El domingo se representó una función infantil. El lunes se anunció la programación de octubre a enero. Y el martes quedó clausurado hasta, en el mejor de los casos, dentro de cuatro años. En dos siglos de historia, el Teatro Principal de Valencia ha sobrevivido a conflictos bélicos, pero no ha podido con la desidia política que lo ha abocado al cierre inmediato, sin planificar su futuro, tras décadas postergando lo inevitable.«¿Por qué hemos tenido que llegar hasta aquí?», se preguntaba estupefacto uno de los trabajadores del recinto, que ya advirtieron en 2017 de que el espacio cultural imploraba «una intervención urgente» por el déficit de inversión. El escenario por el que antaño pasaron grandes nombres de la ópera, la música y la danza -allí Manuel Penella estrenó ‘El Gato Montés’, deslumbró Concha Piquer o debutó Nino Bravo- hace varias legislaturas que dejó de ser referente en la ciudad, casi a la par que se acentuaba su declive físico.La Diputación de Valencia, propietaria del inmueble que cogestiona con la Generalitat, ha asumido ahora el titular que nadie había querido dar en todo este tiempo a cuenta de un informe pericial demoledor, pedido por la institución antes de verano.Pese a que se descarta el colapso del edificio, pone negro sobre blanco desde el riesgo de desprendimiento de cornisas a la calle hasta problemas en la red de evacuación de aguas, origen de buena parte de las lesiones detectadas. No obstante, son las medidas de seguridad frente a una evacuación lo que reviste mayor gravedad, con salidas obstruidas u otras deficiencias contra incendios que podrían convertir el recinto en una ratonera en caso de emergencia.Aunque agravadas, gran parte de ese rosario de deficiencias ya se conocían desde que el Plan Director encargado por el PSPV-PSOE y Compromís llegó a los despachos de la corporación provincial justo cuando se produjo el vuelco de las instituciones valencianas hacia el PP en 2023. Algo así como que entre todos lo mataron y él solo se murió.Hay numerosos desperfectos en el edificioLa sombra de un cierre programado para acometer una necesaria reforma integral -descartada una intervención por fases- se cierne desde entonces. Ese estudio apuntaba a la falta de comunicación entre las dos administraciones implicadas y a la indefinición en el convenio suscrito con el Institut Valencià de Cultura (IVC) sobre quién debía suplir las carencias reseñadas. La Diputación decidió durante el verano de 2024 -tras la salida de Vox del gobierno autonómico, donde ostentaba las competencias en este ámbito- asumir el mantenimiento del Bien de Interés Cultural (BIC). La institución provincial denunció entonces que las inspecciones técnicas obligatorias no se pasaban desde cinco años atrás -con la izquierda en el poder- y apuntó a un cierre de cara a la siguiente legislatura. Más allá de parches, la última gran inversión se remonta a 2019, cuando se limpió y acondicionó la fachada y la cubierta para tapar las grietas y evitar filtraciones. Para ello se actualizó un proyecto que llevaba quince años en un cajón.Implicación del GobiernoNadie ha querido asumir hasta ahora el coste político de inhabilitar temporalmente el teatro en un contexto en el que parecía que la cultura se caía a pedazos en Valencia. En octubre de 2016 cerraba por problemas estructurales el Escalante, propiedad de la Diputación, cuya programación deambula desde entonces por distintos espacios a la espera de tener sede propia. El Ayuntamiento de Valencia también se vio obligado a clausurar entre 2019 y 2023 el Palau de la Música por desprendimientos en sus salas.El tiempo que el telón del Principal, que abrió sus puertas en 1832, permanezca bajado dependerá de la burocracia y de quién pague la factura. Se prevé licitar a principios del año que viene la redacción de un proyecto cuyo coste se estima en 50 millones de euros. Las administraciones valencianas ya han reclamado la implicación del Ministerio de Cultura, que no se ha pronunciado todavía.El consistorio de la capital del Turia quiere tener un porcentaje de la propiedad del edificio para asumir parte de la reforma y la Generalitat también se ha abierto a colaborar. No ha respondido todavía sobre por qué presentó la programación pese a que la Diputación estaba a la espera de las inspecciones realizadas y, según señalan desde el ente, habían advertido sobre ello a la Conselleria de Cultura, quien aseguran que debía velar por cumplir los planes de autoprotección.El informe -firmado por el arquitecto el viernes anterior- llegó a la corporación el mismo lunes en el que se produjo la rueda de prensa. Evidenció la distancia entre dos administraciones gobernadas por el mismo partido, en un momento de tensión entre los dirigentes del PP valenciano por la indefinición de Génova a la hora de oficializar al candidato para las próximas autonómicas.El presidente del ente provincial, Vicent Mompó, llamó para informar de la decisión que se anunciaría a los medios al día siguiente tanto al presidente de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, como a la alcaldesa de Valencia, María José Catalá, que ha dejado claro su enfado por no haber sido advertida antes de la situación.En paralelo, el sector de las artes escénicas pide plazos ante -como mínimo- un lustro de travesía en el desierto y una comisión de seguimiento de los pasos que vayan dando todas las instituciones para que el Principal -«convertido en un zombi», como lo definió el coreógrafo y bailarín Nacho Duato- vuelva a acoger funciones.Mientras se hace el encaje de bolillos para que ninguno de los ocho espectáculos previstos para los próximos meses -trasladados al Palau de Les Arts con la consiguiente reducción de aforo- decaigan, las empresas piden una hoja de ruta a medio y largo plazo para proteger a las compañías que han perdido un potente escaparate público en el que programar sus producciones.
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