«¿Dónde está el gobierno progresista?», gritaban los manifestantes por las calles, en dirección a la Puerta del Sol. A su llegada ya había decenas de acampados y otros tantos que se sorprendían de la masa que se dirigía a acompañarlos. «Cuántos son, cuántos son», dicen dos jóvenes, con rostros cubiertos por pañuelos y pertenecientes a una agrupación antifascista radical. Son varias las que allí se han aposentado, aunque su presencia no constituye una mayoría, compuesta por ciudadanos «cansados». Frente al edificio de la presidencia de la Comunidad de Madrid, en el centro de la plaza, descansa una veintena de tiendas de campaña dispuestas a acampar la noche «y ya se verá». Cenan, fuman, charlan y reivindican rodeados de otros miles de personas que los rodean, a pesar de carecer de tienda.Esta noche, en Sol, los jóvenes hablan de «una nueva chispa en la calle», de «no hacer las paces» ante una «lucha de clases», mientras levantan los refugios de plástico en los que pasarán la noche si nadie los desaloja. Desde el Sindicato de Inquilinas, convocantes de la protesta que ha terminado para convertiese en una acampada, apuntan que en la plaza están «diferentes colectivos y gente que se ha querido unir». Y esperan que sean más. Está la gente cansada de desahucios, de alquileres difíciles de asumir y de presenciar casos como el de Maricarmen. En redes sociales, esta semana, ya los había que hablaban de que «hace falta un 15M». «Cada momento histórico es diferente, el 15M plasmó muy bien la saciedad de la sociedad, no sé si lo lo podemos comparar, pero las calles estamos respondiendo porque los gobiernos no están siendo valientes», apunta Valeria Racu, portavoz del Sindicato de Inquilinas.En la acampada también hay decenas de personas pertenecientes a grupos radicales como la Coordinadora Antifascista de Madrid y otras organizaciones anarquistas y con pancartas en favor de la okupación. El grueso, eso sí, forman parte del Sindicato de Inquilinas de Madrid, que ha llevado la voz cantante desde el desahucio de la anciana Maricarmen Abascal el miércoles pasado en la calle del Alcalde Sainz de Baranda (Retiro). Algunos de los ultraizquierdistas han cogido piedras y cascotes de camino a la Puerta del Sol sin que haya llegado a haber, por el momento, ningún incidente violento. Ocurría todo sin presencia visible de la Policía Nacional, solo los tres coches patrulla habituales que se encuentran siempre en el enclave.Valeria Racu, portavoz del Sindicato de Inquilinas de Madrid, lo explica así a este periódico: «Esto ha surgido de las calles, porque no podemos más. En este país gobiernan los buitres, los rentistas y los empresarios. No queremos este tipo de ciudad. Vamos a quedarnos aquí hasta que haya medidas reales y urgentes. La acampada se va a mantener hasta que veamos una respuesta real por parte del Gobierno». Lo contaba mientras las primeras tiendas de campañas comenzaban a ocupar la plaza, justo en el centro y delante de la sede de la Presidencia de la Comunidad de Madrid, con numerosas personas también con las camisetas narajas del Sindicato de Inquilinas de Madrid, organizadora de la marcha en favor de Maricarmen, la anciana desahuciada este miércoles de la vivienda en la que residía con alquiler de renta antigua desde hace 70 años, tras comprarla un fondo de inversión. En un intento de reeditar la acampada del 15-M, hace quince años, algunos portavoces de los manifestantes denuncian la situación tan precaria del acceso a la vivienda en Madrid.Manifestantes montan una carpa en Sol. Tania SieiraLas llaves en alto, agitadas en su afán de hacer ruido, eran una constante esta tarde en las calles más céntricas de Madrid, por donde han protestado 25.000 personas, según la Delegación del Gobierno en Madrid. También los gritos y las palmas de las decenas de miles de personas que caminaban, en protesta por el problema de la vivienda, desde la Puerta del Sol al Congreso de los Diputados. Es la respuesta social tras el desahucio de Maricarmen, que ha trascendido el plano digital y ha tenido repercusión en toda España, y que ha suscitado la furia ciudadana hacia los gobiernos central y regional por su inacción y ausencia de políticas de vivienda. «Estamos gobernados por buitres», decían, al comienzo, desde el Sindicato de Inquilinas, que convocaba la protesta.«Me han quitado mi casa»Maricarmen Abascal, convertida en el rostro de la reivindicación, no estaba presente tras jornadas de nervios a flor de piel que, tras su desahucio, provocaron su ingreso en el hospital. Pero sí los había que, como ella, habían sufrido un lanzamiento o se enfrentan a la pronta amenaza de éste. En la protesta, el recuerdo de una fallecida Maria Luisa y la presencia de Marisa. Otras dos mujeres que, como Maricarmen, pasaron por lo mismo. «Soy Marisa, pero soy otra Maricarmen, porque me han quitado mi casa por apoyar a mi hijo», decía, sosteniendo un cartel en los laterales de la manifestación. Junto a la mujer, pero también al otro lado, más personas apoyaban el paso de la protesta.Convocaba el Sindicato de Inquilinas a las 18.30, y antes de que el reloj marcase la hora ya había miles de personas preparadas para la caminar, que terminaban por ser decenas de miles. En el Metro que lleva a la Puerta del Sol, y también en las calles aledañas, ya desfilaban pancartas contra los rentistas. Con botellas de agua para hacer frente al calor, las camisetas naranjas del sindicato lideran la cabecera en su marcha hacia el Cogreso de los Diputados. Y bajo un sol de verano a pesar de septiembre, se recordaban nombres de empresas, «rentistas de mierda» y fondos buitre. «Todas las mañanas al salir el sol, se levanta Ayuso en su ático, privatiza la vivienda y la eduación y se hace la tonta por televisión», rezaban sus cánticos, dirigidos en especial contra la presidenta de la Comunidad de Madrid, pero también se dirigían al Gobierno de Pedro Sánchez. Desde las calles más céntricas de la capital exigían la aprobación inmediata en el Consejo de Ministros del que han denominado como ‘Decreto Maricarmen’. «Si no se aprueba este martes, este gobierno que se dice progresista no tiene ningún sentido», apuntan desde el sindicato. Caben en él, entre otros puntos, la renovación automática de los contratos de alquiler para convertirlos en indefinidos, acabar con los desahucios sin alternativa habitacional, medidas ‘antiestafa’ y la congelación de los precios del alquiler actuales.Sol-Cibeles-CongresoLa movilización se desplazaba por las localizaciones de aquellos a quienes pretendían apelar. Del principio al final, era una abierta declaración de intenciones, una reivindicación grito en boca. Desde la Puerta del Sol, donde se encuentra la sede de la presidencia de la Comunidad de Madrid, al Congreso de los Diputados. Uno y otro lugar no están exentos de ser testigos, cada poco tiempo, de protestas ciudadanas. La de este sábado se hace para que no haya, como dicta su lema, «ni una Maricarmen más». «Responsabilizamos al Gobierno de Ayuso, que se ríe en nuestra cara, y al Gobierno central, por su inacción y usar el dolpr de Maricarmen en campaña contra el PP», ha apuntado Alicia del Río, portavoz del Sindicato de Inquilinas en Madrid.Tras ser expulsada del piso en el que había residido los últimos 70 años, Maricarmen Abascal ha dormido las pasadas noches en el Hospital Gregorio Marañón. «No he logrado defender mi casa, pero sí he luchado para que los demás aprendan a luchar por la suya. Mi casa ha sido mi vida y ahora tengo que dejarla atrás, pero eso no significa que yo no vaya a seguir luchando. Quiero dar las gracias a todas las personas y a todos los niños que han venido a mi desahucio», decía en un vídeo compartido el viernes en redes sociales, recostada sobre una cama y con el camisón de paciente, sin mirar a la cámara. Entonces, hizo también un llamamiento para acudir a una caminata que terminaba de nuevo en Sol.«¿Y el gobierno progresista?»«¿Dónde está el gobierno progresista?», gritan los manifestantes por las calles, en dirección a la Puerta del Sol. A su llegada, los que ya estaban se sorprenden. «Cuántos son, cuántos son», dicen dos jóvenes, con rostros cubiertos por pañuelos. Frente al edificio de la presidencia de la Comunidad de Madrid, en el centro de la plaza, había ya una quincena de tiendas de campaña dispuestas a acampar la noche «y ya se verá». Aquí, los jóvenes hablan de «una nueva chispa en la calle», de «no hacer las paces» ante una «lucha de clases», mientras levantan los refugios de plástico en los que pasarán la noche si nadie los desaloja. Desde el Sindicato de Inquilinas, convocantes de la protesta que ha terminado para convertiese en una acampada, apuntan que en la plaza están «diferentes colectivos y gente que se ha querido unir». Y esperan que sean más. Está la gente cansada de desahucios, elevados alquileres y de presenciar casos como el de Maricarmen. En redes sociales, esta semana, ya los había que hablaban de que «hace falta un 15M». «Cada momento historico es diferente, el 15-M plasmó muy bien la saciedad de la sociedad, no sé si lo lo podemos comparar, pero las calles estamos respondiendo porque los gobiernos no están siendo valientes», apunta una portavoz del Sindicato de Inquilinas.
Powered by WPeMatico