Loquillo conoce Barcelona desde dentro. Nació en la capital catalana, creció entre sus calles y convirtió buena parte de sus experiencias en una forma de entender la música y la vida.
A sus 65 años, el cantante sigue observando con atención la transformación de una ciudad que considera inseparable de su propia historia. Y, aunque reconoce que la Barcelona actual conserva elementos que le siguen emocionando, también admite que echa de menos parte de aquella ciudad que conoció durante su juventud.
El artista, cuyo nombre real es José María Sanz Beltrán, recorrió las calles de Barcelona junto a Jordi Évole para el programa Lo de Évole, en una conversación en la que repasó algunos de los recuerdos que guarda de la capital catalana.
Uno de los aspectos que más preocupa al cantante es la pérdida de protagonismo del comercio y la vida local. Loquillo considera que Barcelona corre el riesgo de alejarse de algunas de las características que durante años le dieron una identidad propia. «Nos hemos olvidado de nuestra propia gente, nos hemos olvidado de cuidar el comercio local, del modo de vida local», ha explicado durante la entrevista.

La música ocupa un lugar especialmente importante en esta reflexión. El cantante lamenta que cada vez existan menos espacios donde las bandas puedan comenzar sus carreras y encontrarse con el público. «Me duele, por ejemplo, que Barcelona cierre los locales de conciertos, donde empiezan las bandas, y que cada día cierre uno», ha señalado.
Para Loquillo, el problema no afecta únicamente al rock. También considera que la desaparición de estos establecimientos perjudica a otros estilos musicales y, con ellos, a una parte de la memoria cultural de la ciudad. Rock, pop o jazz necesitan espacios donde los artistas puedan tocar y donde los ciudadanos puedan descubrir nuevas propuestas.
La libertad en Barcelona
Al hablar de la Barcelona de su juventud, Loquillo se detiene inevitablemente en las Ramblas, uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad. Su recuerdo está ligado a una época de cambios profundos en España, marcada por los últimos años del franquismo y la posterior transición democrática.
«En aquella época, las Ramblas era un hervidero de libertad. Barcelona era la ciudad más libre de España y estaba en conexión directa con Europa», ha recordado el cantante. Su explicación está vinculada al contexto político y social de aquellos años, cuando todavía no se había aprobado la Constitución y existía un periodo de transición entre la muerte de Franco y las primeras elecciones.
«En ese momento aún no se había aprobado la Constitución. Había un agujero de reglas, un vacío entre la muerte de Franco y las primeras elecciones», ha explicado. Loquillo habla de aquella Barcelona desde una perspectiva profundamente personal: «Yo vivo en esas Ramblas y yo soy hijo de ellas».
El cantante también observa con preocupación el impacto que ha tenido el crecimiento del turismo. Sin embargo, su crítica no se dirige contra quienes visitan la ciudad. De hecho, se distancia expresamente del movimiento Tourist Go Home. Su planteamiento pasa por otro modelo de convivencia en el que los visitantes puedan conocer una Barcelona con personalidad propia.
Una ciudad que ha cambiado mucho
La entrevista con Jordi Évole también lleva a Loquillo a plantearse cómo será la percepción de Barcelona dentro de varias décadas. El cantante recuerda que incluso a finales de los años setenta ya había personas que consideraban que la Rambla había perdido parte de lo que había sido. Una reflexión que, en su opinión, demuestra que la nostalgia por una ciudad concreta no es algo nuevo.
«Puede pasar que de aquí a 50 años alguien recoja este programa y diga: qué auténtica aquella Barcelona», ha apuntado. La frase resume una de las ideas centrales de su reflexión: todas las ciudades cambian y cada generación construye su propio recuerdo de ellas.
Pero eso no significa que Loquillo rechace por completo la Barcelona actual. Al contrario, reconoce que todavía hay aspectos de la ciudad que le emocionan y que conectan con la esencia que él recuerda de su juventud.
Entre ellos está su propio barrio, el Clot, que durante décadas fue un ejemplo de la diversidad que ha caracterizado a Barcelona. El cantante recuerda cómo se asentaron allí personas procedentes de distintos puntos de España que habían llegado a la capital catalana en busca de trabajo.
«El barrio era una mezcla de murcianos, aragoneses, andaluces, extremeños… que le daban un gran color al barrio», ha explicado. Aquella diversidad permitía descubrir, según sus palabras, «100.000 acentos» en un mismo espacio.
Ahora observa un fenómeno parecido, aunque con una composición diferente. Personas procedentes de Europa, del norte de África y de Latinoamérica forman parte de la realidad de la ciudad y para Loquillo contribuyen nuevamente a transformar los barrios.
La reflexión de Loquillo dibuja así una Barcelona atravesada por los cambios, pero también por una identidad que, según su visión, todavía puede encontrarse en sus barrios, en su cultura y en su capacidad para mezclar diferentes formas de vivir. Una ciudad distinta de la que conoció en los años setenta, pero que, precisamente por su carácter cambiante, continúa formando parte esencial de su historia personal.
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