Lo que ocurrió este jueves en la Universidad de Harvard debería ser la normalidad, pero es la excepción: Pedro Sánchez enfrentado a preguntas incisivas. El presidente del Gobierno acudió encantado a Boston a cerrar con un baño de prestigio académico su visita a EE.UU. con motivo de la Asamblea General de Nueva York. Dio un discurso lleno de buenas intenciones y poca concreción sobre la regulación de la inteligencia artificial, al que siguió una conversación con un moderador muy obsequioso. Pero luego se abrió el turno de preguntas, tomaron la voz los estudiantes y salió zarandeado. En pocos minutos, aparecieron los escándalos que acosan al presidente del Gobierno: Begoña, el hermano, Cerdán, el fiscal general, Marruecos, Pegasus, Venezuela, Zapatero…«Quizá no se lo esperaba», dice a este periódico Daniel Santos Ramírez, uno de los estudiantes que tomaron la palabra. Es probable que fuera así, aunque Sánchez sabía que la condición del acto en la Kennedy School of Government era someterse a preguntas de los estudiantes sin su control.Es algo a lo que Sánchez no está acostumbrado. Lleva mucho tiempo sin conceder entrevistas a un medio español que no sea estatal o simpático con el Gobierno. En las escasas ruedas de prensa, Moncloa elige quién pregunta, los turnos son reducidos y los elegidos son casi siempre los mismos.Daniel, un joven venezolano que estudia un máster en políticas públicas en la propia Kennedy School of Government, acudió a la charla porque tenía «mucho interés» en escuchar a Sánchez. «Tengo mucho interés por la política de Venezuela, como todos los venezolanos, y lo que pasa en Venezuela e Hispanoamérica está íntimamente atado a España», explica. «Me interesaba mucho saber qué pensaba él de cómo han cambiado las cosas en mi país desde el 3 de enero», dice sobre la captura de Nicolás Maduro y una transición en el poder con Delcy Rodríguez en cooperación con Donald Trump que, de momento, no ha abierto la puerta a unas elecciones.Su pregunta ni siquiera fue muy agresiva. Le demandó si hacía un llamamiento a la celebración de elecciones libres en Venezuela y si aprovechaba el momento para distanciarse de Zapatero. Sánchez salió por peteneras: habló de la regularización de inmigrantes que ha aprobado su Gobierno, que incluye a muchos venezolanos; se limitó a decir que él siempre ha estado a favor de elecciones, pero sin exigirlas de forma clara en este momento; e hizo como que no escuchó la pregunta sobre Zapatero.La pregunta de Daniel Santos al presidente Sánchez ABC«No sentí que me respondiera», asegura ahora Santos. «El presidente no se mojó. No quiso pedir una elección presidencial en este contexto y ni siquiera hubo respuesta sobre Zapatero, quedó como en el aire».Esa fue la última pregunta del acto y para entonces Sánchez ya se había llevado un par de volteretas. El moderador primero dio paso a una profesora de la facultad, Shoshana Zuboff, a la que calificó como «el espíritu detrás de este evento» y que se deshizo en elogios hacia la charla «conmovedora, emotiva y hermosa» de Sánchez.Cuando los estudiantes tomaron el micrófono, sin control de los organizadores, hubo cuatro preguntas más. Excepto la primera, todas fueron duras. En especial, la de Peter, un chico en su tercer año en Harvard e investigador de inteligencia artificial. Quizá pensó que lo que el presidente del Gobierno de España podría contarle sobre su campo de estudio no le enriquecería mucho. El estudiante fue a por otro asunto: «Tengo curiosidad por preguntarle por el hecho de que su esposa, su hermano, su exfiscal general, su antiguo secretario de Organización, o la asistente personal de su mujer están entre los nueve casos de corrupción que actualmente afectan a su Gobierno», reconoció, mientras el rostro del presidente se endurecía. «Ahora que usted habla de recuperar la confianza en el Gobierno», le preguntó, «¿cómo ve usted a su Gobierno y a sí mismo cuando, según las encuestas de la Comisión Europea, muchos españoles creen que usted es una de las razones de la corrupción en España?». La pregunta fue recibida con aplausos desde el público.Sánchez respondió con gesto dolido, negó la culpabilidad de sus familiares -negando a los asistentes la realidad de que su hermano ya está condenado- y dijo que eso son cosas de la «política sucia, no corrupción». También le aplaudieron.Pero no acabó ahí. Nicolás, estudiante de máster, le sacó otro de los asuntos que enturbian buena parte de la política exterior de Sánchez: el ‘hackeo’ de su teléfono con Pegasus, el papel de Marruecos, el cambio de postura con el Sáhara Occidental, su defensa de la actuación de las autoridades marroquíes en la crisis de Ceuta…Sánchez, otra vez incomodado, lo despachó diciendo que el impacto de Pegasus es ‘fake news’.«Yo pensaba que mi pregunta iba a ser la más polémica, pero no», reconoce entre risas Daniel. Este estudiante cuenta que algunos compañeros se mostraron sorprendidos de la dureza de las acusaciones, de las que no tenían idea. «Creo que no era lo que esperaban algunas personas que fueron al evento». Sobre la pregunta que le hizo a Sánchez: «Me hubiera gustado que su respuesta fuera distinta».
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