Reunir decenas de miles de euros no es tarea fácil para nadie, y menos si el objetivo es financiar una batalla en los tribunales. Este es el reto que se ha propuesto José Oriol Aragón, un mallorquín de 55 años con tres décadas de experiencia en el sector industrial y de mantenimiento, que ha decidido recurrir a la solidaridad a través de internet para cubrir los costes de un enredo judicial en el que anda metido junto a su hermano.
El lío viene de lejos, concretamente de antiguas actividades empresariales de la familia. Para salir del paso, Aragón explica que necesita a un buen equipo de abogados que se meta de lleno en una montaña de papeles acumulados durante años, como contratos, facturas, emails y un largo etcétera. Aunque aclara que no pretende escaquearse de nada si le toca asumir responsabilidades, asegura que la única forma de dar su versión y defenderse como toca es teniendo a un especialista que entienda todo ese papeleo.
El detonante para pedir ayuda pública fue el golpe de realidad al ver la factura de los servicios legales. En septiembre de 2025, un despacho le presentó un presupuesto proforma de 12.100 euros solo para arrancar con el caso. Para acallar a los más escépticos, el propio afectado ha compartido una copia de ese documento con los datos personales tapados, pero dejando bien a la vista el sello del bufete y el abultado importe.
Como la financiación bancaria no es una opción y la cuenta corriente no da para pagar semejante suma de golpe, la meta final del bote se ha fijado en 45.000 euros. Esta cantidad serviría para costear la defensa completa, desde las alegaciones y recursos hasta los posibles gastos de procuradores y peritos que puedan ir saliendo por el camino.
Lo peor es que el marcador de la solidaridad avanza despacio. La campaña, lanzada a través de la plataforma de micromecenazgo WhyDonate, refleja la cruda realidad a la que se enfrenta. Y es que el contador sigue congelado a cero euros y ni una sola persona ha hecho aún una aportación.
Consciente de que pedir tanto dinero puede impresionar, Aragón intenta poner de su parte y promete arrimar el hombro poniendo 500 euros al mes de su propio sueldo mientras dure el proceso. Además, se ha comprometido a ir contando a los donantes cómo va el asunto y en qué se gasta cada euro.
Para alcanzar esa cifra tan ambiciosa, confía en la teoría de que «muchos poquitos hacen un mucho». Sus cuentas son claras: si 900 personas ponen 50 euros, el objetivo estaría cumplido. Y si el bolsillo no da ni para eso, asegura que con compartir el enlace en redes sociales para que la historia ruede por internet ya le echan un cable enorme para intentar empezar de cero.
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