Enchufar el teléfono con la batería al 60 % o al 80 % es un gesto habitual para mucha gente. Según los divulgadores que han analizado esta costumbre, detrás no suele haber un motivo técnico, sino psicológico: la necesidad de sentirse preparado y tranquilo ante lo que pueda pasar.
El término «ansiedad por batería baja» lo acuñó en 2016 el fabricante LG a partir de una encuesta en línea a 2.000 usuarios de teléfonos inteligentes mayores de edad en Estados Unidos. Casi nueve de cada diez aseguraron sentir pánico cuando la batería bajaba al 20 % o menos. La propia compañía aclaró que no se trata de una enfermedad ni de un trastorno de ansiedad reales. La encuesta formaba parte, además, de la campaña de promoción de uno de sus móviles, uno de mayor batería.
Este hábito está relacionado con la nomofobia, un término que procede del inglés no mobile phone phobia. Según un estudio recogido en la base de datos del Centro Nacional de Información Biotecnológica de Estados Unidos, la nomofobia consiste en el miedo a perder el contacto con el teléfono y la ansiedad que aparece cuando no se puede usar. Tener siempre la batería llena sería una forma de calmar esa inquietud.
Los rasgos que se le atribuyen
El portal indonesio Liputan6 ha reunido algunos de los rasgos que suelen asociarse a quienes cargan el móvil constantemente. Se basa en parte en la web divulgativa Simply Psychology, que menciona como señales típicas de la ansiedad por el teléfono el pánico ante la batería baja, la dificultad para esperar sin mirar una pantalla y la costumbre de revisarlo de forma automática.
Según esta lectura, estas personas suelen necesitar sensación de control y seguridad. También tienden a ser meticulosas, previsoras y perfeccionistas: llevan batería externa y cables de repuesto y quieren empezar el día con todo listo. Algunas temen no estar localizables cuando alguien las necesite, mantienen un fuerte apego al teléfono o vigilan continuamente el porcentaje de carga. Estas asociaciones son interpretaciones generales y el texto no cita estudios que las respalden una a una.
El mismo artículo sostiene que la bajada del nivel de batería puede provocar reacciones físicas propias de una amenaza, como un aumento del ritmo cardíaco y sensación de inquietud. Añade que los adolescentes serían el grupo más afectado por la nomofobia.
Cómo gestionar la costumbre
El artículo insiste en que no hace falta eliminar el hábito, sino evitar que se convierta en una fuente de ansiedad. Propone cargar el teléfono siempre a la misma hora, por ejemplo por la noche, y dejar cargadores en el escritorio y junto a la cama. Otra opción es llevar una batería externa como red de seguridad.
También recomienda acostumbrarse poco a poco a dejar que la batería baje al 30 o 40 % sin enchufar el móvil y ocultar el porcentaje en pantalla si se consulta demasiado. Pasar ratos sin el teléfono, empezando por 15 o 30 minutos, ayuda a sentirse cómodo desconectado. Si la preocupación llega a afectar a las actividades diarias, al sueño o a las relaciones personales, aconseja consultar a un psicólogo.
En cuanto a la batería, el texto señala que los teléfonos modernos detienen la carga al llegar al 100 %, por lo que cargar a menudo no es tan perjudicial como se creía. Para alargar la vida de las baterías de iones de litio, suele recomendarse mantenerlas entre el 20 % y el 80 % y evitar el calor excesivo.
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