Otro obstáculo dificulta la complicada campaña presidencial en Francia de los aspirantes afines a Emmanuel Macron: la subida de los precios del combustible. Además de su división y el pobre balance en materia económica del actual presidente –una previsión de crecimiento del 0,4% del PIB y un déficit público del 5,4%–, los ex primeros ministros Édouard Philippe y Gabriel Attal tienen que lidiar con el cabreo social por la pérdida de poder adquisitivo. A eso se le suma un sentimiento generalizado de que el Gobierno no protege lo suficiente a los automovilistas. Hasta el 70% de los encuestados considera «insuficientes» las nuevas medidas anunciadas esta semana, según un sondeo difundido por la cadena BFM TV.El empeoramiento de la situación en Oriente Próximo, sobre todo en Yemen y Arabia Saudí, se notó rápidamente en las gasolineras. El precio medio del litro de gasóleo superó el 20 de septiembre los 2,41 euros, una cifra récord al otro lado de los Pirineos. El coste medio del litro de Sin Plomo 98 se ha situado alrededor de 2,28 euros. Según datos de la Comisión Europea, Francia es el quinto país de la UE donde la gasolina es más cara.Esta situación ha contribuido a una caída de la popularidad de Macron y del primer ministro, Sébastien Lecornu. Según un sondeo de Ipsos para el diario centrista ‘La Tribune du Dimanche’, el presidente apenas cuenta con la confianza de un 16% de los franceses –su nivel más bajo desde que llegó al Elíseo en 2017–. Y solo el 20% confía en el actual responsable del Ejecutivo.Menor margen de maniobraEl macronismo afronta la campaña de las presidenciales de 2027, previstas para el 18 de abril (primera vuelta) y el 2 de mayo (segunda), con una situación económica claramente distinta a la de 2022. Entonces, el jefe del Estado galo reaccionó a la crisis energética relacionada con la guerra de Ucrania dando ayudas masivas, valoradas en 20.000 millones de euros anuales. Los bajos tipos de interés tras la pandemia del covid-19, así como la necesidad de Macron de ganar las elecciones de ese año, fomentaron esas medidas. Cinco años después, el Ejecutivo de Macron y Lecornu solo ha previsto invertir 1.500 millones para «proteger» a los franceses. «El Ejecutivo galo casi no dispone de medios, ya que está al frente de un Estado casi fallido a nivel económico. Lo único que puede hacer es dar ayudas a los sectores más afectados (agricultura, pesca, construcción…)», explica a este medio Thierry Bros, profesor en Sciences Po París y experto del sector energético. Pese al estrecho margen de maniobra del Ejecutivo, ni Lecornu ni Macron quieren dar la sensación de que no pueden hacer nada ante esta situación. El primer ministro ha propuesto introducir en los próximos presupuestos una «regla de oro», con la que el Estado promete invertir si aumenta sus ingresos gracias al IVA de la gasolina. El presidente anunció el jueves el envío de soldados y misiles para proteger uno de los principales oleoductos de Arabia Saudí. Un anuncio hecho con el objetivo de tranquilizar a los mercados. «No dejaremos que los precios se disparen para los franceses», prometió durante una entrevista para TF1 y France 2.Promesas ambiciosas de la oposiciónPero mientras no baje el precio del combustible, la población acogerá con escepticismo la mayoría de sus medidas. La respuesta tímida del Ejecutivo galo ante la crisis energética, junto con la voluntad de aplicar unos recortes de 54.000 millones de euros en los próximos presupuestos y así reducir el elevado déficit público, suponen un obstáculo para los presidenciables de los partidos gubernamentales. Ni Attal ni Philippe –el mejor posicionado de los dos en los sondeos– han tenido un arranque fácil de la campaña. Según las últimas encuestas, el líder de Horizontes, que propone doblar las ayudas a los sectores más afectados, cuenta actualmente con una intención de voto del 19% y está empatado en la segunda posición con Jean-Luc Mélenchon de la Francia Insumisa (afín a Sumar o Podemos). Su clasificación para la segunda vuelta corre peligro, incluso en el caso de que Attal retirara su candidatura. La ultraderechista Marine Le Pen (31%) es la gran favorita de cara a la primera vuelta de las presidenciales, cuyo desenlace se prevé más incierto y ajustado.En principio, los recursos económicos para esta crisis son menores que en 2022 con la guerra de UcraniaTanto Le Pen como Mélenchon cuentan con la ventaja de proponer medidas ambiciosas para hacer frente a la crisis energética, aunque podrían suponer un coste bastante más elevado para las arcas públicas. Por un lado, la líder de Agrupación Nacional exige una rebaja del IVA de la gasolina del 20% al 5,5%. Es una iniciativa parecida a la aplicada durante la primavera por el Gobierno español y que contribuyó a que España fuera el segundo país con unos combustibles más baratos en la UE. Por el otro, el aspirante insumiso pide un bloqueo de los precios de la energía, inspirándose en una política aplicada en 1990 durante la presidencia del socialista François Mitterrand. Aunque el Gobierno no quiere obligar a las energéticas a que pongan un límite a sus precios, sí que llegó a un acuerdo no escrito con Total para que aplicara, de manera voluntaria, una medida parecida. Esta multinacional estableció un tope en el coste de la gasolina y el gasóleo, y el litro no supera 1,99 y 2,25 euros respectivamente. Esta política proconsumidor ha supuesto un alivio para los franceses modestos. Pero también ha favorecido la escasez de combustible en las gasolineras de Total», recuerda Bros. Más de un 20% de las estaciones de servicio sufrían a principios de esta semana escasez de alguno de los productos refinados. Otro problema que alimenta el malestar en la bulliciosa sociedad gala.
Powered by WPeMatico