La mayoría de las gafas con inteligencia artificial que se venden hoy llevan una cámara en la montura y unos altavoces en las patillas. Las RayNeo iO renuncian a las dos cosas. No hacen fotos, no reproducen música y no sirven para hablar por teléfono. Todo lo que tienen que decirte lo escriben en verde sobre el cristal, y todo lo que necesitan saber lo obtienen de cuatro micrófonos que, si se lo permites, escuchan durante el día entero.
Las he llevado algo más de un mes, por la calle y en casa, y me dejan una impresión doble. Abren muchas más posibilidades de las que esperaba de un aparato que pesa lo mismo que unas gafas de pasta. Buena parte del software, en cambio, se comporta como lo que es, una primera versión, con funciones marcadas como beta, textos sin traducir y una IA que a veces rellena huecos con imaginación.
Así son las RayNeo iO
Las RayNeo iO son unas gafas inteligentes con pantalla integrada y asistente de IA, fabricadas por RayNeo, la marca de gafas de realidad aumentada vinculada a TCL. La compañía las enseñó en la IFA de 2026 y las vende en su tienda oficial europea en dos acabados, Duna (dorado) y Noche polar (gris), con la opción de montar lentes graduadas. No hay que confundirlas con las gafas multimedia de la misma marca, que se conectan por cable al móvil o a la consola para ver vídeo en una pantalla virtual grande. Aquí no hay cine portátil, sino un visor de texto monocromo pensado para consultar de reojo la hora, una notificación, un subtítulo o la respuesta de un asistente, y un sistema de grabación que convierte lo que oyes en notas, tareas y resúmenes.
| Características de las RayNeo iO | |
|---|---|
| Forma de la montura | Crown Panto |
| Material del frontal | Aleación de magnesio y aluminio AZ91D |
| Material de las patillas | Doble aleación de titanio de grado aeroespacial |
| Peso | 33 g |
| Grado de protección IP | Resistencia al polvo y al agua IP54 |
| Solución de pantalla | MicroLED binocular + guía de ondas difractiva |
| Motor óptico | Motor óptico Nano Firefly |
| Volumen del motor óptico | 0,085 cc |
| Transparencia de pantalla activa | 97 % |
| Brillo a la altura de los ojos | 1.300 nits |
| Color de la pantalla | Monocromo (verde) |
| Campo de visión | 23,5° |
| Índice de diferencia de color | ΔE < 2,52 |
| Certificación ISO | Norma EN ISO 12312-1 |
| Certificación de protección ocular | Certificación TÜV SÜD de baja luz azul y sin parpadeo |
| Métodos de entrada | Corona inteligente (rueda y botón), entrada de voz y gestos de la cabeza |
| Entrada de audio | Matriz de 4 micrófonos y sensor de conducción ósea |
| Conectividad | Bluetooth 5.4, certificado MFi |
| Capacidad de la batería | 240 mAh |
| Uso habitual | 48 horas |
| Grabación continua | 18 horas |
| Traducción continua | 6,2 horas |
| En espera (puestas) | 63 horas |
| En espera (plegadas) | 250 horas |
Un diseño que pasa por gafas normales, salvo por detrás
De frente, las RayNeo iO pasan por unas gafas de pasta corrientes. La montura sigue el patrón Crown Panto, de lente casi octogonal y puente marcado, y la marca asegura que combina un frontal de aleación de magnesio y aluminio con patillas de titanio. En la patilla de mi unidad aparece grabada la talla, 50-20-136, que en lenguaje de óptica significa lentes de 50 milímetros, puente de 20 y patillas de 136. Las plaquetas nasales van sobre brazos metálicos regulables, como en cualquier montura de óptica, y eso permite ajustar también la altura a la que queda la pantalla.

Lo que delata la electrónica está en las bisagras y, sobre todo, al final de las patillas. En la bisagra derecha asoma una pequeña rueda estriada, la corona con la que se maneja casi todo. Y en el extremo de cada patilla hay un abultamiento considerable forrado de silicona gris que abraza la oreja. Es la parte que más se nota al ponérselas y la que determina la comodidad, porque la presión se concentra justo detrás de la oreja y no todas las cabezas encajan igual en ese molde.
Los 33 gramos que anuncia RayNeo son una cifra muy baja para unas gafas con pantalla, pero en una jornada larga cansa más el apriete que el peso, y eso conviene probarlo antes de dar la compra por buena. Cuentan además con certificación IP54, suficiente para una lluvia ligera o el sudor de un paseo, no para mojarlas a conciencia.

Una pantalla verde para mirar de reojo
La pantalla combina un diminuto proyector MicroLED con una guía de ondas difractiva, una lámina integrada en el cristal que conduce la luz hasta el ojo. Solo muestra un color, verde, y cubre un campo de visión de 23,5 grados. RayNeo lo vende como una «pantalla de 33 pulgadas» y lo que se ve es un bloque de texto flotando en la parte superior del campo de visión, con la hora en grande y una línea inferior con la fecha, la batería y la temperatura.
Con el sol de media tarde dando de lleno en la calle, los dígitos del reloj se leen sin esfuerzo. La letra pequeña pide más atención, y ahí se aprecia que el brillo máximo, 1.300 nits a la altura del ojo según el fabricante, tiene su límite a plena luz. El cristal apenas oscurece la visión; la marca habla de un 97 % de transparencia y la sensación al llevarlas no desmiente esa cifra.

La posición elevada tiene dos caras. Al no tapar el centro de la vista, una notificación nunca estorba mientras caminas. Leer algo largo, en cambio, obliga a sostener la mirada hacia arriba, y eso fatiga. La altura se puede bajar desde la aplicación, a costa de que el texto invada la zona por la que miras. Para ahorrar batería, el visor se apaga a los pocos segundos y basta con levantar un poco la cabeza para que vuelva a encenderse, un gesto que acaba saliendo solo.
Corona, voz y gestos con la cabeza
El uso se reparte entre tres vías. La corona gira para recorrer los menús, se pulsa para confirmar y con una doble pulsación abre el asistente. Me parece más precisa que las superficies táctiles que otras gafas colocan en la patilla, porque sabes en todo momento qué estás tocando y no hay toques accidentales al colocártelas. La voz entra con «Hey, RayNeo», y con ella se hacen preguntas o se abren funciones. La tercera vía es la más curiosa, ya que ante una notificación del sistema basta con asentir para aceptarla o negar con la cabeza para descartarla.

La aplicación del móvil se organiza en cuatro pestañas, RayNeo, Gafas, Memoria y Descubrir, y es imprescindible, porque desde ella se regula el brillo, se activan las funciones y se consulta todo lo que las gafas registran. Está bien planteada, pero se nota joven. Llama a una misma función Subtítulos en tiempo real en la app y Subtítulos en directo en las gafas, y todavía deja frases en inglés, como la tarea que me sugería probar los subtítulos al menos una vez.
Subtítulos, traducción y teleprónter
Es el terreno donde las RayNeo iO justifican su existencia con más claridad. Subtítulos en directo transcribe lo que dice la persona que tienes delante y, si lo configuras, lo traduce. RayNeo ofrece 55 idiomas y 109 acentos y de un procesamiento rápido en el propio dispositivo, algo que hay que leer con calma, porque las gafas dependen del móvil y de la conexión para buena parte del trabajo.
Con frases cortas responde bien. En una conversación a ritmo normal la traducción va un paso por detrás, lo bastante para romper la naturalidad aunque no para volverla inútil. Cada sesión queda guardada en la app con la grabación, la transcripción, la traducción y una etiqueta que separa tu voz de la de otra persona. Para alguien con dificultades auditivas, poder leer lo que le dicen sin apartar la vista del interlocutor tiene un valor evidente.

El teleprónter muestra un texto que avanza al ritmo de tu voz, pensado para charlas o grabaciones. Se lee con claridad, aunque en sesiones largas vuelve a pesar la posición alta del visor. Más verde está Sugerencias en directo, que escucha la conversación y, cuando detecta una pregunta, propone una respuesta en pantalla. Está marcada como beta y se comporta como tal, porque no siempre identifica cuándo alguien ha preguntado algo.
Lifelog, una memoria que solo oye
Lifelog es la función más ambiciosa y la que mejor retrata el momento del producto. Con ella activada, la app muestra un discreto «Escuchando…» y las gafas registran el audio de la jornada para convertirlo en sesiones con título automático, tareas pendientes y un resumen diario generado por IA. Todo se consulta en la pestaña Memoria, y al asistente se le puede preguntar por lo que quedó registrado. Según RayNeo, Lifelog no conserva el audio original, solo el texto que genera a partir de él.

El resultado es irregular. El resumen de uno de mis primeros días reconstruyó con bastante acierto media hora de conversaciones triviales, con horas exactas, pero añadió dos supuestas tareas pendientes, unas ofertas de una cadena de ferreterías y unas alertas médicas, de las que yo no había dicho una palabra. También valoró mi «tono emocional», concluyó que no había trabajado porque no había oído nada que lo indicara y se atrevió a deducir en qué me había gastado un dinero que mencioné de pasada.
Por separado son fallos menores, juntos dejan ver el problema de fondo. Sin cámara, las gafas solo saben lo que oyen, y un día trabajando en silencio queda registrado como un día sin actividad. Los títulos automáticos de las sesiones siguen la misma línea, unos describen bien el contenido y otros se quedan cortados a mitad de palabra.

Sin cámara y sin altavoces
La ausencia de cámara es la gran baza de RayNeo en privacidad. Nadie a tu alrededor tiene motivos para pensar que le estás grabando en vídeo, y la marca añade que los datos del sistema se anonimizan en las gafas antes de salir de ellas y que el diseño sigue el RGPD. Aun así, unas gafas capaces de escuchar y transcribir el día entero plantean sus propias preguntas, y el piloto que avisa de que los micrófonos están activos se encuentra al final de la patilla, detrás de la oreja, donde nadie lo va a ver. Si activas Lifelog en una reunión o en una comida, lo correcto es avisar.
La otra renuncia pesa más de lo que parece. Sin altavoces no hay música ni llamadas, y el asistente responde siempre por escrito. Para una consulta rápida da igual, pero caminando o con las manos ocupadas una respuesta hablada sería más cómoda que un párrafo en verde.
Batería y carga
La autonomía es de lo mejor del conjunto. Con una batería de 240 mAh, RayNeo anuncia 48 horas de uso habitual, 18 de grabación continua y algo más de seis de traducción sin pausa. Prescindir de cámara, de altavoces y de una pantalla a color ayuda mucho, igual que el apagado automático del visor. La carga es menos elegante. Las gafas no tienen un puerto USB-C propio, sino unos contactos junto al puente donde se engancha un clip que sí lo incluye, y el estuche de carga, que según la marca da para hasta cinco recargas completas, solo viene en el paquete más caro.

Precio de las RayNeo iO
Las RayNeo iO cuestan 499 euros en la versión estándar, con el clip de carga, y 549 euros con el estuche de carga. Son precios promocionales con 50 euros de rebaja sobre la tarifa habitual, que en la versión estándar es de 549 euros. Las lentes graduadas se configuran aparte y encarecen el conjunto. A eso hay que sumar la IA, porque de serie incluyen gratis el asistente de RayNeo y Gemini 3.1 Flash Lite, mientras que otros modelos, como ChatGPT o DeepSeek, exigen una suscripción de 9,99 dólares al mes.
Mi valoración de las RayNeo iO
Las RayNeo iO aciertan en lo más difícil. Meten una pantalla legible en una montura que pasa por normal, se manejan con un control físico que funciona mejor que los táctiles y prometen dos días de batería. Los subtítulos y el teleprónter ya tienen una utilidad clara, y la idea de una memoria a la que preguntar qué hablaste la semana pasada es de las más interesantes que he visto en este tipo de dispositivos.
Fallan a veces en lo que depende del software. La traducción arrastra retrasos, las funciones proactivas son beta de verdad, la app mezcla idiomas y nombres, y el resumen diario inventa y opina más de lo que debería. Tampoco ayudan la falta de altavoces. Por 499 euros, las recomendaría a quien vaya a sacar partido desde hoy a los subtítulos, las reuniones o las presentaciones. Al resto le diría que espere. El hardware está bien resuelto y tengo la impresión de que la próxima generación, con un software más pulido, será bastante más capaz.
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