Armengol echa a la diputada del PP Ana Vázquez de las Cortes por enseñar un bote de espray pimienta porque «es un arma». Para los ceutíes quizás es un arma cargada de futuro, como la poesía para Celaya, frente a las vistosas catanas que empuñan algunos invasores ilegales, pero en el Congreso es un arma prohibida, como la de Tejero o el revólver Browning que le sacó el socialista Indalecio Prieto al diputado de la CEDA Jaime Oriol. Tarjeta roja y a la calle, más que por el gas, por el patético espectáculo. Pero usemos el espray como metáfora general del ocaso. Podríamos decir que Sánchez le sacó el teléfono en defensa propia a Delcy Rodríguez , que no sabemos en qué momento le había tratado previamente pero sí que le había tratado seguro porque nadie atraviesa el plenario entero de la ONU para saludar a un desconocido. Tal vez la relación viene de la era ‘pretumpista’ de Venezuela porque ahora el puzle geopolítico es un verdadero lío para el sanchismo, que no ve arma híbrida de Marruecos en la invasión y que no sabe si ahora conviene besar a Delcy o denunciar el veto a María Corina Machado, a quien Trump impide volver a casa. El cacao es en estos momentos muy difícil de esclarecer porque en Estados Unidos Sánchez cree que Marruecos falló pero en España no, Delcy era buena antes pero ahora regular –tampoco conviene soliviantarla por si le da por hablar de Zapatero–, Machado está al mismo tiempo en el lado del bien y en el del mal, Ceuta está recuperando la normalidad pero todavía no sabemos cuántos inmigrantes hay sin identificar y el espray pimienta es un arma peligrosa pero las lanchas de los narcos pasando por encima de los guardias civiles son accidentes laborales. Durante el régimen sanchista hemos visto al ingenioso diputado Rufián exhibir una cuerda con un nudo marinero para denunciar el «ahogamiento de la economía catalana» o unas esposas para criticar que los grilletes eran el único diálogo que el Gobierno había mantenido con los golpistas catalanes. También vimos a Pablo Iglesias mostrar un tarro de cal viva durante la investidura de Sánchez para vincular al PSOE con el GAL. El reglamento les permitía seguir en la Cámara, cosa que no ocurre con el espray aunque, en puridad, la cuerda de Rufián también podría considerarse un arma. Todo depende del uso que se le dé. Esa es la clave. Que en este contexto político de degradación institucional y sectarismo rampante, todo depende. Y de esta manera hemos llegado a un laberinto surrealista que pone a España a los pies de los caballos. Porque la oposición yerra cada vez que hiperventila y se la pone botando al aparato, pero el Gobierno no tiene principios, sólo intereses volátiles que van cambiando en función de la coyuntura. Por eso nadie sabe si Sánchez besa a Delcy y le enseña el espray a María Corina Machado o viceversa, si está con Ceuta o con Marruecos. Esa es su arma, que tiene bastante más peligro que el gas pimienta que nos induce al vómito en los baños del Congreso.
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