Aunque la prensa le ha puesto una etiqueta para presentarlo como ‘el cantante de las estrellas’, Juan Peña se define como ‘un cantante del pueblo’ : «A mí lo que me gusta es cantar. Es lo que me hace feliz. Y canto con la misma ilusión ante 70.000 espectadores en la Cibeles que en una cena en un yate para un grupo reducido. Como soy muy creyente, creo que todos somos iguales, todos somos hijos de Dios. Y así trato al público al que me dirijo. Lo que me duele es que algunos vean tras esa etiqueta a un pijo, a un estirado, a un señorito andaluz. Para nada. Soy alguien normal. Visto clásico, eso sí, pero es mi estilo y es algo muy propio de Jerez».Aunque la etiqueta pueda alimentar prejuicios, describe una realidad: sus conciertos privados se reparten entre estrellas de Hollywood, empresarios que acaparan los primeros puestos de la lista ‘Forbes’, las ‘celebrities’ más top de la crónica social y miembros de la realeza. ¿La razón de ese éxito?: «Soy muy puro. Y mi filosofía es muy sencilla, veo, oigo y callo». Esa discreción le permite atesorar momentos que nunca saldrán a luz, pero no le impiden compartir algunos detalles: «Me impresionó la sencillez y cercanía de la Familia Real. Había seguridad fuera, pero dentro dejaron el protocolo a un lado. Eran espontáneos, muy cariñosos. De la actuación para la Infanta Margarita conservo una foto preciosa en la que estoy de rodillas mientras me acaricia el brazo. Quise que me imaginara con los cinco sentidos. Con todos ellos, lo mejor es ser natural».Si hay una anfitriona perfecta, Juan no tiene dudas, es «Isabel Preysler, tan educada y elegante, tan pendiente de todos. Uno de los momentos más emotivos fue mi actuación para el marqués de Griñón». Con Leonardo DiCaprio vivió una experiencia especial : «Era una fiesta en un yate, yo cantaba una rumba y él se puso a bailar. Y sacó a su madre para que le acompañara. Luego, me quitó el cajón y se puso a tocar». Y Lenny Kravitz se emocionó, pidiéndole repetir la canción ‘Amiga mía’ mientras Naomi Campbell y Esther Cañadas estaban sentadas en el suelo tras celebrar una cena íntima.Ni siquiera el propio Juan conoce el repertorio de esos conciertos exclusivos: «No lo tengo planificado, me sale del corazón. Me lanzo y los músicos me siguen». Esa es parte de la magia de su arte, una improvisación nacida del instinto.Pasión por la familiaAhora, el cantante apuesta por ‘Aura’, un espectáculo de fusión que nació tras sentir en Ibiza la llamada de la música electrónica. Incluso se ha formado como DJ y estuvo tentado de subirse a los escenarios a pinchar. Además, este lunes lanza el tema ‘Corazón de acero’, junto a Alba Dreid, que versiona a Chiquetete en clave ‘afro house’. Porque lo suyo es cantar. Y presumir de familia: «Fue conocer a Sonia y saber que ella sería mi compañera de vida, la madre de mi hijo. Soy de tener presentimientos y de hacerles caso. Somos un matrimonio al que solo le falta un papel para hacerlo oficial, nada más, pero nuestro vínculo se basa en la confianza, el respeto, el amor y la pasión, porque cuidamos siempre la llama para mantenerla viva». «No he hecho nada de lo que arrepentirme, todo lo que hago es entregarme por completo» Juan PeñaFruto de su amor nació Tristán: «No puedo sentirme más orgulloso de él. Es noble, bueno, capaz de jugar con el hijo de un ministro en una mansión o compartir lo que tiene con un chico de la calle. Se preocupa por las personas, no por lo que tienen. Se ha educado con valores, como el trabajo, porque ha visto a su padre cantando incluso en Nochebuena». Lo único que teme es que la sangre de Dámaso González, su abuelo, haga decantarse por la profesión de torero: «No es que no me guste, es que me daría mucho miedo, sería un sinvivir».Sonia y Tristán son su verdadero tesoro: «Los tres formamos una unidad, sobre todo cuando estamos en Madrid, porque estamos solos». Pero se tienen los unos a los otros, los demás no importan. A Juan le resbalan los rumores, las críticas veladas sobre su vida: «Tengo claro que no he hecho nada de lo que arrepentirme, todo lo que hago es entregarme por completo para conseguir que todo sea lo mejor posible».El cantante Juan Peña, de niño. Foto cedida a ABCMuy personalEl emoji que más usa: «La cara que está como pensando, con la lupa, porque cada vez me encuentro con que la gente duda más de lo normal».Se haría un selfi con: «Jennifer López».Un sacrificio por la fama: «Matarme en el gimnasio para poder lucir palmito».Un momento ‘Tierra, trágame’: «Con mi pésimo inglés, en lugar de decirle a Denzel Washington que le admirada, le dije ‘I love you’ varias veces».Algo que no puede faltar en su día a día: «El buen rollo, la buena energía y comer muy bien».Un propósito que nunca cumple: «Nunca consigo mantener una dieta».Su primer beso: «Se llamaba Silvia, era mi primer amor. Sonaba ‘Se te nota en la mirada’ en la Feria de Jerez. Me trae recuerdos de juventud, de frescura. Fue muy bonito».Un lugar para perderse: «Ibiza, en cualquiera de sus playas y calas. Me encanta su energía. Espero envejecer allí».Tiene miedo a: «Más que a la enfermedad, al dolor que lleva consigo».Dentro de diez años se ve: «Más maduro, sobre todo para aprender a decir no y no caer en la trampa de la gente que me puede hacer daño. Espero ser feliz cantando, teniendo siempre a la familia cerca (tengo una cláusula en los contratos en Navidades, por ejemplo, para que se vengan conmigo)».El pequeño Juan: «Fui un niño realmente feliz que nació en el seno de una familia normal. Organizaba conciertos en el patio de casa y cobraba cinco pesetas la entrada. Yo siempre me buscaba la vida; vendía pasteles, cromos… No era buen estudiante, pero era bueno en el colegio, salvo que me expulsaron nueve días por subirme a una mesa a cantar. Cantaba hasta para contestar a los profesores. Tenía muchos amigos. Para mí, la amistad es tan valiosa como la familia. Un amigo es como un hermano, daría un brazo por él».
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