En 1935, Australia recurrió a una solución biológica para proteger sus plantaciones de caña de azúcar: introducir sapos de caña procedentes de Hawái. La idea parecía sencilla, pero el experimento acabó alterando ecosistemas enteros.
Nueve décadas después, el animal se ha convertido en una de las especies invasoras más problemáticas del país.
Australia introdujo 101 sapos de caña para combatir una plaga en los cultivos
El sapo de caña (Rhinella marina) se adapta con facilidad, consume una gran variedad de presas y cuenta con una defensa especialmente eficaz frente a muchos depredadores: una toxina que segrega a través de unas glándulas situadas detrás de los ojos.
Los 101 ejemplares llegaron a Gordonvale, cerca de Cairns, en Queensland. Los científicos pretendían que acabaran con los escarabajos cuyas larvas atacaban las raíces de la caña y dañaban los cultivos.
El plan partía de experiencias anteriores en otros territorios donde el sapo había demostrado capacidad para alimentarse de insectos.
El problema apareció después de su reproducción en cautividad. Los descendientes se liberaron en distintas zonas productoras de Queensland y encontraron unas condiciones favorables para expandirse.
¿Por qué los sapos de caña se convirtieron en una plaga en Australia?
La estrategia no consiguió controlar de forma significativa a los escarabajos de la caña. En cambio, los sapos prosperaron y ampliaron rápidamente su territorio. Su presencia afecta a la fauna autóctona porque pueden competir por alimento y refugio, además de envenenar a animales que intentan cazarlos.
El National Museum of Australia explica que la especie se extendió desde Queensland hacia Nueva Gales del Sur, el Territorio del Norte y la región de Kimberley, en Australia Occidental.
El organismo señala también que su avance hacia el oeste alcanza entre 40 y 60 kilómetros al año. Por otro lado, hay que destacar que el sapo ya se consideraba una especie problemática en 1950.
El veneno constituye uno de los principales factores de su impacto ecológico. Numerosos depredadores nativos no estaban adaptados a esta sustancia y pueden morir después de ingerir un ejemplar.
Por otra parte, los sapos son consumidores indiscriminados y compiten con especies autóctonas, lo que amplía sus efectos más allá de los animales que los cazan.
¿Cómo intenta Australia controlar al sapo de caña?
La expansión de esta especie invasora ha obligado a combinar distintas estrategias. Las capturas manuales permiten retirar ejemplares en determinadas zonas, mientras los investigadores estudian métodos que actúen sobre las poblaciones en fases tempranas de su desarrollo, como los renacuajos.
El Gobierno australiano ya consideraba en 2010 improbable disponer de un método capaz de controlar a gran escala la población de sapos de caña en todo el país.
La investigación se ha orientado también a proteger a las especies nativas más vulnerables y a estudiar cómo algunos animales están desarrollando respuestas frente a la presencia del invasor.
La historia comenzó con una introducción de 101 ejemplares y una finalidad agrícola muy concreta. Sin embargo, la falta de estudios previos sobre sus posibles efectos ambientales permitió que una medida de control biológico terminara generando un problema ecológico de dimensiones nacionales.
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