A sus 62 años, Brad Pitt continúa sorprendiendo por su estado físico y por una imagen que apenas parece haber cambiado con el paso del tiempo. Detrás de su aspecto no existe una fórmula milagrosa, sino años de disciplina, entrenamiento y una alimentación adaptada a las exigencias de cada personaje. A lo largo de su carrera, el actor ha transformado su cuerpo en numerosas ocasiones. Una de las más recordadas fue su preparación para El club de la lucha, donde consiguió un físico extremadamente definido. Según Damon Caro, coordinador de acrobacias de la película, «es un fenómeno genético. Brad tiene la capacidad de hacer lo que quiera».
Para aquel papel, Pitt combinó el entrenamiento con pesas con una restricción de calorías para conseguir una apariencia especialmente delgada y musculada. Caro explicó que el actor «se puso delgado» mientras continuaba ejercitándose y levantando peso, hasta alcanzar una definición física que se convirtió en una de las más icónicas de Hollywood.
Sin embargo, para interpretar a Aquiles en Troya, el objetivo era completamente diferente. Pitt necesitaba ganar volumen y desarrollar especialmente la espalda, los hombros y los brazos. Para conseguirlo trabajó con el entrenador Duffy Gaver, quien resumió su estrategia de una manera muy clara: «Si realmente quieres tener un buen físico, mi opinión es que necesitas una buena espalda gruesa, unos hombros decentes y unos brazos decentes».
El entrenamiento incluyó numerosos remos con mancuernas y ejercicios destinados a aumentar el volumen de la espalda. Pero el ejercicio era solo una parte de la transformación. La alimentación desempeñó también un papel fundamental. La dieta de aquella época se hizo famosa por su enorme sencillez. Gaver recordó entre risas que «la gran broma era ‘Pollo, brócoli, arroz integral’». La combinación llegó a convertirse en una anécdota recurrente entre el actor y su equipo. Meses después, cuando algunas personas mencionaron el nombre de su entrenador, Brad Pitt respondió rápidamente: «Sí, brócoli, arroz integral».
Con los años, Brad Pitt también ha cambiado su manera de entrenar. Para interpretar a Cliff Booth en Érase una vez… en Hollywood, recurrió a artes marciales y un sistema de preparación que su entrenador describía como «yoga para el combate». El objetivo era mejorar no sólo la fuerza, sino también la movilidad, la coordinación, el equilibrio, la resistencia y la concentración.
En cuanto a sus hábitos diarios, el actor ha hablado con humor de algunas de sus bebidas favoritas, entre ellas el té verde matcha, el zumo de arándanos y el agua con gas. Precisamente al hablar de esta última combinación protagonizó una de sus declaraciones más llamativas: «Tengo el tracto urinario más limpio de todo Los Ángeles, te lo garantizo».
Pero, Brad Pitt también relaciona el bienestar con una cuestión mucho más profunda: la capacidad de aprender de las dificultades. En una reflexión sobre su filosofía de vida aseguró: «Para mí cada paso en falso ha sido un paso hacia la epifanía, la comprensión, algún tipo de alegría».
Y añadió una frase que resume su manera de afrontar los obstáculos: «Evitar el dolor es un verdadero error. Es la verdadera pérdida de la vida». Así, la imagen de Brad Pitt a los 62 años es el resultado de décadas de entrenamiento, alimentación disciplinada, adaptación física y una mentalidad enfocada en seguir aprendiendo. Y, entre dietas estrictas, artes marciales y hábitos saludables, el actor mantiene intacto su particular sentido del humor:
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