El miércoles por la noche, horas después del sonado desahucio de la señora Maricarmen , todo hacía pensar que Sumar se encaminaba a escenificar en el próximo Consejo de Ministros su enésima pataleta sin consecuencias en lo que va de legislatura, de nuevo, a cuenta de la emergencia habitacional que asola nuestro país. El enfrentamiento con el PSOE venía fraguándose desde primera hora de la mañana en el Congreso, donde la expulsión de su hogar de esta anciana madrileña de 87 años elevó la tensión, especialmente, entre la ministra de Vivienda y sus socios, que hablaban del desalojo de la anciana como «punto de inflexión» a la hora de legislar para atajar la crisis.La gota que colmó el vaso corrió a cuenta de una candente Ada Colau, que, a última hora de la jornada, emplazaba a sus colegas de Sumar a dejar «solo» al PSOE «si no está dispuesto a hacer políticas valientes». «Se acabó», decretó la exalcaldesa de Barcelona, a la que nadie secundó en su idea de romper el Ejecutivo. No hubo amago de abandono alguno por parte de los partidos todavía capitaneados por Yolanda Díaz -ya enfundada en su traje de candidata al liderazgo de la OIT-. Sí un cierre de filas con la política de Comuns (que últimamente parece asomar la cabeza para heredar el timón del espacio de cara a las próximas generales), sobre todo, a raíz de los ataques de un desatado Óscar Puente, que arremetió no solo contra Colau, sino contra todo aquel diputado y ministro de Sumar que osara darle «lecciones» y cuestionar el grado de «izquierdismo» del ala socialista del Ejecutivo. «Óscar, es importante no confundirnos de adversario», le contestaba la líder de Más Madrid, Mónica García. Tanto ella, como el resto de ministros de Sumar han trasladado por escrito a su socio este jueves su exigencia de aprobar martes de la semana que viene el real decreto-ley de vivienda que la Cámara Baja rechazó en abril y que, entre otras medidas, incluía la congelación y prórroga automática de los alquileres. Ahora, los magentas suben la apuesta y piden meter también la expropiación de la vivienda de Maricarmen. «Tiene que ser aprobado sí o sí», han repetido todos al unísono, incluida una Díaz que abandonaba momentáneamente sus quehaceres internacionales para escribir una publicación en redes.En la parte socialista del Gobierno ha generado mucho malestar la actitud de Sumar (también dentro del propio espacio, donde creen que no era el momento para plantear, por ejemplo, la ruptura, ya que se desvía el foco de la inacción del PSOE y la también responsabilidad de las derechas). Fuentes gubernamentales consultadas critican asimismo que el socio minoritario «equivoca el enemigo», porque ha decidido situar el foco de la responsabilidad en el Ejecutivo cuando la estrategia fijada desde Moncloa estaba orientada precisamente en retratar al PP -que gobierna en el grueso de comunidades autónomas donde no se aplica la Ley de Vivienda- y en el resto del arco parlamentario. La pauta la marcó el propio Pedro Sánchez desde Nueva York, donde consideró que el caso de Maricarmen era una «tragedia social» y culpó a las administraciones madrileñas.Ante los requerimientos para que el Gobierno impulse el decreto pendiente sobre Vivienda, el presidente recordó que la iniciativa que hubiera impedido el desahucio se votó en el Congreso hace unos meses y decayó por falta de mayoría. Es precisamente en esto en lo que hacen hincapié desde el PSOE, en que existe «una mayoría de derechas» en el Parlamento y que los esfuerzos gubernamentales no sirven de nada si se chocan contra el muro de la Carrera de San Jerónimo. Tras ocho años en el poder, esta materia -que se sitúa como la principal preocupación de los españoles- y el fracaso en la respuesta genera una profunda frustración en Moncloa.En el ala socialista ha generado mucho malestar la actitud de los de Díaz. Critican que el socio minoritario «equivoca el enemigo»La política de Vivienda ha generado, además, los choques más agrios de la última etapa dentro de la coalición. Con un socio minoritario en horas bajas, Sumar se plantó precisamente en esta cuestión, dilatando el pasado mes de marzo la celebración del Consejo de Ministros que debía aprobar el decreto sobre la guerra de Irán. En el PSOE acabaron aceptando que se elaborase otro texto, pero desde un inicio asumiendo que no prosperaría y que el mes de vigor podría generar un laberinto judicial para quienes consiguieran la prórroga de sus alquileres.Fuentes socialistas señalan que se están moviendo para tratar de llevar un nuevo texto cuanto antes, y que «trabajan» para que se pueda aprobar este mismo martes, como exigen desde Sumar. Un movimiento del que, sin duda, también sacaría tajada el socio minoritario de la coalición, que se agenciaría, como acostumbra, del logro que a su juicio supone empujar al PSOE a aprobar avances sociales aunque luego queden en papel mojado. Un movimiento que, aliados habituales del Gobierno, achacan, en conversación con ABC, a la presión a la que Moncloa se ha visto expuesta debido al alto grado de movilización social de las últimas horas. En cualquier caso, vuelven a insistir los socialistas en que de nada sirve correr en Moncloa, si luego todo se para en la Cámara Baja, y presionan a Podemos (al que le echa para atrás que el decreto incluya la reforma de la ley del suelo) y, especialmente, a Junts, principal escollo (exige beneficios fiscales y medidas antiocupación), para que hagan cesiones que permitan que salga adelante. «Los socios que apoyan al Gobierno tendrán que entender que deben ceder para que salga adelante», recuerdan. Por el momento, los del prófugo Carles Puigdemont han anunciado este jueves, sorpresivamente, que regresan a la mesa de negociación con el Ejecutivo después de su ‘ruptura’ de hace ya casi un año .
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