El mes de octubre ya ha comenzado por lo que muchos comienzan a pensar en la temporada de frío. Lo normal es que en pleno otoño se lleve a cabo el cambio de armario para sacar chaquetas, jerséis y otras prendas de abrigo, y en lo que respecta al hogar, es ahora cuando pensamos en comenzar a controlar la calefacción. No es sólo pensar en el gasto sino el hecho de que esté en condiciones. De este modo, antes de encenderla por primera vez después de meses, se suelen purgar los radiadores. Y aunque es algo importante, lo cierto es que deja la limpieza en segundo plano o generalmente esta se limita al exterior cuando en realidad, no debería ser así.
Y es que el problema que podemos tener con los radiadores de casa está en lo que no vemos. Durante los meses que pasan apagados se acumulan polvo y pelusas entre los paneles, en las aletas interiores y detrás del radiador. También debajo de la rejilla superior, uno de los lugares que más fácilmente se pasa por alto. Por ello, si se limpian todas estas partes antes de empezar a utilizar la calefacción podemos garantizar que el radiador funcionará sin problema y además, evitaremos que la suciedad se vaya acumulando y al final surja algún problema por cualquier lado.
Cómo limpiar los radiadores antes de encender la calefacción
La limpieza debe hacerse con el radiador frío. Para retirar el polvo sirve un aspirador, preferiblemente con una boquilla estrecha o un accesorio de cepillo suave. Primero se puede aspirar la parte superior y después todos los huecos que queden al alcance y cuando toque la parte inferior lo que tenemos que hacer es usar cepillos largos y finos que se venden precisamente para limpiar radiadores. Se pasan entre los elementos sin presionar las aletas. Y un consejo: si ponemos una toalla debajo antes de empezar, recogeremos en ella buena parte de lo que vaya cayendo.
Después toca limpiar por fuera. Para ello, basta con una bayeta suave ligeramente húmeda y un paño para secar si no hay manchas. En caso de utilizar algún limpiador, habrá que tener en cuenta el material y el acabado del radiador. Los estropajos y productos abrasivos pueden dejar marcas o deteriorar su capa exterior. Por otro lado, hay quien utiliza agua para hacer salir el polvo acumulado dentro, pero no es recomendable verterla por las ranuras del radiador, ya que llegará a zonas que después resultan difíciles de secar. Aspirar y utilizar un cepillo permite hacer el mismo trabajo sin mojar el interior.
Cómo quitar el polvo que no se ve
Los radiadores de panel esconden buena parte de la suciedad entre sus elementos. Si tienen dos paneles, hay que prestar atención al espacio central y a las aletas que quedan dentro que no solemos limpiar porque como no se ven de buenas a primera, solemos olvidarnos de ella. La rejilla superior es otro punto a revisar. Algunos modelos permiten retirarla para limpiarla por separado y acceder mejor a la zona inferior. Antes de hacerlo hay que comprobar cómo va colocada, ya que los sistemas de sujeción cambian y no deben forzarse. Y si se moja durante la limpieza, se deja secar antes de montarla otra vez.
Además de todo lo mencionado, queda todavía un sitio bastante evidente, y que es la parte que da a la pared. El poco espacio disponible dificulta pasar una bayeta y hace que el polvo permanezca allí durante más tiempo. La boquilla estrecha del aspirador puede introducirse desde los laterales y un cepillo largo permite hacerlo desde arriba. Muchas personas recurren también a un simple plumero. Y ten en cuenta que cuando limpies todo esto, el polvo que quede caerá al suelo de modo que interesa aspirar debajo del radiador al final y no al principio.
Por qué interesa hacerlo antes de poner la calefacción
Después de varios meses apagados, es normal que los radiadores hayan acumulado polvo y pelusas. El problema es que buena parte de esa suciedad queda precisamente en el interior, entre las zonas por las que circula el aire cuando la calefacción está funcionando. Por eso merece la pena retirarla antes del primer encendido ya que mantener limpios estos huecos favorece la circulación del aire y evita dejar durante todo el invierno el polvo acumulado durante los meses anteriores.
Eso sí, no significa que una limpieza vaya a traducirse por sí sola en una bajada importante de la factura. También es una cuestión de limpieza en casa aspirando el polvo que se acumula o recogiéndolo con una bayeta ligeramente húmeda, especialmente si hay personas con alergia. No hace falta realizar esta limpieza a fondo todas las semanas. De hecho hacerla antes de comenzar la temporada de calefacción es un buen momento para llegar a la rejilla, el interior y la parte trasera del radiador, que son precisamente los lugares que solemos olvidar y luego esperar a que pase el invierno para volver a hacer una limpieza similar.
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