Antes de irnos a la cama solemos comprobar que las luces están apagadas, que la puerta está cerrada o que no hemos dejado encendida la vitrocerámica. Sin embargo, o nos fijamos tanto en esos pequeños electrodomésticos que permanecen conectados a la corriente durante días o incluso semanas aunque apenas los utilicemos unos minutos cada mañana. Sin embargo los expertos aconsejan desenchufarlos después de utilizarlos, ya que es un gesto sencillo que puede evitar riesgos innecesarios. En especial hablan de un electrodoméstico del que se recomiendan no dejar nunca enchufado.
No se trata de desconectar cada noche todos los aparatos de casa. El frigorífico o el congelador, por ejemplo, están diseñados para funcionar continuamente. En realidad, la recomendación se centra especialmente en determinados pequeños electrodomésticos que generan calor y que no necesitan permanecer conectados cuando no están en funcionamiento. Y uno de los que merece especial atención está presente en millones de cocinas: la tostadora
Los expertos coinciden: se insta a los españoles a desenchufar este electrodoméstico
La tostadora es uno de esos aparatos a los que apenas prestamos atención. Ocupa su sitio sobre la encimera, se utiliza durante unos minutos para preparar el desayuno y allí se queda hasta el día siguiente así que lo habitual es dejar también el enchufe conectado. Sin embargo, algunos fabricantes indican en sus manuales que el aparato debe desenchufarse cuando no se está utilizando. Es decir, que no es necesario esperar hasta la noche para hacerlo. Si las tostadas se preparan por la mañana, puede desconectarse una vez terminado el desayuno y cuando ya no vaya a utilizarse.
Apagar y desenchufar tampoco significan exactamente lo mismo. Al terminar el tostado, el aparato deja de calentar, pero continúa conectado a la instalación eléctrica. Desenchufarlo supone aislarlo completamente de la corriente mientras no hace ninguna función. Esto no significa que una tostadora en buen estado vaya a provocar un incendio por permanecer enchufada. Se trata de una medida preventiva sencilla, especialmente útil en un aparato que funciona mediante resistencias capaces de alcanzar temperaturas muy elevadas.
Las migas son uno de los puntos que más conviene vigilar
El funcionamiento de la tostadora explica por qué necesita cierto mantenimiento. Cada vez que introducimos una rebanada, pequeñas migas y restos de pan terminan cayendo hacia la parte inferior. Si no se retiran periódicamente, pueden acumularse y quemarse durante los siguientes usos. El olor a quemado o la aparición de humo pueden tener precisamente este origen. Por ello, muchas tostadoras incorporan una bandeja extraíble destinada a recoger las migas. Conviene vaciarla y limpiarla con la frecuencia indicada por el fabricante, especialmente si el aparato se utiliza a diario.
Antes de limpiarla hay que desenchufarla y esperar a que se enfríe. Tampoco debe introducirse agua ni productos líquidos en su interior. Si un trozo de pan queda atascado, utilizar un cuchillo o un tenedor metálico mientras continúa conectada es una mala idea. Primero hay que retirar el enchufe y seguir las indicaciones del fabricante para extraerlo sin dañar las resistencias. También importa qué introducimos en ella. Una tostadora convencional está diseñada para rebanadas de pan así que alimentos con queso, mantequilla u otros ingredientes pueden dejar grasa y restos en el interior, salvo que el modelo esté expresamente preparado para ellos.
El cable y el enchufe también pueden avisar de un problema
La revisión no debería limitarse al interior. El cable, la clavija y la propia toma de corriente pueden mostrar señales de que algo no funciona correctamente. Una cubierta deteriorada, plástico deformado o marcas de sobrecalentamiento son motivos suficientes para dejar de utilizar el aparato hasta comprobar su estado. También hay que prestar atención a chispazos, crujidos poco habituales, olor a quemado o un interruptor automático que salta repetidamente al conectar la tostadora. En esos casos, seguir utilizándola para comprobar si el problema desaparece no es una buena solución.
La edad tampoco determina por sí sola si un electrodoméstico es seguro. Una tostadora antigua bien conservada puede continuar funcionando correctamente, mientras que otra mucho más reciente puede presentar una avería. Lo que importa es su estado, el mantenimiento y que funcione tal como indica el fabricante.
Desenchufarla no supone necesariamente un gran ahorro
Desconectar aparatos que permanecen en modo de espera puede reducir pequeños consumos eléctricos, pero en el caso de la tostadora hay que hacer una distinción. Muchos modelos sencillos funcionan con mecanismos que no necesitan consumir electricidad cuando no están tostando. Por tanto, desenchufarla cada noche no debe presentarse como un método para conseguir un ahorro importante en la factura. La razón principal es eliminar la alimentación eléctrica de un aparato que no necesita estar conectado y reducir riesgos evitables.
El mismo hábito puede aplicarse a otros pequeños aparatos de cocina, siempre teniendo en cuenta las instrucciones de cada fabricante. Hervidores eléctricos, sandwicheras, grills de contacto o determinados tipos de freidoras tampoco necesitan permanecer permanentemente enchufados una vez que han terminado su función. Así que antes de irse a dormir basta con una revisión rápida de la cocina: comprobar que la placa está apagada, que no quedan aparatos funcionando y que alrededor de las superficies que generan calor no hay papel, paños u otros materiales.
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