Tenía Alejandro Davidovich esa sombra de si conseguiría ser campeón algún día. Había alcanzado cinco finales y las había perdido todas: la presión, los nervios, la falta de fe en uno mismo. Pero se mantuvo en pie, convenciéndose cada día de trabajo en que haría suyo un trofeo de los grandes. Se confirmó este junio, en Mallorca , y ya después de haberse demostrado que sí es capaz, de teoría y de práctica, se destapa con su segundo título en cuatro meses: campeón en el ATP 250 de China, tras ganar en la final a Hubert Hurkacz, 29 años y 41 del mundo.Alejandro Davidovich 6 7 Hubert Hurkacz 4 6Mayor proeza a su empresa si se cuenta que llegaba el español de dos meses de lesión en la espalda, siempre tan complicada esa zona para los tenistas. Su último partido fue el 13 de julio, todavía en tierra batida, en el ATP 250 de Umag (perdió contra Alex Molcan). Y se presentaba por primera vez en este torneo que todavía castiga más al cuerpo: calor, humedad y la pista rápida. Y un Hurkacz, aunque castigado por las lesiones en los últimos tiempos, tiene en su haber ocho títulos (dos Masters 1.000, Shanghái y Miami) y fue seis del mundo en 2024, al otro lado de la red.Pero ya había derrotado en el camino a Juan Manuel Cerúndolo (6-4 y 6-4), a Alexandre Muller (6-1 y 7-5) y a Nikoloz Basilashvili (4-6, 6-4 y 6-3). Ya en el partido definitivo, más entrega y destellos. Con un 95 % de puntos ganados con el primer servicio, martirizó al polaco en el primer set. Desde el fondo, buena mano y convicción para atizar de lado a lado y castigar al rival, que empezó a enredarse y hasta a cometer dobles faltas.Se enderezó el polaco en el segundo set, mucho más firme con su servicio gracias a sus casi dos metros de altura, pero no consiguió superar la rocosa defensa del español. También seguro y armándose de paciencia al no tener opciones de rotura pero pellizcando de vez en cuando la autoestima del polaco, que acumulaba ya hasta 29 errores.Siguió allí Davidovich, como ha seguido estas temporadas, más centrado y paciente que nunca. Logró driblar momentáneamente la resistencia de Hurkacz en el 5-5, con dos bolas de ‘break’ que desataron la furia del polaco, y también su orgullo. Levantó los dos momentos de peligro y metió un saque más rotundo para asegurarse el ‘tie break’.Ni se inmutó el malagueño, ni cuando Hurkacz aceleró en ese desempate y hasta contó con cuatro bolas de set. Este es el Davidovich que rompió las barreras en Mallorca y se convenció por fin que estaba entre los elegidos para poder ganar cualquier título. Que fue finalista en el Masters 1.000 de Montecarlo en 2022, en Delray Beach, Acapulco, Washington y Basilea antes de ese día grande en junio.Salió ese Davidovich, capaz de sufrir los mejores momentos del polaco, que se envalentonó para rozar que la final se marchara al tercer set. Pero no se lo permitió esta versión del español, que se despejó de aquellas lágrimas cuando no pudo con Alex de Miñaur en Washington el año pasado y explotó sus mejores golpes: voleas, remates, carreras infinitas, defensas imposibles y dos puntos para darle la vuelta a todo con una rotura definitiva para el 6-5 y un saque que completó la segunda gran hazaña de su carrera.Además de la alegría de juego, de sus brillantes momentos, 16 derechas ganadoras, 9 reveses ganadores; solo 8 errores no forzados por 32 del rival. Sobre todo, más fe, más convicción y más seguridad. Atrás han quedado ya las dudas, los demonios y la pesada losa de si será capaz . Ya lo es. «Antes de ganar en Mallorca sentía esas malas sensaciones con las finales. Pero a partir de ahí, me creí que podría estar en más finales, aprendí a manejar la presión en los momentos complicados, y peleados. También ha sido un poco de suerte, pero estoy muy feliz de cómo he encarado esta situación», comentó el jugador con esa sonrisa de alivio, satisfacción y orgullo, con el trofeo en la mano. «No es fácil describir el tie break, él sirve muy bien he aprovechado mis pequeñas oportunidades, cuando he roto en el 6-5. Y he mantenido la esperanza para continuar peleando». Y también estos meses de entrar y salir de lesiones: «Quiero dedicarles esta victoria al grupo, a mi mujer. Gracias por el apoyo de cada día, aguantarme dos meses en casa no es fácil. He vuelto más fuerte. Gracias a ellos, que han sido vitales para regresar de esta manera». Para siempre, su segundo título, un paso más allá después de haber roto todas las barreras mentales. Y también: «Bueno, es la primera vez en mi vida que veo osos panda», sonrió al final, con ese osito panda dentro del trofeo en la que consolida como campeón.
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