Todavía quedan más de dos meses para el Sorteo Extraordinario de la Lotería de Navidad, pero ya hace semanas que podemos comprar nuestros décimos y muchos jugadores tienen claro qué número quieren comprar. De hecho, para algunos da prácticamente igual mientras puedan participar el próximo 22 de diciembre. Otros, en cambio, buscan cinco cifras muy concretas y repiten la elección año tras año. Puede ser una fecha de nacimiento, un aniversario o un número que lleva tanto tiempo en la familia que dejar de comprarlo resulta casi impensable.
A primera vista es fácil relacionar esta costumbre con la superstición. Si llevamos diez años jugando por ejemplo el 37895, quizá pensemos que alguna vez «tendrá que salir». Sin embargo la estadística y las matemáticas dicen otra cosa: repetirlo no aumenta las posibilidades de que resulte premiado. Entonces, ¿por qué seguimos buscándolo cada Navidad? La psicología explica que detrás de esta costumbre también puede haber algo mucho más cotidiano que la creencia en la suerte: el valor sentimental que hemos terminado dando a esas cifras.
Comprar siempre el mismo número de la Lotería de Navidad
La Lotería de Navidad es un juego de azar y el número elegido un año no tiene memoria de lo ocurrido en sorteos anteriores, de modo que haber comprado el mismo durante cinco, diez o veinte años no hace que esté más cerca de convertirse en el Gordo. El profesor de matemáticas y divulgador Pedro D. Pajares Galeano explicaba a Maldita.es que las probabilidades no se van acumulando de un sorteo al siguiente. Cada año se parte de nuevo de la misma situación. Con 100.000 números posibles, del 00000 al 99999, la probabilidad de que un número concreto consiga el primer premio es de una entre 100.000, es decir, un 0,001 %.
Sin embargo, saber esta probabilidad no siempre cambia nuestra forma de comprar lotería. Podemos entender perfectamente que el nímero que llevamos, y que compramos desde hace años, tiene las mismas opciones que cualquier otro y, aun así, recorrer varias administraciones hasta encontrarlo.
No siempre se trata de superstición
La superstición sí puede estar detrás de algunas decisiones. La Real Academia Española la define como una creencia «extraña a la fe religiosa y contraria a la razón». Aplicada a la lotería, aparecería cuando atribuimos a un número una capacidad especial para traernos suerte o creemos que mantenernos fieles a él terminará siendo recompensado. Desde Alba Psicólogos explican cómo determinadas asociaciones pueden establecerse cuando dos elementos coinciden y acabamos relacionando uno con el otro. Llevado al sorteo, alguien que consiguió un premio con un número determinado podría decidir seguir comprándolo porque ha quedado asociado a aquella experiencia positiva.
Pero repetir número no implica necesariamente creer que tenga poderes especiales. Muchas personas saben que sus probabilidades no cambian y lo compran igualmente porque esas cinco cifras representan algo importante para ellas.
Una fecha importante puede acabar convertida en nuestro décimo
Cumpleaños, bodas, nacimientos o cualquier acontecimiento que queramos recordar pueden acabar trasladados a un décimo. En ese caso, lo importante deja de ser únicamente la posibilidad de ganar. El número adquiere un significado que no tienen los otros 99.999. De este modo, no importa lo que nos digan o si por ejemplo el número no tiene una terminación de las que siempre suelen salir, como por ejemplo la del 5. Lo consideramos «nuestro número» y lo jugamos siempre ya sea para el Sorteo de Navidad, el del Niño o cualquier otro.
El factor familia también hace que ese número se convierta en algo especial. Comprar el mismo cada Navidad acaba formando parte de las costumbres de esas fechas y renunciar a él puede resultar extraño después de muchos años. Incluso aparece el temor de que sea precisamente ese año, cuando hemos decidido no comprarlo, cuando finalmente resulte premiado. Ese «por si acaso» no modifica las probabilidades, pero ayuda a entender por qué resulta tan difícil romper una tradición que se ha repetido durante mucho tiempo.
El número puede importar más de lo que parece
Ni siquiera hace falta que detrás exista una fecha concreta. La costumbre también puede ser suficiente. Después de años buscando las mismas cinco cifras, terminamos reconociéndolas como el número que como decimos, es «nuestro». Y cuando llega otra campaña de Navidad, volvemos a preguntar por él. Por otro lado, la elección puede responder también al deseo de tener algo diferente. Hay jugadores que prefieren números poco habituales porque les resultan más personales o porque tienen la sensación de llevar un décimo que no elegiría todo el mundo. Nada de esto mejora las posibilidades de conseguir un premio, aunque sí cambia el valor que cada persona concede al décimo.
Por eso, comprar siempre el mismo número no tiene por qué significar que confiemos ciegamente en la suerte. Puede existir superstición, por supuesto, pero también memoria, tradición familiar o simplemente cariño hacia una fecha. El próximo 22 de diciembre, ese número tendrá exactamente las mismas posibilidades que los demás. Para quien lleva años buscándolo, sin embargo, difícilmente será un número cualquiera.
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