El vertiginoso circuito de premios de Hollywood se encamina hacia una temporada que podría ser memorable para el cine español con La bola negra, que ha irrumpido con una fuerza incontestable en festivales y salas. La película de los Javis, a la que da nombre la obra inacabada de Federico García Lorca, no deja de sonar como una de las grandes favoritas para la próxima edición de los Oscar, a pesar de que los nominados no se conocerán hasta enero de 2027. Sin embargo, la propuesta de Javier Calvo y Javier Ambrossi ya ha conquistado a público y crítica, que dan por asegurada su presencia en la gala de los premios.
La cuidada narrativa coral de La bola negra, que entrelaza las vidas de tres hombres en 1932, 1937 y 2017, combinada con una arriesgada construcción visual en formato analógico de 35 mm, la sitúa no sólo como la candi target=»_blank» rel=»noopener noreferrer»>la de los Javis se percibe como una fórmula apasionada.
Sin embargo, los puntos débiles de La bola negra residen en la propia naturaleza de su propuesta: su metraje de más de dos horas y media y una estética barroca pueden resultar un riesgo para encajar con los sectores más conservadores de la Academia, a lo que se suma la barrera cultural del contexto histórico y el imaginario lorquiano para el votante estadounidense.
Frente a la propuesta española, los rivales en esta carrera presentan también sus propias luces y sombras. La Odisea, dirigida por Christopher Nolan, emerge como el rival más imponente en la categoría general. Su gran punto fuerte reside en la escala de un espectáculo cinematográfico colosal rodado en IMAX, un despliegue de músculo industrial y maestría técnica que convence al nutrido bloque de profesionales del apartado técnico y de producción. No obstante, su debilidad radica en cierta frialdad emocional y en una estructura narrativa monumental que puede distanciar a los votantes que priorizan los dramas centrados en la vulnerabilidad de los personajes. También podría entrar en juego la existencia de la fatiga que despierta Nolan en parte de los espectadores.
Fjord representa la principal amenaza en el sector del cine de autor internacional para La bola negra, y apunta también maneras para colarse en la categoría de Mejor película internacional. Sus fortalezas se concentran en un naturalismo asfixiante, una dirección contundente y un trasfondo sociopolítico sobre la culpa colectiva que entusiasma a las ramas de directores y guionistas.
Como película extranjera, Fjord demuestra cómo las producciones internacionales pueden colarse en la categoría reina si logran conquistar los grandes festivales -en su caso, con la Palma de Oro de Cannes– y sostener una campaña crítica impecable. Su punto débil, en cambio, estriba en una austeridad rigurosa y un tono sombrío que carece de los picos emocionales o de la exuberancia visual que suelen movilizar al gran bloque del Sindicato de Actores. El Centro Nacional del Cine de Rumanía tiene confianza ciega en la película de Cristian Mongiu y también la ha elegido para representar a Rumanía en los Oscar en la categoría de Mejor película internacional.
Asimismo, El debut irrumpe como el fenómeno emergente del cine anglosajón. Su mayor virtud es la frescura de una ópera prima dotada de un lenguaje contemporáneo directo, que le permite conectar con los sindicatos norteamericanos. Al ser una obra en lengua inglesa, no sufre la resistencia cultural que a menudo ralentiza al cine extranjero en las categorías mayores. Su debilidad recae en la falta de veteranía de su equipo técnico y en el riesgo de que la Academia la considere una propuesta prometedora para premios de guion o dirección novel, pero insuficiente para alzarse con el galardón principal. A la que sí se le augura un Oscar como Mejor actriz es a su protagonista, Julianne Moore.
El panorama también es optimista, al menos para estar entre los nominados, con La invitación y Wild Horse Nine. La primera es la adaptación de Sentimental, la película española de Cesc Gay, que en manos de Olivia Wilde -también parte del reparto, junto a Penélope Cruz- rezuma honestidad e ingenio. En cuanto a la película de Martin McDonagh, su tono mordaz la convierte en una de sus mejores películas, y le preceden éxitos como Tres anuncios en las afueras.
En el ámbito de Mejor Película Internacional, la categoría se vuelve cada año más competitiva. Para la próxima edición, destacan de momento títulos como Minotauro (Andrey Zvyagintsev), Fatherland (Pawel Pawlikowski) o De repente (Ryûsuke Hamaguchi), además de La bola negra y Fjord. No se trata únicamente de títulos con fuerza, sino también de cineastas con nombre propio, responsables de producciones como Leviatán, Cold War y Drive my Car, respectivamente. Nombres muy potentes que se disputan los votos de una Academia con la mirada cada vez más puesta sobre Europa.
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