Un nuevo estudio internacional ha revelado toda una serie de beneficios y funciones insospechadas de los insectos, desde la farmacología de los chimpancés hasta el aire acondicionado de los reptiles, y advierte que su silenciosa extinción amenaza a toda la vida del planeta.Llegaron a este mundo hace alrededor de 480 millones de años , muchísimo antes que nosotros, cuando las primeras plantas empezaban también a colonizar la tierrafirme. Y lo llenaron de vida de tal forma que, incluso hoy, varios siglos después de haber empezado a clasificar a las criaturas del planeta, seguimos encontrando entre 6.000 y 10.000 especies nuevas cada año.Conocemos ya más de 1,1 millones de especies de insectos, y hasta hace poco los científicos creían que en realidad podría haber hasta seis millones de ellas. Pero un estudio publicado en junio en ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’ (PNAS), elevó drásticamente la estimación: habría entre 14 y 20 millones de especies en todo el planeta. Algunos cálculos alcanzan incluso los 30 millones.Dicho de otro modo: la inmensa mayoría de los insectos que existen aún son desconocidos para la ciencia. Y ahora un nuevo estudio acaba de descubrir que tampoco conocemos bien todo lo que hacen.Mucho más que comidaDesde hace tiempo los científicos saben que los insectos son importantes para muchas otras criaturas como fuente principal de alimento. No en vano, casi tres cuartas partes de los vertebrados terrestres y de agua dulce conocidos comen insectos. Y también, por supuesto, son importantes para nosotros como polinizadores, fertilizadores naturales del terreno, recicladores de materia orgánica y controladores biológicos de plagas que, de otro modo, devastarían nuestras reservas de comida.La inmensa mayoría de los insectos del planeta siguen siendo un misterio para la ciencia: podría haber hasta 30 millones de especies, y sólo conocemos 1,1 millonesLo que está claro es que reducir a los insectos a una especie de menú ambulante sería quedarse muy corto. Y ahora, un nuevo estudio llevado a cabo por un equipo internacional liderado por la Universidad de Binghamton y recién publicado en ‘ Nature Reviews Biodiversity ‘ acaba de revelar que los insectos tienen muchas más funciones de lo que se pensaba. Funciones ocultas, invisibles, desconocidas hasta ahora y que, juntas, mantienen unida la compleja red de la vida en la Tierra.El trabajo, encabezado por la bióloga Eliza Grames junto con Rob Cooke (del Centro de Ecología e Hidrología del Reino Unido) y Chris Elphick (de la Universidad de Connecticut), recopila cientos de investigaciones dispersas a lo largo de décadas. Y su conclusión desafía lo que creíamos saber: ver a los insectos como un simple ‘snack’ rico en proteínas para aves o murciélagos es un error monumental. Son comida, desde luego, pero también material de construcción, refugio, servicio de limpieza, protección y, como se ha dicho, auténticos ingenieros del ecosistema.Algunas ranas del desierto sobreviven refugiándose en hormigueros para aprovechar su humedad, como si usaran aire acondicionado en pleno desierto«A menudo escuchamos hablar de su importancia como polinizadores, descomponedores o alimento para insectívoros como aves y murciélagos -explica Eliza Grames-, pero olvidamos todas las demás cosas que hacen tanto por nosotros como por otras especies».Hoteles, medicinas y guardaespaldasAquí van unos cuantos ejemplos. Algunos chimpancés utilizan insectos para esterilizar heridas. No se trata de una metáfora: se ha comprobado que determinados insectos forman parte de comportamientos que pueden ayudar a mantener las lesiones de estos simios libres de microorganismos.Las garzas, por su parte, utilizan insectos como cebo para pescar. Y los perezosos tienen una relación especialmente peculiar con las polillas que viven en su pelaje, que contribuyen al mantenimiento de las algas que crecen entre sus pelos, y de las que después el perezoso puede alimentarse.Estamos perdiendo insectos a un ritmo del 1 al 2% anual. En apenas unas décadas podrían desaparecer por completoEn otros casos, los insectos proporcionan, literalmente, una casa. De hecho, numerosas aves y reptiles introducen sus huevos en termiteros, donde las condiciones de temperatura y humedad pueden ofrecer un refugio mucho más estable que el exterior. Y algunas ranas del desierto se instalan en hormigueros porque allí encuentran una humedad que escasea en el árido ambiente que las rodea. Y hay más.Más de 200 especies de aves utilizan hormigas trituradas para acicalarse. Y algunas incorporan seda de arañas e insectos a sus nidos mientras que otras construyen sus viviendas cerca de avispas que pican, convirtiendolas en una especie de ‘guardaespaldas’ contra los depredadores.Incluso hay aves que sincronizan su reproducción con los momentos del año en que los insectos son más abundantes. Para ellas, de hecho, que haya una explosión de orugas o de otros pequeños invertebrados puede marcar la diferencia entre sacar adelante una nidada o fracasar.Ingenieros diminutosLos insectos también transforman el mundo en el que viven. Hormigas y termitas excavan, remueven y airean el suelo. Otros insectos descomponen materia orgánica y aceleran el reciclaje de nutrientes. Algunos dispersan semillas. Otros controlan poblaciones de organismos que pueden convertirse en plagas.Y, por supuesto, están los polinizadores. Abejas, mariposas, moscas, escarabajos y otros insectos permiten la reproducción de innumerables plantas, incluidas muchas de las que utilizamos para alimentarnos.Más de 200 especies de aves utilizan hormigas trituradas para acicalarse y algunas construyen sus nidos junto a avispas para aprovechar su defensaPor eso su importancia para nosotros no termina en la miel, la cera, la seda o los alimentos que ayudan a producir. Una parte considerable de lo que llamamos ‘servicios de los ecosistemas’ depende, directa o indirectamente, de que los insectos sigan ahí.El problema es que están desapareciendoY aquí aparece la paradoja. Porque al mismo tiempo que descubrimos que probablemente existen muchos más insectos de los que creíamos, y que hacen muchas más cosas de las que imaginábamos, también sabemos que sus poblaciones están disminuyendo a un ritmo dramático .Lo cual nos deja un escenario realmente sombrío. El nuevo análisis fue llevado a cabo por expertos de la red Status of Insects , un ambicioso proyecto internacional financiado por la Fundación Nacional de Ciencias de EE.UU. que reúne a ecólogos, entomólogos y analistas de datos de todo el planeta con un solo objetivo: medir la magnitud real del declive de los insectos y diseñar soluciones globales antes de que sea tarde.Y las cifras que manejan los investigadores no dejan lugar a dudas. «Estamos perdiendo insectos a un ritmo de alrededor del 1-2% al año», advierte Grames. Para entender la gravedad de este dato, imaginemos una cuenta de ahorros que pierde un 2% de forma sostenida cada año. Al principio el golpe puede parecer soportable, pero si la tendencia continúa durante mucho tiempo, las consecuencoas serán devastadoras. «Cuando lo escalas a lo largo de unas pocas décadas -recalca la bióloga-, nos encontramos con un gran cambio en los ecosistemas. La conservación de los insectos debería ser una prioridad máxima para cualquiera preocupado por el futuro de la biodiversidad».Chris Elphick, otro de los artífices del estudio, afirma por su parte que «Si queremos tener vertebrados, entonces tenemos que pensar en la conservación de los insectos, y no lo hacemos, ni mucho menos, lo suficiente».Después de todo, quizá la mejor manera de entender la importancia de los insectos sea no pensar en ellos como los pequeños habitantes de un mundo enorme, sino como una parte esencial de la infraestructura de ese mundo. De forma que si ellos caen, nosotros caeremos justo después.
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