El efecto Kardashian es real. Durante años, los romances del clan han ocupado cientos de titulares y, especialmente, los de las hermanas pequeñas, Kendall y Kylie Jenner. El revuelo fue monumental cuando Kylie comenzó su relación con Timothée Chalamet y algo parecido ocurrió cuando Kendall Jenner hizo pública su relación con Jacob Elordi. Dos hermanas, dos actores y, aparentemente, un mismo manual de estilo para sus novios.
Basta con ponerlos frente a frente para darse cuenta de que algo ha pasado. En las últimas horas, Jacob Elordi se ha dejado ver en el desfile de Bottega Veneta, donde Kendall Jenner fue la encargada de cerrar el show. Y mientras la modelo se convertía en una de las protagonistas de la pasarela, el actor hacía lo propio en el front row. Hasta aquí, todo bien. Lo curioso llega cuando se compara su imagen con la de Timothée Chalamet: misma ropa relajada, mismo pelo con volumen, misma perilla y ese aire de niño malo de lujo que parece haberse instalado en los dos.
¿Casualidad? Probablemente no. Timothée y Jacob son dos actores con personalidades y trayectorias diferentes e incluso no pertenecen al mismo círculo. Eso sí, su evolución estética ha terminado acercándolos hasta el punto de que, en determinadas apariciones, parecen dos personas cortadas por el mismo patrón.
Timothée Chalamet: el efecto Kardashian que le ha llevado de niño a adulto
Este ya era uno de los actores más interesantes de Hollywood cuando comenzó su relación con Kylie Jenner, pero su imagen ha ido dando un giro evidente. El actor ha dejado atrás buena parte de aquellos estilismos más ajustados para abrazar una estética más relajada, adulta y mucho más pendiente de las proporciones. Un buen ejemplo lo encontramos en los Oscar. En 2020 acudió con un look de Prada de corte ajustado y una imagen mucho más juvenil. En la última gala, en cambio, apareció con un traje blanco de Givenchy diseñado por Sarah Burton. La diferencia es evidente: menos rigidez, más personalidad y una sastrería que juega con el volumen sin necesidad de gritar quién firma el traje.
Pero hay otro detalle que resulta imposible pasar por alto: el pelo y la perilla. Su característica melena rizada, con volumen y movimiento, se ha convertido en una de sus grandes señas de identidad. Ahora, además, el vello facial le aporta una imagen más adulta y algo más canalla. Justo ahí empieza el parecido con Elordi.
Jacob Elordi: Kendall tiene su propio Timothée 2.0
Jacob Elordi acudió al desfile de Bottega Veneta en Milán con un estilismo que, sobre el papel, poco tiene que ver con el traje blanco de Chalamet. Pero sólo sobre el papel. El actor apostó por un bomber, camiseta blanca y pantalón amplio en tonos neutros. Una combinación aparentemente sencilla que juega con una de las grandes tendencias actuales: el lujo sin esfuerzo.
El bolso de mano rojo aportaba el punto de color. Pero lo verdaderamente llamativo estaba arriba: el pelo, los rizos y la perilla. Elordi tampoco parece tener intención alguna de domesticar su melena. La lleva con textura, volumen y ese punto ligeramente grunge que consigue que un estilismo de lujo parezca mucho menos estudiado de lo que realmente está.
Y aquí aparece la comparación inevitable. Porque si uno mira a Elordi y después a Chalamet, hay algo más que una coincidencia puntual. Los dos han abrazado prácticamente el mismo uniforme masculino.
Dos hermanas, dos novios y un manual no escrito
Kendall y Kylie Jennexr tienen novios diferentes, pero da la sensación de que sus gustos en cuanto a estética son los mismos. No sólo comparten apellido, sino que cuentan con un talento común para tener novios que terminan pareciéndose entre sí. No visten igual, evidentemente. Chalamet juega más con la sastrería y Elordi con una estética relajada. Pero los códigos están ahí: prendas amplias, lujo discreto, pelo con textura, volumen y, sobre todo, perilla. Uno, por ejemplo, aparece en los Oscar vestido de blanco y el otro se planta en Bottega Veneta con un bomber. Dos escenarios completamente diferentes, pero una misma actitud. Nada demasiado encorsetado, nada demasiado evidente y mucho aire de «me lo he puesto sin pensarlo».
En definitiva, el efecto Kardashian-Jenner está muy bien definido y las mujeres del clan saben perfectamente qué tipo de hombre quieren y todo lo que deben hacer para conseguirlo.
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