La mañana se prometía aburrida. Con Pedro Sánchez en Nueva York, en la Asamblea General de la ONU, la sesión de control pintaba aburrida. El plato fuerte, el cara a cara del presidente del Gobierno con el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, desaparecía del menú. Santiago Abascal, jefe de filas de Vox, ni siquiera estaba en el hemiciclo, así que se ha perdido el aderezo que ha levantado de sus asientos a sus señorías: el gas pimienta. La diputada del PP Ana Vázquez, en su pregunta al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha mostrado un bote para denunciar el miedo que atenaza a las mujeres ceutíes desde la invasión migratoria de los días 30 y 31 de julio. Minutos después, la presidenta del Congreso, la socialista Francina Armengol, le pedía que abandonase el salón plenario para dejar el «arma» fuera de él. El lío ya estaba montado.Nuestra redacción está trabajando para ampliar la información
Powered by WPeMatico