestado e ideado para causar el máximo dolor posible. Abet, confirmó la investigación que lo acabó condenando a la prisión permanente revisable, llevaba meses mascullando la muerte de su expareja , a la que afeaba que se hubiera quedado con la casa familiar, donde residía con sus dos hijos menores. Sus planes lo llevaron a adquirir una pistola en el mercado negro portugués, e incluso a contratar a un chamán. Un tipo peculiar que le prometió hacer magia negra contra Sandra, y que le cobró varios cientos de euros por sus conjuros. No contento con los resultados de estos rituales esotéricos, Abet le insistió y el brujo le dijo que debía hacerse con un camello para que sus deseos fuesen cumplidos . Pero en este punto el verdugo de Sandra ya había decidido que no podía esperar más a que los maleficios actuasen y que se tomaría la justicia por su mano. «Ya se acabó amigo, ya maté a las tres, jajaja, ya están las tres para enterrar. Ahora sí que ves, no hacen falta las veinticuatro horas ni camello ninguno hombre. Las maté sin camello, pues ya están las tres muertas, la madre, ella y la hermana . Ahora voy a pasar el resto de mi vida en el calabozo. Lo que Dios quiera» le escribió Abet a este brujo, según los mensajes a los que ABC accedió durante la fase de instrucción, justo después de cometer el crimen.Habían pasado pocos minutos desde que José Luis Abet había ejecutado a su exmujer, su excuñada y su exsuegra, delante de sus dos hijos pequeños, de 4 y 7 años en aquel momento. El colofón a un plan diseñado para que su víctima no tuviese opciones. Para impedir que Sandra saliese con vida de esa emboscada, su exmarido la esperó al terminar el turno de noche. Lo hizo pese a que sus compañeros lo vieron especialmente nervioso, a que les reconoció que iba a hacer «algo sonado» y a que alguno de ellos le recomendó, incluso, que pensara en su familia. «Te lo pido por favor, que tienes dos hijos, no seas así» le escribió un amigo al whastapp cuando ya era tarde. Una hora antes, a las 7.30 de la mañana, Abet envió un mensaje a la madre de sus hijos, amenazándola. «No sabes bien lo que hiciste» , le dijo antes de montarse en el coche y dirigirse hacia la casa donde Sandra y los pequeños estaban a punto de comenzar su rutina diaria. Tres asesinatos y una familia quebrada Abet contó a sus compañeros de trabajo que iba a hacer «algo sonado» apenas dos horas antes de cometer los crímenes. Su chamán fue la primera persona a la que le confesó los asesinatosAbet sabía bien que en media hora los tres se montarían en el vehículo de Sandra para ir al colegio, y él los estaba esperando en la entrada. Para garantizar que no tuviera escapatoria, bloqueó con su coche la salida del garaje, tal y como uno de los menores explicó más tarde a los investigadores. Sandra lo vio y tuvo tiempo de avisar a su madre de que José Luis estaba allí. Después, todo ocurrió de manera frenética y violenta. Él se acercó al coche en el que iban los pequeños y la madre y empezó a darle patadas. A continuación, le descerrajó cuatro tiros por la ventana del conductor, con los niños sentados en los asientos traseros . Los disparos dieron en la cara, en la sien y en el cuello de la víctima y fueron letales. Tras unos segundos desconcertantes los dos niños salieron del vehículo y se escondieron en un cobertizo que la vivienda tenía al final del jardín. Entrada de la vivienda de Valga en la que sucedieron los hechos. MUÑIZSu padre se montó de nuevo en el coche y arrancó, pero cuando estaba a punto de abandonar la vivienda se cruzó con la madre y la hermana de Sandra, que iban a su encuentro tras escuchar los disparos. Y no se lo pensó. Mientras la abuela le gritaba a los pequeños que se escondiesen, Abet empezó a caminar hacia ellas armado con la misma pistola con la que acababa de robarle la vida a Sandra. A María Elena le metió un primer tiro en el muslo y la remató en el suelo, desde arriba. Después fue a por Alba. Tres disparos certeros. Antes de escapar, se acercó a los pequeños y les soltó un «hice lo que tenía que hacer» . Dos vecinas, a las que miró desafiantes, lo vieron irse pistola en mano.De camino a la vivienda de su madre, en Ames, a unos 30 kilómetros de la escena del crimen, Abet se deshizo del arma del crimen y de la munición que le había sobrado. Durante ese trayecto envió varios mensajes, además del del chamán. «Dile a Moncho que me dé de baja [su jefe], no vuelvo más pero a esta gente la quité de delante . Lo siento mucho pero tiene que ser. Ya sé que a lo mejor te ponen a ti de malo y te pido perdón» le pidió a un primo. También hizo partícipe de lo que acababa de ocurrir a un vecino, al que le contó sin miramientos que «a estas tres ya las saqué de delante». Después llegó a la vivienda familiar y llamó a la Guardia Civil para entregarse. Cuando los agentes llegaron José Luis Abet los esperaba con las manos en alto.La detención, la misma mañana de la masacre, del hombre que había provocado semejante baño de sangre, despertó una ola de indignación y rabia en la comarca. Esos días se convocaron varias concentraciones y durante su paso a disposición judicial en los juzgados de Caldas, Abet recibió todo tipo de insultos de los vecinos de las fallecidas. Con su ingreso en prisión llegó el silencio y también el dolor de una familia a la que le tocó recomponerse por el bien de los niños, que habían visto a su madre, su abuela y su tía, morir a manos de su padre. Durante el juicio por el crimen, celebrado a puerta cerrada en marzo de 2023 , el acusado se negó a declarar. No contestó a ninguna pregunta, ni siquiera a las de su abogado. Los integrantes del tribunal ciudadano solo lo escucharon cuando, aprovechando el último turno de palabra, pidió un sucinto perdón. Tras una breve deliberación, este mismo jurado popular tuvo claro que Abet era culpable de los tres asesinatos, además de dos delitos de lesiones psíquicas causadas a sus hijos por esta imborrable escena y de tenencia ilícita de armas. La condena, una sentencia a prisión permanente revisable.Siete años después de esa dramática mañana de septiembre, la vida de Abet, de 47 años, prosigue inmutable entre los muros de la prisión de Mansilla de las Mulas. Fuentes próximas al caso explicaron a ABC que no tienen noticia de que en este tiempo se haya sometido a ningún curso de los que se le ofrecen a los agresores para intentar reconducir su conducta, o expiar su culpa. Nadie lo esperaba . A nadie le preocupa ya.
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