La segunda llegada de José Mourinho al Real Madrid coincidió con el estreno en España de un documental sobre su carrera. Con un formato de miniserie de tres capítulos, recorría los momentos álgidos del portugués en los banquillos, salpicados por un sinfín de polémicas derivadas de su fuerte carácter. Sin embargo, el Mourinho que aterrizó en la capital de España para hacerse cargo por segunda vez del banquillo blanco nada tenía que ver con esa imagen. Por la ciudad deportiva de Valdebebas apareció un sexagenario sonriente, cercano y capaz de desgranar las líneas maestras de su librillo en un tono casi didáctico .Esta versión ‘zen’ de Mourinho sorprendió a madridistas y rivales por igual. Que el club recurriese al luso como remedio a dos años sin grandes éxitos y un vestuario viciado se entendió como un ‘electroshok’. Un técnico veterano, con mucha experiencia y carácter suficiente para no dejarse avasallar por nadie, como medicina para los evidentes males del equipo. Por eso la reposada versión del que fuera bautizado en Inglaterra como ‘The Special One’ chocó tanto de inicio, aunque siempre permaneció latente la sensación de que los primeros vaivenes de su proyecto arrancarían la máscara al Doctor Jekyll para mostrar al viejo Mister Hyde . Lo confirmó el propio Mourinho, que en sus primeras comparecencias reconoció que el buen trabajo y la disposición de sus pupilos en la pretemporada estaban «protegiéndole» de su versión de «líder agresivo». «Diría que tengo el mismo ADN. Obviamente, no puedo esconder o intentar ser lo que no soy. Tengo mucha más madurez, soy menos emocional y más controlado. Como siempre, aprendiendo con errores. Pero no arrepintiéndome de esto o de esto otro, porque pienso que en la vida el arrepentirse de algo que ha pasado no ayuda a nada. Aprender con las experiencias, sí», se definía el luso en una de sus primeras entrevistas.Siete jornadas de Liga y una de Champions después, esa versión autocontrolada acabó cediendo terreno al viejo ‘Mou’, que tras ver el perjuicio arbitral que sufrió su equipo en la primera parte del derbi ante el Atlético de Madrid sacó su cara más beligerante en la sala de prensa del Metropolitano, mostrando incluso un folio con imágenes de las dos rojas invisibles para Ortiz Arias. Ya había habido algún pellizco más o menos velado a los árbitros por decisiones controvertidas en jornadas anteriores, pero este domingo por primera vez el técnico luso se quitó el freno de mano.El CTA y Negreira«Un árbitro que a sus 41 años no es internacional no será un gran árbitro… y el pobre no ha podido con la presión . Y después el señor Trujillo, el del VAR, le ha llamado a la primera roja y no a la segunda, que es todavía más grave. Tiene un historial muy rico ante el Madrid», se despachó ante los medios. «¿Negreira está o no está? No está, ¿no? Entonces no creo que esta Liga esté manchada por él, pero espero que nos dejen en paz y tranquilos y competir en igualdad de condiciones . No quiero decir que esto estaba preparado, quiero pensar que simplemente se han equivocado, como nos equivocamos los entrenadores», agregó en unas imágenes que se asemejaron mucho a las de sus célebres ruedas de prensa señalando a árbitros o preguntándose por qué motivos se veía favorecido el Barcelona por los colegiados. Lo que no hizo Mourinho, amparado en estas quejas, fue analizar el fútbol de su equipo, muy pobre en el Metropolitano , si bien destacó su «orgullo y determinación». Con el largo parón de selecciones al técnico blanco se le presenta ahora un oportunidad para hacer autocrítica, un análisis profundo y corregir el rumbo de su equipo, que ha perdido dos de los ocho partidos que ha disputado este curso y está ya a seis puntos del Barça en la Liga .Muchos aficionados merengues se alegraron este domingo de ver a un ‘Mou’ peleón en la sala de prensa, defendiendo a su equipo y su club, pero cuando se ilusionaron con su regreso fue principalmente por su capacidad para conseguir sacar lo mejor de sus jugadores y hacer ultra competitivos a sus equipos. Tras la segunda derrota del curso, dolorosa por ser ante el vecino, el portugués está ahora bajo la lupa, a la espera de lo que pueda hacer a partir del 10 de octubre, cuando acabe el parón internacional y el equipo vuelva al terreno de juego. Quizás le toque tomar ya algunas decisiones difíciles y gestionar los posteriores terremotos que estas puedan generar.
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