Da igual si Sánchez decidió no acudir a la comparecencia de Trump en la ONU o fue el presidente americano quien no convocó al español, sólo son amagos tácticos entre dos semejantes, igual de reacios a la limitación de su conducta. Da igual que jueguen a ser supuestos adversarios cuando les une el apoyo a una dictadura; Delcy Rodríguez es el eslabón entre ambos. Justo en el momento en el que impedían a María Corina Machado volver a Venezuela como líder democrática, la presidenta chavista recorría media asamblea de Naciones Unidas para inmortalizar su encuentro con Pedro, su otro príncipe. Mucho esfuerzo, más de cuarenta metros recorridos para coger al presidente español por la espalda , con tan pocas ganas de saludarla que casi ni se levanta del asiento, para una conversación de diez segundos. Trump ha convertido Venezuela en una colonia a fin de quedarse con su petróleo, con formas parecidas a aquel «expropiese» de Hugo Chávez; para Sánchez Venezuela representa un pasado tan reciente como inconfesable, con las supuestas comisiones del dichoso petróleo como una pistola humeante que ya ha dejado dos muertos en la calzada, Ábalos y Zapatero. Y la ironía de si será Trump el que impida que se conozcan las pruebas contra el sanchismo.
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