BepiColombo , una nave del tamaño de una furgoneta grande –sin contar sus enormes paneles solares desplegados, que alcanzarían una altura comparable a la de un edificio de diez plantas–, viaja de camino a Mercurio; Solar Orbiter se eleva en el espacio para poder fotografiar los polos del Sol, un lugar nunca visto por el ojo humano; los telescopios Euclid y Gaia flotan a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra escudriñando el universo; y Juice continúa su viaje hacia las lunas de Júpiter, algunas de ellas potencialmente habitables. Desde allí arriba, todas estas misiones mantienen una conversación constante con la Tierra: envían datos, informan de su estado, reciben órdenes y permiten a los científicos saber dónde están y qué está ocurriendo a su alrededor. Pero para que esas señales puedan recorrer millones de kilómetros hace falta algo mucho más cercano: antenas en la Tierra capaces de escucharlas.Una de ellas se encuentra en Cebreros, un pequeño municipio de Ávila enmarcado en el Sistema Central, muy cerca de la Sierra de Gredos. La Estación de Seguimiento de Satélites de Espacio Profundo de la Agencia Espacial Europea (ESA) puede comunicarse con naves situadas a cientos de millones de kilómetros y, con sus capacidades actuales, llegar hasta Júpiter. El pasado verano, sin embargo, el mayor peligro para esa conexión no llegó del espacio, sino desde la superficie terrestre en forma de fuego.Los incendios de la Comunidad de Madrid y de Ávila avanzaron por el corazón de España y obligaron a evacuar la estación . Durante cinco días y cuatro noches, la UME tuvo que proteger no solo Cebreros, sino también el mítico Complejo de Comunicaciones del Espacio Profundo de Madrid –Madrid Deep Space Communications Complex (MDSCC)– de Robledo de Chavela , situado a apenas unos kilómetros. Allí se encuentran las antenas de la NASA que, en 1969, recibieron y retransmitieron las primeras palabras que confirmaron que el hombre había aterrizado en la Luna . Esta es la historia de los cinco días en los que el fuego estuvo a las puertas del espacio profundo.«La cosa está muy mal»Jorge Fauste, director de la estación de la ESA en Ávila, estaba de vacaciones, pero seguía por las noticias cómo empeoraba la situación. «Vi que la cosa estaba mal», recuerda hoy, dos meses después, con la voz aún quebrada. Llamó al alcalde de Cebreros y preguntó cómo estaba el incendio. La respuesta confirmó sus temores: «Muy mal», le respondió el edil al otro lado del teléfono. La mayoría de su equipo (formado por algo más de una docena de personas) se encontraba teletrabajando y en las instalaciones solo estaba el guardia de seguridad. «Si hubiéramos perdido la antena, habríamos perdido el contacto con nuestras misiones en el espacio, nos hubiese costado miles de millones y cuatro o cinco años de reparaciones» Josef Aschbacher Director de la ESA«Un compañero residente en Cebreros decidió acercarse y entre los dos prepararon la instalación, extendiendo las mangueras y dejando los equipos listos para utilizarse. Debido al fuego, no pudo volver a su casa hasta tres días después. Fue un acto totalmente altruista», cuenta Juste en las instalaciones ahora rodeadas por colinas calcinadas. Gracias a aquel gesto y a otros muchos que se sucedieron en las horas y días siguientes, se pudo salvar una infraestructura crítica que «nos conecta con las estrellas», señaló en el evento de agradecimiento organizado por la ESA en la propia estación el director de la agencia, Josef Aschbacher, quien quiso agradecer personalmente la labor de todos los implicados en la extinción de aquel incendio. En la foto superior, los representantes de los organismos que ayudaron a extinguir el fuego de Cebreros junto con el director de la ESA y el de la Agencia Espacial Española en el acto celebrado en las instalaciones. Abajo a la izquierda, el jefe de la UME, el coronel Marcos, junto con el director de la ESA, Josef Aschbacher; a su lado, la antena de Cebreros y el paisaje totalmente calcinado al fondo. Ignacio GilPero llegar a su final costó días. El viernes, el fuego avanzaba de forma tan rápida que obligó a tomar una decisión inaudita en Cebreros: evacuar la estación y dejarla completamente vacía. A última hora de la tarde del viernes, la estación quedó abandonada. Solo veían cómo avanzaba el fuego gracias a algunas cámaras fijas, entre ellas las situadas en la entrada y en las proximidades de los telescopios, que mostraban cómo el fuego se iba acercando de manera inexorable. Fauste comenzó entonces otra cadena de llamadas: al 112, a la Agencia Espacial Española y al INTA. Desde allí se contactó con la UME. Finalmente, alrededor de la medianoche, varias horas después de la evacuación, las cámaras mostraron algo que todos estaban esperando: la llegada de los militares. Imagen de las cámaras de seguridad apuntando a la antena de Cebreros donde se pueden observar las llamas al fondo. ESACuatro noches defendiendo una antena«Cuando el fuego parecía que se alejaba, se daba la vuelta y volvía a atacar», explica el teniente general Francisco Javier Marcos Izquierdo, jefe de la UME. «Tenía un comportamiento errático». La prioridad eran las vidas humanas, después las poblaciones y las vías de evacuación. Pero también se señalaron las infraestructuras críticas que debían protegerse, como Cebreros y Robledo de Chavela. «Aquí vimos la importancia de cómo se ha trabajado el terreno previamente: en Robledo, aunque a simple vista parece se quedó cercada por las llamas, la limpieza del terreno ayudó mucho a su control; en Cebreros, la orografía y los matorrales pusieron más complicado el trabajo de todos los que participaron, efectivos no solo de la UME, sino también bomberos, Guardia Civil, Policía y Protección Civil y gente de los ayuntamientos de la zona como Cebreros o El Tiemblo», dice mientras asiente con la cabeza, mirando a todos los representantes reunidos allí. «El fuego no entró en las instalaciones. Hemos tenido mucha suerte», declararon desde la ESA tras el fin del incendioEl sábado hubo nuevos focos alrededor. El domingo otro frente se acercó por un lateral. Y el lunes y el martes todavía aparecían conatos, aunque lo peor parecía haber pasado. «El fuego no entró en las instalaciones», aseguraron fuentes de la ESA a ABC el lunes. «Todo está funcionando bien y las comunicaciones están intactas. Hemos tenido mucha suerte». Robledo de Chavela también contó con la fortuna de su lado. «La inspección inicial sobre el terreno encontró daños por incendio forestal principalmente en el pavimento y la vegetación circundante, sin observar deterioros estructurales significativos», señaló Bethany Stevens, portavoz de la NASA. «La NASA extiende su sincero agradecimiento a los respondedores de emergencias españoles y a los miembros del Ministerio de Defensa, el Ministerio del Interior y el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades por su profesionalismo y esfuerzos incansables para ayudar a proteger la instalación en condiciones extremadamente desafiantes».Alrededores de una de las antenas de la estación de Robledo de Chavela, de la NASA, tras el incendio. NASA«Si hubiéramos perdido la antena, tendríamos un problema muy serio», reconoce ante los medios Aschbacher, jefe de la ESA. «Habríamos perdido el contacto con nuestros satélites, con nuestros telescopios y con las misiones que tenemos en el espacio». Y no solo eso: de las cuatro antenas de espacio profundo que tiene la agencia europea (junto con la de Ávila, dos en Nueva Norcia, Australia; y otra en Malargüe, Argentina), la de Cebreros es la única que podría sustituir al Centro Europeo de Operaciones Espaciales (ESOC), en Darmstadt (Alemania), desde donde se controlan las funciones de las naves. «Reconstruirla nos hubiera llevado mucho dinero y cuatro o cinco años», admite. El incendio termina, pero la historia noDos meses después, las llamas ya no están. Pero los responsables de la estación y de la UME insisten en que el incendio no terminó realmente cuando desapareció el fuego, aunque los brotes verdes en algunas copas hagan pensar que no todo está perdido. «El fuego avanzó tan rápido que fue por la superficie. Pero eso no significa que los árboles estén intactos, esos troncos están dañados». Y no solo eso: las cenizas que terminan en los ríos y otros daños que todavía no se perciben exigirán tiempo y trabajo. «Todavía queda trabajo aquí», reconoce el general Marcos. MÁS INFORMACIÓN noticia Si Encontrar vida en Encélado puede ser mucho más fácil de lo que se creía noticia Si Astrónomos captan por primera vez señales de radio de un planeta fuera del Sistema SolarAjenas a todo esto, BepiColombo, Solar Orbiter, Gaia, Euclid, Juice y otras misiones monitorizadas por las estaciones de Cebreros y Robledo de Chavela siguen con sus viajes. Continúan enviando sus señales desde millones de kilómetros, contando a la Tierra dónde están y qué encuentran en su camino, desvelando poco a poco los enigmas de otros mundos y del propio universo. Aquí abajo, tras cinco días de fuego, las antenas vuelven a escuchar sus voces lejanas.
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