Había un racimo de prodigios sueltos en Montreal, en el terrible circuito de la ciudad canadiense, y no estaba Tadej Pogacar para marcar los límites de lo imposible. Van der Poel, Evenepoel, Van Aert, Del Toro, Seixas, Pidcock e incluso un español con caché, Juan Ayuso… Tantos candidatos para suceder al genio esloveno y ninguno se viste el maillot más hermoso del ciclismo, el arco iris de campeón del mundo. Lo hace un gregario de Pogacar, Brandon McNulty, sorpresa total con el que nadie cuenta y que por ese motivo tiene libertad de acción. El norteamericano conquista el Mundial en una decepción evidente de la selección española, que no tuvo ningún protagonismo ni opción al éxito. Mattheus logra la medalla de plata y el fenómeno Van der Poel el bronce.(Noticia en ampliación)
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