Nacho solo los miró. Esa fue condena. Observar a tres extraños con pinta de africanos en su barrio le costó la vida. Vestían la típica moda de narco joven de bandolera cruzada. Lo que eran. Sentado en una escalinata, Nacho los miraba, extrañado. ¿Qué hacia esa gente en Barcenillas? ¿Qué pintaban en la Barrio de la Victoria de Málaga? Nada. Solo estaban de paso. La única relación con el lugar era un piso turístico alquilado por una aplicación móvil. Un lugar anónimo donde pasar desapercibidos en la Costa del Sol. No eran del barrio. Y por eso Nacho los miraba, hasta que en su paranoia persecutoria los narcos atacaron y lo mataron a tiros. Creyeron que el joven asesinado era un sicario. Delirios de su psicosis cultivada en el extrarradio de Malmö, la ciudad sueca de los sicarios. Esa calles no eran las de Malmö, sino las de Málaga, pero ante sus propios miedos los tres narcos suecos de origen somalí mataron a Nacho. Sobre las 11.40 del viernes 18 de septiembre apretaron el gatillo contra aquel chaval de 20 años. Recibió varios impactos de bala en la pierna y la espalda. Malherido, se refugió como pudo en el supermercado para pedir ayuda. Cayó desplomado en la puerta del establecimiento, con medio cuerpo en la calle. Los clientes y cajeros intentaron socorrerlo a la espera de la ambulancia, pero todos los esfuerzos fueron en vano. «No sé por qué me dispararon. No he hecho nada» , dijo a los que lo socorrieron. Finalmente, murió en el hospital tras ingresar muy grave en la Unidad de Cuidados Intensivos. Por un delirio. Víctima de la paranoia de aquellos que viven bajo el silbido de las balas. En el infierno de Malmö donde reinó Mehki, uno de los asesinos más temidos que han pasado por la Costa del Sol. «A los suyos le temblaba la voz cuando hablaban de él», reconocen los que lo investigaron al jefe de los sicarios que mataron a un narco en la comunión de su hijo en Marbella y otro ceutí en Estepona cuando volvía a casa. Narcos de una Suecia con sus calles ensangrentadas. El país registró el año pasado 84 homicidios por ajustes de cuentas, 42 de ellos con armas de fuego. Desde 2016 se han registrado casi 2.800 tiroteos, con 385 muertos y 930 heridos. La mayoría de los tiroteos y explosiones están vinculados a conflictos entre redes criminales, clanes familiares o grupos organizados de la droga, la prostitución, los robos, el blanqueo y la extorsión. La Policía sueca tiene identificados al menos a 40 clanes de origen kurdo, somalí, balcánico, turco y de procedencia árabe que se matan entre ello. Y que extrapolan sus rivalidades a lugares como la Costa del Sol. La mayoría de estas mafias encuentran a sus pistoleros en los suburbios de Malmö.Y de ahí salieron los tres asesinos. De ese infierno donde la vida se dirime a balazos, en medio de una psicosis por no ser el siguiente en yacer tendido en el suelo. Por eso atacaron a Nacho. Por su paranoia . El joven asesinado no tenía antecedentes ni detenciones. Sí tenía el sueño de ser mecánico de trenes y trabajaba para salir adelante con su madre. No era un criminal, pero lo mataron por si acaso por su ropa negra, su gorra y bandolera.Tras disparar, huyeron. No mucho tiempo. En solo 12 horas estaban detenidos por los grupos especializados de la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (Udyco) de la Costa del Sol, Homicidios y el propio Greco Costa del Sol. En plena huida del lugar de los hecho se detuvo al primero, cerca de un apartamento turístico del Barrio de la Victoria. Los agentes llevaron a cabo un registro en ese piso y procedieron a detener allí al segundo de los presuntos autores. La Policía centró entonces sus esfuerzos en localizar al tercero, que había desaparecido de la zona del crimen, pero consiguieron identificarlo. Pudieron comprobar cómo después de huir del lugar del tiroteo se había cambiado de ropa y de aspecto . Trataba de evitar ser rastreado. «En su sonrisa siempre se deslumbraba cierta inocencia; era aún un niño»No lo consiguió. Sobre las 23.00 horas, fue localizado en plena calle Fuengirola. Había seguido su rastro hasta allí. Fue detenido. Los tres fueron enviados a prisión preventiva. No dijeron nada ante el juez. Nunca hablan, ni cuando su psicosis asesina mató a un inocente en Málaga y deja a una madre sola en un barrio destrozado por el crimen. «En su sonrisa siempre se deslumbraba cierta inocencia. Aunque a veces se esforzaba por parecer mayor, era aún un niño », relata su madre en una carta llena de dolor. Nacho tenía valores en torno a la igualdad, a la justicia social y a los derechos laborales. Era un amante de los animales y tenía un gran talento para la música. Tocaba la guitarra eléctrica y pasa horas con su mesa mezclas. «Se podía pasar horas y horas montando y desmontando su ciclomotor y ayudando a sus amigos a reparar los suyos», añade su madre, que lo recuerda paseando a sus perros. Era un chico de barrio, que se sentaba con sus amigos en la puerta de la iglesia. «No era ningún narcotraficante», dicen sus amigos contundentes, que remarcan que era un chico que nunca tenía problemas con nadie.
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