Allá donde esté, ‘La bola negra’ , película de Javier Calvo y Javier Ambrossi , será el centro de atención y de conversación. Lo fue en el pasado Festival de Cannes, donde ganó el premio a la mejor dirección (compartido con Pawlikowski, lo que es un grandioso honor para cualquier cineasta), y lo es ahora en San Sebastián, donde se proyecta como gran acontecimiento, y probablemente lo será en Hollywood, a donde en unos meses llegará con ambición de Oscar. Además, se estrena este próximo viernes, con lo que hay que tener cuidado para que escribir de ella no se convierta en una rutina. Se trata en esta crónica con pinzas para dejarle algo más de espacio ‘limpio’ para su estreno.’La bola negra’ atrapa, golpea, conmociona y hasta entusiasma: su historia realmente lo merece, la obra inacabada de García Lorca (en realidad, apenas empezada), la aventura creativa de sus directores para construir un relato trenzado en tres tiempos y que tiene tanto de homenaje al poeta como a un universo homosexual que, probablemente ya para siempre, representa. Hay buen cine y buena narrativa en la construcción de esta historia, ágil y ordenadamente contada a pesar de la constante mezcla de tiempos, ideas y personajes. Podría discutirse en ella algunos tramos, especialmente hacia ‘los’ desenlaces, en los que se intuye un exceso de énfasis en la intención poética, o lorquiana, y que se busque un exceso de melodía que podría considerarse reiterativa, o superflua. Pero los directores lo maquillan bien con una eficaz sesión de estética (las figuras heridas en la nieve y con voz en off siempre son infalibles o los cuerpos masculinos desnudos a la orilla del mar), que invitan a asumir el exceso.Tiene grandes momentos, los de Penélope Cruz, los de Lola Dueñas (¡magnífica, como siempre!), incluso la aportación serena y a tropezones con el idioma español de Glenn Close, y contiene mucha historia y drama lorquiano la presencia de Guitarricadelafuente, Miguel Bernardeau y Carlos González, probablemente el personaje que más le hubiera entusiasmado a Lorca. Y esta bola rueda y rodará durante los próximos meses.Más películasEn la competición oficial hay tres títulos por aquí a los que también hay que darles bola, el nórdico ‘Brace Your Heart’, el alemán ‘Krux’ y el argentino brasileño ‘Glaxo’. No da la impresión de que vayan a ir muy lejos, pero, las impresiones, ya saben, son el primer paso para meter la pata. ‘Brace Your Heart’ la ha dirigido Amanda Kernell y es una historia rara entre chupones de hielo y cuernas de reno que tiene la particularidad de no ser excesivamente interesante, como su joven protagonista, una chica y su lucha por mantener el rebaño de renos que heredó de su padre muerto. Para justificar un poco esa falta de interés, la historia incluye un asunto de abuso sexual y un romance sin demasiado recorrido. Tal vez dé para, en la próxima Navidad, sorprender al cuñado con alguna información sobre la sostenibilidad del reno en estos tiempos de cambio climático.La alemana ‘Krux’, que dirige Tony Vahl, propone un argumento de más calado: en un pueblo alemán, en los estertores de la Segunda Guerra Mundial y con los nazis ya buscando agujeros donde meterse, se acepta la idea lanzada por los cerebros del movimiento de que hay que arrasarlo todo, incluso ellos mismos y sus hijos. Como hay verdad e historia en ese asunto, conmueve ver la animalidad de aquellos dirigentes y aquellas pobres gentes, pero el director no consigue ni un poquito que su película no se desvanezca entre metáforas groseras, simbolismos pobretones y evidentes intentos fracasados de conmocionar con imágenes e ideas obvias. Había algo que contar, y más o menos se cuenta, pero con qué poco salero.La argentino brasileña, ‘Glaxo’, de Benjamín Naishtat , que ya ha ganado premios en San Sebastián con anteriores películas, como ‘Rojo’ o ‘Puan’, cuenta una pasional historia de amor, amistad, traiciones y necesidad de venganza en una pequeña localidad argentina, y ocurre también en varios tiempos, que, como es Argentina, siempre son convulsos socialmente. Los protagonistas son cuatro amigos, primero jóvenes y luego mayores (como todo el mundo), una mujer fatal (Lali Espósito es el auténtico candelabro de la historia) y un tipo sórdido y desalmado que interpreta Marcelo Subiotto, y como siempre bien. Hay clima, atmósfera, ambientación y algunos detalles de gusto narrativo, todo sin exagerar.
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