Imagina guardar algo en un cacharro de barro y que alguien lo encuentre cuarenta siglos después. Es, más o menos, lo que ha pasado en Külhöyük, un yacimiento a unos 20 kilómetros al sur de Ankara. Dentro de una vasija hitita de unos 4.000 años han aparecido restos de semillas de la sevgi çiçeği, la flor del amor, una planta que hoy solo crece de forma natural en el distrito de Gölbaşı.
Lo anunció el 10 de septiembre de 2026 el ministro de Cultura y Turismo turco, que habló de los restos más antiguos que se conocen de esta flor. La noticia es bonita, claro. Pero lo más interesante es otra cosa. ¿Cómo se reconoce una planta concreta a partir de unas semillas que llevan milenios bajo tierra?
Una flor que solo vive en Ankara
La protagonista es Centaurea tchihatcheffii, de la misma familia que las margaritas y los girasoles. Según el catálogo botánico del Jardín Botánico de Kew, su área natural se limita a una zona del centro-oeste de Turquía. En la práctica, se concentra en los alrededores de Gölbaşı.
Es una hierba anual, de las que nacen, florecen y mueren en el mismo año, con flores pequeñas en tonos rojos, rosas y morados. Está protegida y desde 2019 tiene una indicación geográfica, un sello oficial parecido a las denominaciones de origen de nuestros vinos.
Según la información difundida sobre el hallazgo, también figura en el Convenio de Berna, el tratado europeo de 1979 que protege especies silvestres y sus hábitats.
Un yacimiento hatti e hitita
Külhöyük es un höyük, una colina artificial formada por casas levantadas unas encima de otras durante siglos. Allí vivieron los hatti y después los hititas, el pueblo que dominó buena parte de Anatolia en la Edad del Bronce, en un lugar con unos 5.000 años de historia.
Las excavaciones actuales arrancaron en 2021 y las dirige la profesora Derya Yılmaz Tekin en nombre del ministerio y de la Universidad de Ankara. De momento, nadie ha publicado un estudio científico con los detalles.
Así se rescatan semillas milenarias
¿Cómo se saca algo tan diminuto de un montón de tierra? La técnica más habitual se llama flotación. Se echa el sedimento en agua, los restos vegetales carbonizados suben a la superficie y se recogen con tamices de unas tres décimas de milímetro, según la guía de arqueología ambiental del organismo público británico Historic England.
El estado de la semilla importa mucho. Las que se queman a medias se convierten en carbón y aguantan milenios porque los microbios ya no pueden descomponerlas. Otras sobreviven en barro sin oxígeno o en lugares muy secos.
Del microscopio al carbono 14
Una vez limpias, las semillas pasan por la lupa binocular, un microscopio de pocos aumentos que da una imagen en relieve. El arqueobotánico, especialista en restos de plantas antiguas, las compara con una colección de semillas actuales. Es un trabajo parecido al que permite atribuir un diente fósil a un tiburón extinguido.
En estas plantas, lo que llamamos semilla es en realidad un fruto seco diminuto, el aquenio, cuya forma y marcas ayudan a distinguir cada género. Llegar a la especie exacta cuesta más, y a veces se recurre al microscopio electrónico de barrido, capaz de ampliar miles de veces.
Luego está la edad. El carbono 14 es un tipo de carbono que los seres vivos incorporan y que, tras su muerte, se va reduciendo a la mitad cada 5.730 años más o menos. Con la técnica AMS, que cuenta los átomos con un acelerador de partículas, bastan muestras muy pequeñas. Tanto que se pueden fechar semillas sueltas.
Lo que todavía no sabemos
Aquí conviene frenar un poco. El anuncio no dice cuántas semillas había, si estaban carbonizadas ni si se han fechado directamente o por el contexto, es decir, por la capa de tierra y el estilo de la vasija. Tampoco aclara si la identificación llega a la especie o se queda en el género Centaurea.
Y queda la duda de por qué acabaron ahí. ¿Las guardó alguien a propósito, eran parte de un ritual o llegaron por casualidad? Nadie lo ha explicado. ¿Podrían germinar? Nada indica que sigan vivas.
Eso sí, la flor que hoy resiste en un rincón de Ankara ya formaba parte de ese paisaje cuando los hititas levantaban sus ciudades. Cuatro mil años en el mismo sitio. Casi nada.
El anuncio oficial del hallazgo se ha publicado en la cuenta de X del ministro Mehmet Nuri Ersoy.
Crédito de la imagen: Nevit Dilmen (Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0).
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