Sobre la pantalla del puesto de mando parpadea la geografía del mar Negro. Una traza blanca dibuja el vuelo de la patrulla de combate española; la otra, errática y escurridiza, marca la trayectoria del intruso.El trazo entra en territorio rumano, roza la frontera, sale a espacio aéreo no aliado en Moldavia y vuelve a internarse. Un toma y daca. Cada quiebro en la pantalla radar no es un juego táctico: representa un límite de soberanía, una Regla de Enfrentamiento (ROE) y minutos de tensión en la cabina de los dos pilotos españoles de cazas F-18. Objetivo: evitar un ataque con dron en suelo OTAN.El teniente coronel Alberto Calvo, jefe del Destacamento Paznic del Ejército del Aire y del Espacio, señala la trayectoria sobre el mapa operacional durante la visita de un grupo de periodistas españoles en la que explica qué pasó esa noche de verano en la que los dos F-18 españoles derribaron felizmente un dron ruso.Madrugada del 16 de agosto. Son las 03:45 horas cuando la bocina de la Base Aérea de Mihail Kogălniceanu activa un Alpha Scramble (despegue de alerta real). Un vehículo aéreo no tripulado (UAV) ruso del modelo Gerbera acaba de violar el espacio aéreo de la OTAN en Rumanía. Dos cazas F-18 Hornet deben estar en el aire de inmediato. «Hay un fallo en la puesta en marcha. La turbina del caza número uno no responde en el encendido. Pero en la aviación militar nada se deja al azar. El protocolo de alerta QRA (‘Quick Reaction Alert’) prevé la contingencia: la tripulación corre al F-18 de reserva, configurado en la plataforma en idéntica secuencia de armamento. En cuestión de minutos, la pareja de cazas españoles despega en poscombustión hacia la noche rumana», explica con nuevos detalles el oficial del Ejército del Aire.Los F-18, del Ala 12 de Torrejón de Ardoz (Madrid), ya están en el aire. Tienen el objetivo enganchado. Pero no pueden hacer fuego. El blanco no es un Sukhoi ruso, como solía ser antes. Es un Gerbera: un dron de hélice, tres metros de envergadura, fabricado con materiales ligeros y propulsado a unos 65 nudos (apenas 120 km/h). Para un caza supersónico diseñado para el combate aéreo a Mach 1.8 (2.220 km/h), el problema no es alcanzarlo. El reto táctico es mantener la envolvente de vuelo sin entrar en pérdida, interceptarlo visualmente, identificarlo con garantías y esperar la orden política y militar de derribo.Durante 75 minutos, los pilotos españoles libran una batalla de paciencia y contención operacional. El Gerbera sale de Rumanía y los cazas congelan el ataque. El dron vuelve a virar. El F-18 vuela a escasos kilómetros, pero la orden de disparo tarda en llegar: se espera a que la cadena de mando de la Alianza verifique el escenario.A las 05:00 horas, cumplidas todas las condiciones de seguridad en tierra y con el blanco positivamente identificado, el centro de control ‘Crystal’ de la fuerza aérea rumana transmite finalmente la orden definitiva: ‘clear to engage’ («autorizado a atacar»).El líder de la formación gana la posición de tiro. Aprieta el disparador. El misil Iris-T busca la firma térmica del pequeño motor del dron. El Gerbera ruso queda neutralizado en el aire. Esta es la fotografía de la nueva era defensiva en el flanco este de la Alianza Atlántica: aviones de combate F-18 operados por el Ejército del Aire y del Espacio persiguiendo durante más de una hora a un ingenio no tripulado que vuela a la velocidad de una avioneta.Una operación de alta precisión que sostiene en tierra un complejo engranaje operacional: controladores militares, mecánicos, armeros, radares del Escuadrón de Vigilancia Aérea y una cadena de mando adaptada a la guerra híbrida. Cuando el Ala 12 asumió el relevo operacional en Mihail Kogălniceanu, la misión asignada respondía al patrón clásico de la Policía Aérea Reforzada (eAP): disuasión e interceptación de aviación convencional rusa sobre el mar Negro. La realidad de la guerra en Ucrania ha dinamitado ese escenario.«Hace tres o cuatro meses ni siquiera teníamos procedimientos tácticos para este tipo de amenaza u operaciones reales contra drones que vuelan por territorios OTAN y no OTAN», reconoce el teniente coronel Calvo. La contundencia de la estadística del destacamento español habla por sí sola: en las tres primeras semanas de agosto se registraron más de 20 llamadas de alerta y 15 salidas reales conocidas como Alpha Scramble. En la primera quincena de septiembre, otras 19 alertas y 4 despegues de combate. La última el pasado jueves. Todas, sin excepción, provocadas por incursiones de drones.Estos despegues de emergencia en solo tres semanas suponen un récord operativo para las Fuerzas Armadas españolas en este teatro de operaciones. En despliegues anteriores en la región, los destacamentos apenas sumaron doce salidas de alerta en cuatro meses, o incluso tan solo una en todo el mandato.El teniente coronel Calvo, jefe de la fuerza del destacamento español ‘Paznic’ E. V.Y supone una gran diferencia respecto a las otras misiones de policía aérea en el Báltico: «En Estonia o Lituania vas a acabar acercándote a un avión ruso de vigilancia o de combate en su ruta hacia Kaliningrado. Aquí puedes acabar disparando un misil. Esa es la gran diferencia», explica el oficial español que lideró el dispositivo de los cazas F-18 desde la base la madrugada del 16 de agosto.Para garantizar esta capacidad de reacción inmediata (24/7), la célula de alerta española funciona como un reloj suizo: dos pilotos, dos mecánicos, dos especialistas en armamento y un piloto supervisor en el puesto de mando (el ‘watchkeeper’). En la plataforma de vuelo, dos F-18 armados con misiles aire-aire guiados por infrarrojos y cañón de 20 mm, flanqueados por otros dos cazas de reserva operativa.Cuando la sirena retumba en la base, los aviadores abandonan el descanso, visten el traje antigravedad y corren a los aviones. Ignoran si les espera una patrulla rutinaria o una espera agónica al límite de la autonomía de combustible. A400M, en misión en Rumanía. Su principal capacidad en la operación es el reabastecimiento en vuelo ABCEl dron ruso Gerbera no busca el ‘dogfight’… o lucha cuerpo a cuerpo contra otra aeronave. Eso es otra característica de estas nuevas misiones. En los paneles de Inteligencia militar de la OTAN figura junto a la familia de los letales Geran-2 (variante rusa del Shahed-136 iraní). A diferencia de estos últimos (capaces de transportar ojivas explosivas de 50 kilos), el Gerbera porta una pequeña carga de entre 0 y 5 kilos. Su verdadera peligrosidad radica en su función táctica: saturar los radares de la OTAN, servir como señuelo (‘decoy’), realizar inteligencia de señales, actuar como relé de comunicaciones o servir de nodriza a mini drones FPV.El adjunto al director en Defensa, Esteban Villarejo, explica las claves de la misión desde la Base Aérea de Mihail Kogălniceanu en Rumanía. Si Para un piloto de F-18, interceptar un objeto volando a 65 nudos exige exprimir los márgenes de maniobra del avión. Por tanto, los escuadrones del Ejército del Aire han tenido que desarrollar una nueva doctrina de interceptación ‘unmanned’ a marchas forzadas. Cada salida aporta telemetría crítica. Para perfeccionar la técnica, el destacamento intercala los servicios de alerta con salidas de adiestramiento Tango Scramble y ejercicios de interceptación coordinada con helicópteros de ataque Apache de EE. UU., presentes en la misma base cercana a la ciudad de Constanza, y aviones F-16 rumanos.Cobertura jurídica adecuadaEl mapa de la misión del 16 de agosto demuestra hasta qué punto la defensa aérea moderna se rige por imperativos del derecho internacional.El dron penetró en espacio OTAN y los F-18 despegaron vectorizados por el control de interceptación. Sin embargo, al aproximarse la patrulla, el Gerbera viró cruzando la línea fronteriza hacia espacio aéreo no aliado (Moldavia). Los F-18 frenaron la persecución en seco: un caza militar español no viola fronteras internacionales bajo ningún concepto operativo.Los aviones de combate entablaron entonces un patrón de espera, orbitando en altitud táctica a la espera de un reingreso del objetivo. Un F-18 asumía la posición de disparo mientras el punto vigilaba el sector.Entran aquí en juego las estrictas reglas de enfrentamiento. Tener el blanco fijado en la pantalla de visualización frontal no autoriza el uso de la fuerza. Se requiere una confirmación positiva de la amenaza y la orden expresa de la autoridad de mando. Esta servidumbre política explica lo ocurrido el 8 de septiembre, en otro caso de incursión de dron ruso, cerca de Iasi (frontera con Moldavia). Ante las informaciones que sostuvieron que los cazas no llegaron a tiempo de intervenir, el jefe del destacamento se muestra categórico: «Los F-18 tardaron escasos minutos en llegar al sector, pero el UAV volaba en espacio aéreo moldavo, donde la OTAN no dispone de mandato legal para el derribo». La velocidad de un caza supersónico es estéril sin la cobertura jurídica adecuada.Puesta a punto de uno de los F-18 que sale en caso de amenaza sobre el espacio aéreo de Rumanía ABC A la servidumbre geopolítica se suma el cálculo de los daños colaterales. El impacto de un misil contra un UAV genera un campo de restos e incendios. Si el arma falla o el dron cae con su carga explosiva sobre una población, las consecuencias pueden ser fatales. Los aviadores españoles deben evaluar en segundos la trayectoria del blanco, la presencia de núcleos urbanos en la vertical y la visibilidad nocturna. Para batir este tipo de amenazas, el F-18 dispone de misiles aire-aire de guía infrarroja y la munición del cañón M61A1 Vulcan de 20 mm. Aquella madrugada se empleó un misil Iris-T. Desde una perspectiva financiera, lanzar un misil de alta precisión contra un dron fabricado con contrachapado y fibra de vidrio puede parecer desproporcionado.Sin embargo, la doctrina militar no evalúa el precio del blanco, sino el valor estratégico de lo que protege. Un dron fuera de control en territorio aliado puede impactar contra infraestructuras críticas, puertos del Danubio o vidas humanas. El radar AN/TPS-43MEl F-18 es la punta de lanza, pero la alerta no existiría sin la vigilancia sorda en tierra. En la localidad costera de Schitu opera otro destacamento español del Ejército del Aire, el Tigru, equipado con el radar de alta movilidad AN/TPS-43M de la unidad del Grupo Móvil de Control Aéreo (Grumoca, base en Sevilla). Medio centenar de especialistas vigilan el mar Negro las 24 horas del día.Cuando esta unidad del Grumoca engancha una traza anómala, la información se procesa en el sistema de mando y control: el radar detecta, el centro táctico identifica, el mando ordena el Scramble, el controlador vectoriza y el piloto ejecuta. Esta arquitectura aérea de seguridad con la OTAN se complementa además a unos 500 kilómetros, en la base de Cincu, con el despliegue de infantes de Marina en un destacamento terrestre. Allí, España despliega un Subgrupo Táctico integrado en el Batallón Multinacional de la OTAN liderado por Francia. El objetivo es la disuasión: si Rusia ataca por tierra a Rumanía lo estará haciendo también contra esos militares de países aliados. Además, el Ministerio de Defensa español enviará en octubre tres helicópteros NH90 «Lobo» del Ejército del Aire que se unirán a la operación para misiones de defensa antidron en otra capa inferior del espacio aéreo. Desde las pantallas de radar en Schitu hasta las tropas de Infantería de Marina en Cincu y la aviación de caza en Mihail Kogălniceanu , la contribución militar de España a la disuasión de la Alianza Atlántica en el Mar Negro se consolida como un pilar estratégico de primer orden.A las cinco de la mañana del 16 de agosto, el Gerbera ruso caía envuelto en llamas sobre territorio rumano. Minutos después, los dos F-18 españoles tomaban tierra sin novedad en la base aérea rumana. Mientras los pilotos abandonaban la cabina, el personal de armamento y mantenimiento ya preparaba los cazas para la siguiente alarma. «Aquí hay que estar listos para la próxima misión», puntualiza el teniente coronel Calvo, líder de estos pilotos en la guerra híbrida de Putin. «Es el primer derribo de la aviación militar española en décadas».Metodología La información de infraestructuras civiles y militares y de misiones, operaciones y actuaciones de disuasión y defensa de la OTAN se ha obtenido de la propia página de la organización. La información relativa a las actividades hostiles sospechosas rusas en suelo europeo procede de ACLED. En su metodología, explican que la etiqueta de «actividad rusa sospechosa» no implica una atribución de dicha actividad a Rusia ni a actores vinculados con Rusia. Asignan el evento cuando una fuente creíble informa de la posible y presunta implicación rusa. Bajo esta etiqueta no se aplican los eventos en los que Rusia sí aparece claramente identificada como autora, que no se muestran en este reportaje.Créditos Desarrollo Carlos Muñoz Díaz
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