Estamos por fin en otoño y, en un día como el domingo, apetece estar en casa, tomarse las cosas con algo más de calma y, por qué no, meterse un rato en la cocina. No hace falta preparar nada demasiado elaborado. Un bizcocho casero para la merienda, acompañado de un café o un vaso de leche, es uno de esos planes sencillos que vuelven a apetecer cuando dejamos atrás el verano.
Y para esa merienda hay una receta que merece la pena probar que se ha mostrado en el canal de Youtube de @beatrizcocina, y tiene algo que seguramente no esperamos encontrar en un bizcocho: unas natillas de vainilla. La youtuber asegura que el resultado queda «tierno y esponjoso» y, viendo el corte final, desde luego tiene buena pinta. Además, el propio envase de las natillas sirve para medir buena parte de los ingredientes, por lo que la preparación resulta todavía más sencilla de llevar a cabo y además, mucho más rápido y sin manchar apenas nada.
Los ingredientes para hacer el bizcocho de vainilla
Para empezar hacen falta tres huevos grandes y unas natillas de vainilla de 125 gramos. Precisamente este último ingrediente es el que diferencia la receta de otros bizcochos caseros y el que aporta el sabor a vainilla. Y lo mejor, es que de la misma manera que al hacer el típico bizcocho de Yogur, solemos usar el vasito de este para medir azúcar, aceite y harina, en este caso podemos hacer lo mismo con el envase de la natilla.
De este modo a partir del envase, mediremos una cantidad de azúcar, otra de aceite de girasol y tres de harina de trigo de todo uso. Añadimos también 15 gramos de levadura química y ya tenemos todos los ingredientes, que por cierto son casi los mismos que los del bizcocho de yogur. De hecho, lo único que cambia realmente es que usamos natillas en lugar de yogur.
Cómo preparar este bizcocho para que quede esponjoso
Con todo preparado podemos empezar con la masa. Beatriz utiliza una batidora para integrar los ingredientes y hacer el proceso más rápido. Después de pasarla, toca mezclar con movimientos envolventes, sin darle demasiadas vueltas ni trabajar la masa más de la cuenta. De esta manera consigue una mezcla fluida, lisa y sin grumos. Para hornear el bizcocho con natillas de vainilla utiliza un molde metálico de corona de 22 centímetros de diámetro y seis centímetros de altura.
El suyo no tiene revestimiento antiadherente, así que antes de echar la masa lo engrasa con un poco de mantequilla y espolvorea harina por el interior. Es un paso sencillo, pero merece la pena hacerlo bien para no encontrarnos después con medio bizcocho pegado al molde. Cuando esté listo, vertemos la masa y la repartimos. A partir de aquí el trabajo prácticamente está hecho y sólo queda esperar al horno.
Cuánto tiempo tiene que estar el bizcocho en el horno
El horno debe estar a 165 grados, con calor arriba y abajo, y el molde se coloca a media altura. Beatriz calcula unos 35 minutos, aunque aquí manda más el propio bizcocho que el reloj. Cada horno es diferente y esos minutos sirven sobre todo como referencia. Antes de sacarlo, la cocinera pincha el centro con una aguja para comprobar si la masa está completamente hecha. «Si la aguja sale limpia es que ya está», señala. Si al retirarla todavía quedan restos de masa, habrá que esperar un poco más antes de volver a hacer la prueba.
Este pequeño gesto es especialmente útil con los bizcochos porque el aspecto exterior puede engañarnos. Que esté dorado por arriba no significa necesariamente que el centro haya terminado de cocinarse. Por eso es mejor comprobarlo antes de apagar el horno y descubrir el problema cuando vayamos a cortarlo.
Un bizcocho de natillas perfecto para la merienda
Una vez fuera del horno, hay que dejarlo templar antes de intentar sacarlo del molde. Beatriz lo mueve ligeramente para asegurarse de que se ha despegado y después le da la vuelta. Es entonces, al cortarlo, cuando se aprecia realmente el resultado de la receta. La miga se ve suave y aireada. Ella la define como «de lo más tierno y esponjoso» y, después de probar el bizcocho, su veredicto es todavía más claro: «Queda tremendo» No necesita coberturas ni rellenos para servirlo, aunque cada uno puede acompañarlo como prefiera.
Puede que este domingo sea un buen momento para comprobarlo. Con el otoño recién estrenado, una tarde en casa, el horno encendido y un bizcocho recién hecho para acompañar el café no parece precisamente un mal plan sino el mejor de todos. Y en este caso tampoco tendremos que pasar horas en la cocina ni comprar ingredientes extraños: unas simples natillas de vainilla son las encargadas de darle ese punto diferente a uno de los dulces caseros de toda la vida.
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