En la comarca de la ribera del Órbigo, cada pueblo leonés ha crecido alrededor de un mismo recurso: el agua. Durante generaciones, los vecinos la han usado para regar sus huertas, mover molinos harineros y mantener verde el paisaje en pleno verano. Aquel equilibrio, sin embargo, se ha roto en muy poco tiempo, y no por culpa de la sequía ni de la falta de lluvias.
El cambio llegó de la mano de una obra pensada, precisamente, para aprovechar mejor cada gota. Desde entonces, más de 400 vecinos se han organizado en una asociación, han presentado informes técnicos y han acudido a los juzgados. Mientras tanto, algunos cargan garrafas en el coche para salvar sus tomates y otros riegan a mano árboles que llevan siglos en pie.
La Presa de la Tierra: el canal de 1524 que la Ribera del Órbigo ha visto secarse tras modernizar el regadío
El canal afectado es la Presa de la Tierra, una red de acequias documentada desde 1524 (aunque su origen se remonta a la Edad Media) que atraviesa varias localidades de la ribera. Desde mayo de 2025 está completamente seco.
Y aquí cabe reiterar que la causa no es climática: la modernización del regadío que impulsó la Comunidad de Regantes dejó fuera este sistema centenario, que ya no recibe agua.
Según la Asociación para la Conservación de Riego de Huerto y Patrimonio Hídrico, las presas han quedado vacías en Benavides, Gualtares, San Feliz, Villares, Hospital, Villarejo y Veguellina de Órbigo.
En Hospital de Órbigo, conocido por su puente medieval del Paso Honroso, los vecinos Aquilino y Fernando lo resumen en tres palabras: «Era nuestro río».
Dicho esto, para la mayoría de sus habitantes, aquellas presas eran mucho más que una infraestructura agrícola. Regaban los huertos urbanos situados junto a las casas, movían molinos de harina y de linaza y abastecían pequeñas instalaciones hidroeléctricas.
Acá recalcamos que buena parte de esa población es mayor de edad: en la vecina Santa Marina del Rey, por ejemplo, el 47,5% de los habitantes supera los 60 años.
Una obra que costó más de 12 millones para ahorrar agua
El Proyecto de Modernización del regadío en la Comunidad de Regantes de la Presa de la Tierra lo gestiona SEIASA (la sociedad estatal de infraestructuras agrarias del Ministerio de Agricultura) y lo ejecuta Tragsa. Su presupuesto inicial fue de 10,4 millones de euros, pero en 2022 subió hasta los 12,19 millones, con cofinanciación europea a través del fondo FEADER.
Por un lado, la obra sustituye la acequia tradicional por tuberías enterradas, una balsa de regulación y un sistema de telecontrol. Con ella, 1.970 regantes riegan a presión unas 1.260 hectáreas desde una estación de bombeo conectada a una red de hidrantes.
El detalle clave es que el agua llega a las parcelas rústicas, pero no a las urbanas, que eran justo las que dependían de las presas.
Por otro lado, la decisión se tomó en 2021 en una votación que los pequeños hortelanos perdieron. Según denuncian, el voto de cada comunero dependía de las hectáreas que poseía, de modo que se impusieron los dueños de las grandes fincas.
Justamente, el caso encaja en una tendencia nacional: el Estado ha destinado 2.900 millones de euros a modernizar regadíos desde el año 2000 y tiene presupuestados otros 2.700 millones hasta 2027.
Huertos, molinos y especies protegidas: lo que se ha perdido en la Ribera del Órbigo
Las consecuencias ya se notan en las huertas. Fernando Quintanilla, uno de los afectados, reconoce que ha abandonado la suya: «He dejado de cultivar toda la huerta porque no tengo agua. Cojo garrafas y voy en coche hasta donde hay agua».
Encima, los molinos han sufrido un golpe doble. Además de quedarse sin agua, sus dueños han recibido recibos de 350 euros por hectárea, ya que figuran con una concesión equivalente a diez hectáreas.
Eso supone unos 3.500 euros por molino (hasta 15.000 en algunos casos) por un servicio que no reciben. En este sentido, un molinero de San Feliz de Órbigo califica la situación de «increíble».
Y como si lo mencionado fuese poco, el impacto ambiental también preocupa a los expertos.
Eloy Bécares, catedrático de la Universidad de León, explica que «las presas sirven de vía de comunicación y refugio para las especies», sobre todo durante el estiaje. Con su desaparición se ha perdido en la ribera el mejillón de río (Margaritifera margaritifera), una especie en peligro de extinción, que sigue así el camino del cangrejo de río autóctono.
Tampoco se libra el arbolado monumental. En la finca Villa Blanca crece una secuoya gigante de más de 50 metros de altura y cientos de años de vida que ahora se riega con manguera por precaución.
A su lado, un cedro y un plátano centenarios dependen también del agua que antes llegaba sola por la presa, sin necesidad de bombas ni mangueras.
La batalla judicial por el agua del Órbigo
La asociación no tardó en llevar el caso a los tribunales. Su argumento se apoyaba en un acuerdo de diciembre de 2021 que fijaba un caudal ecológico mínimo de 150 litros por segundo.
Sin embargo, la Audiencia Provincial de León desestimó su recurso el pasado mayo de 2026: entendió que los regantes debían solicitar ese caudal a la Confederación Hidrográfica del Duero, no garantizarlo.
Javier Guerra, presidente de la Comunidad de Regantes Presa de la Tierra, sostiene que el tribunal «considera inviable el denominado ‘riego mixto’» en la zona modernizada.
Y va más allá: «Quieren regar como en el siglo XVI y eso no puede ser». Francisco Catalán, al frente de la asociación, replica que «los regantes de los huertos no hemos dejado de pagar los recibos del agua».
Hoy, la pelea sigue abierta. Los vecinos mantienen recursos pendientes contra los acuerdos de la junta general de noviembre de 2024 y contra un padrón de regantes que los excluye. Su propuesta pasa por instalar hidrantes que alimenten los regueros urbanos por gravedad, de forma medida, con un caudal de socorro suficiente para mantener vivo el ecosistema de las presas.
Mientras tanto, a pocos kilómetros, en Santa Marina del Rey, la Presa Cerrajera sigue llevando agua. Es todavía más antigua que la de la Tierra (sus orígenes se sitúan entre los siglos XIII y XIV) y, por ahora, continúa regando huertas como lo ha hecho durante más de 600 años, el mismo papel que la Presa de la Tierra cumplió hasta mayo de 2025.
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