Un susurro recorre San Sebastián desde el domingo. «Lo han visto asomarse a esa ventana»; «le han pillado visitando la zona del Peine de los Vientos»; «ha cerrado un restaurante para ir solo con Orlando Bloom». El susurro se ha extendido hasta la mañana de este miércoles : «Dicen que tiene 62 años, pero no lo parece», comentaba una mujer con risa canalla a otra amiga en la puerta del Kursaal. Al otro lado del edificio, cientos de personas metían codo para poder ver algo del interior a través de los grandes ventanales. El susurro se convirtió en un grito cuando apareció por fin. Es, claro, Brad Pitt, la mayor estrella de esta 74 edición del Festival de San Sebastián, uno de esos nombres que congregan multitudes aunque él no albergue más que un actor que vino aquí a presentar una película, ‘En el corazón de la bestia’.Al poco de comenzar la rueda de prensa, ya le preguntaron por los planes que había tenido en este regreso a la ciudad 17 años después de su anterior visita, con ‘Malditos bastardos’. «Es una ciudad tan bonita… El lunes pude ir a la playa y ver arte maravilloso, las esculturas de Chillida que es mi escultor favorito… Y he comido muy bien», dijo. Parece que está disfrutando la ciudad porque su planning poco tiene que ver con el de su exmujer, Angelina Jolie, que durante su visita el año pasado apenas llegó a pasar 24 horas en estas calles. Brad Pitt, desde el edificio Kursaal, observando a la gente que se acercó a las cristaleras para verlo EFESi Brad Pitt ha podido disfrutar de esta semana bajo el sol de la costa vasca es gracias a una película en la que interpreta a un soldado que regresa a casa con heridas físicas y mentales y solo está acompañado por un fiel perro, también veterano de guerra. Una película que dirige su amigo David Ayer (con el que el rodó ‘Corazones de acero’) y en la que Pitt también es productor. «Es una historia de supervivencia pero sobre todo es una historia de amor. A mí personalmente… Creo que podríamos escucharnos mejor y sobrepasar las líneas que nos dividen. ¿Por qué no cuidamos a las personas que están a nuestro alrededor? Si todos hiciéramos eso el mundo sería un lugar mejor», dijo el actor. Antes había hablado de cómo aprendió en el rodaje que de los ejercicios de supervivencia hay que aprender «a sufrir pérdidas y a atravesar el dolor». «Se parece a la vida, tienes que luchar para llegar al siguiente punto positivo», añadió. Hay que hablar más de lo que ha rodeado la estancia de Brad Pitt en San Sebastián que de lo que ha dicho en los poco más de 20 minutos de rueda de prensa. Apareció vestido con chaqueta vaquera, camisa blanca y corbata naranja, un poco con los aires de su personaje en ‘Érase una vez… en Hollywood’, de Quentin Tarantino, del que ya ha rodado el ‘spin-of’ dirigido por David Fincher titulado ‘The Further Mis-Adventures of Cliff Booth’. Y como no podía ser menos, claro, aprovechó para agradecer el trabajo de su doble de acción de esta ‘En el corazón de la bestia’. No se quitó las gafas de sol doradas de cristales casi transparentes y, al terminar el encuentro, firmó autógrafos a algunos de los que entraron a la sala de prensa, llena hasta la bandera como no se recuerda. Muchos de los ‘informadores’ estaban más preocupados del autógrafo que de tomar notas. Y las preguntas se repitieron en torno a la relación de Brad Pitt con el perro protagonista (llamado Uber) y cómo fue rodar con él. Estaban algunos más preocupados de quedar bien en el clip para sus redes sociales que en preguntar algo diferente a un actor y productor cuyos encuentros con la prensa son limitadísimos y sus reflexiones, siempre interesantes.Apenas hubo un destello de eso, de periodismo cinematográfico, cuando le preguntaron por la situación del cine de clase media, ese en el que la vieja estrella de grandes ‘blockbusters’ sigue brillando y en la que, como productor, no ha dejado de invertir. «Diría que por supuesto ha habido grandes cambios con el ‘streaming’ y la consolidación de estudios de Hollywood. Lo que más me gusta del momento es que hay más oportunidades para trabajar para los técnicos y los equipos y por eso tenemos más historias y más talento trabajando», aventuró. Se puso su faceta de analista cuando habló de cómo el público había caído en las salas tras el Covid y de cómo se estaban recuperando. «Las películas son muy caras de hacer, pero ahora casi todas las grandes películas están recuperado su dinero. Es diferente para las películas independientes con presupuestos de 30, 50 o 80 millones que lo han pasado peor para financiarse y hacerse; películas como esta nuestra. Esto es porque es difícil que los estudios recuperen la cantidad del presupuesto mediano… pero espero que estas películas tengan una vida, porque es donde estoy yo, en esas películas». Sabe de lo que habla porque ha firmado 101 películas como productor, según IMDB, con títulos tan alejados a lo que el gran público espera de él como ‘Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma’, ‘La voz de Hind’ o ‘Minari. Historia de mi familia’. Brad Pitt, este miércoles en San Sebastián, donde ha sido la estrella absoluta de la jornada y de todo el festival EFE y EPEntre medias, las preguntas repetidas sobre cómo ha sido trabajar con el perro que él despachó con el oficio de una verdadera estrella. Porque Brad Pitt sabe muy bien manejarse en estas lides. Y porque lo importante estaba fuera, en las calles de una soleada mañana de miércoles donde cientos de personas esperaban verlo en la distancia. Esta noche, durante la alfombra roja, se espera una aglomeración poco vista en un miércoles de festival. Pero es que pocas estrellas brillan tanto como la de Brad Pitt. Diga lo que diga. Incluso aunque no diga nada.
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