Vaya por delante: para mí, las dos acciones más polémicas del derbi del Metropolitano son rojas claras , tanto la del Cuti Romero con Bellingham como la de Kang-in Lee con Valverde. Pienso, por tanto, que el partido podría haber sido otro muy distinto, o mejor dicho, el resultado, y que el Madrid tiene todo el derecho del mundo a expresar su enfado con el árbitro , el VAR y el CTA. La rueda de prensa de Mourinho no me parece ni histórica, ni grave, ni especialmente brillante. Dicho queda, escrito está. Ahora vamos con lo que, a algunos, o incluso a muchos, no les va a gustar tanto. El Real Madrid es, ahora mismo, división, desunión, discrepancia, polarización. No hay paz en el Madrid. No la hay porque esa guerra que libran contra el resto no oculta la que existe en el seno de una afición desencantada con muchos de sus jugadores, con Mourinho y por supuesto con su presidente, Florentino Pérez. No es que todo esté mal, es que todo podría estar mucho mejor. Centrar en los arbitrajes los males de este club es ser un ciego ante algo que viene de muy atrás. El Madrid del Metropolitano fue casi lo mismo en el campo cuando tenía once jugadores que cuando se quedó con diez. El Madrid que le ganó al Inter fue eso, pero ganando, nada más. Y así lleva siendo dos años. Vienen semanas duras. En la tele oficial, que es el diario ‘Gara’ del ultraflorentinismo, piden abandonar las competiciones nacionales. Denuncian que no les ponen repeticiones y resulta que, en el derbi, como es lógico, vimos de manera clara y al momento esas dos entradas mostradas desde todos los planos posibles. Una vez más, el mundo está contra el Madrid. Todos están contra el Madrid. Hasta el que desde un despacho de protocolo del Atleti tuvo la idea, o el compromiso, de invitar al palco a Enrique Riquelme , una especie de anticristo que saca lo peor del séquito de Florentino. El conmigo o contra mí de toda la vida. El Madrid renovó a Vinicius, se gastó 140 millones en Diomandé, dejó que Rodri fichara por el Barça y no buscó a nadie que ocupara ese puesto en el centro del campo, apostó por un entrenador a imagen y semejanza de su presidente, tiene a M’Bappé más preocupado por su balón de oro que por el juego del equipo, se metió en un lío social con las camisetas de Elche… pero resulta que toda la culpa la tiene el sistema y Ortiz Arias. Pues no, este árbitro quizá es el culpable de perder el derbi, pero no de todo lo demás. Este derbi nos ha teletransportado a la primera etapa de Mourinho, hace 16 años. Mismo relato, distinta época. La hoja con las fotos, los penaltis que le pitan al Barça y al Atlético, las sospechas de manipulación. Y con todo, el presidente cabreado porque Riquelme está en el palco. Una guerra permanente.
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