Las personas que consultan a la IA en el trabajo antes que a un compañero no lo hacen, según la evidencia, porque duden más de sus propias capacidades que el resto. La explicación tiene más que ver con el contexto en el que se toma esa decisión: a quién se le pregunta, qué se arriesga al preguntar y qué consecuencias sociales puede tener equivocarse delante de otra persona.
Dicho de otra manera, parece que no es un problema de autoestima, sino de cálculo social, casi siempre automático e inconsciente. Y ese cálculo cambia por completo en cuanto quien está al otro lado de la pantalla deja de ser un jefe o un compañero de oficina. Ahí es donde entran en juego los estudios de psicología organizacional que explican el fenómeno con detalle.
¿Por qué las personas que consultan a la IA en el trabajo no lo hacen por inseguridad?
La explicación con más respaldo científico llega de un estudio de la Universidad de Zhejiang (China), publicado en julio de 2026 en la revista Scientific Reports y firmado por Shiqi Wang, Xiaoling Sun, Suhang Ni, Mingzheng Wu y Kexin Hu.
A través de tres experimentos distintos, el equipo comparó la disposición de los empleados a dar opiniones sinceras a un líder humano frente a un líder puramente algorítmico.
¿El resultado? Pues fue consistente en los tres casos: los empleados se mostraron más dispuestos a hablar con sinceridad cuando el líder era un algoritmo, sobre todo en tareas cognitivas como tomar decisiones, evaluar el rendimiento de un proyecto o repartir recursos entre equipos.
En cambio, con tareas de corte más emocional, esa diferencia desaparecía por completo, algo que sugiere que el efecto tiene que ver con el cálculo social y no con las emociones en sí mismas.
La ausencia de juicio social, la verdadera explicación detrás del fenómeno
La propia explicación de por qué ocurre esto la resume con claridad la neurocientífica Laura Bilbao Broch, en un análisis publicado en Psychology Today sobre este mismo estudio llamado «Un algoritmo no tiene esas mismas relaciones sociales con sus empleados».
Ese detalle, aparentemente obvio, es justo el que cambia por completo el cálculo mental de cualquier trabajador antes de hablar.
Un jefe recuerda, comenta con otros mandos, evalúa el desempeño anual y puede, sin quererlo, guardar cierta impresión de quien hace una pregunta que suena a duda o a error.
Por su parte, un algoritmo no arrastra ese historial social. Es decir, no cuenta la anécdota en la máquina de café ni la tiene en cuenta en la próxima subida de sueldo.
Otro estudio confirma que las personas que consultan a la IA en el trabajo ganan confianza, no la pierden
Si la teoría de la inseguridad fuera cierta, cabría esperar que usar mucho la IA debilitara la confianza de un empleado en sus propias capacidades.
Un estudio publicado en la revista Behavioral Sciences, firmado por Zhiyong Han, Guoqing Song, Yanlong Zhang y Bo Li, encontró justo lo contrario, un hallazgo que contradice directamente la idea de que preguntar a una máquina es un síntoma de debilidad profesional.
Con un seguimiento de 442 personas durante varios meses, los autores comprobaron que el uso de la IA en el trabajo aumenta la autoeficacia percibida, es decir, la confianza de cada empleado en su propia capacidad para resolver problemas, y esa mayor confianza se traduce, a su vez, en más disposición a asumir riesgos calculados en el trabajo.
El propio estudio recuerda un dato de contexto que explica por qué esto importa cada vez más: según una encuesta de McKinsey de 2024 citada por los autores, el 72% de las empresas ya había integrado alguna herramienta de inteligencia artificial en sus operaciones, una cifra que en 2026 es, con toda seguridad, todavía mayor.
¿Qué significa esto para las empresas y para quienes las dirigen?
La pregunta que se desprende de todo esto no es tanto por qué la gente confía en la IA, sino qué dice del ambiente de trabajo el hecho de que a veces resulte más fácil ser sincero con un algoritmo que con la propia jefatura.
En este sentido, la propia Bilbao Broch lo plantea sin rodeos con una pregunta contundente en su artículo: «¿Qué significa que los empleados se sientan más cómodos siendo honestos con un algoritmo que contigo?».
Dicho todo esto, ni el estudio de Zhejiang ni el de autoeficacia sugieren que haya que sustituir a los mandos por chatbots.
Lo que sí dejan claro es que la seguridad psicológica (la posibilidad de hablar sin miedo a pagar un coste social) influye más en la decisión de a quién consultar que la propia confianza que cada uno tiene en sí mismo.
Powered by WPeMatico