La vida es como las crisis de los recién nacidos: sales de una y ya encadenas con la siguiente. No sé si es envejecimiento prematuro o madurez anticipada, pero me siento más reflejada en las desventuras de una mujer en plena crisis de la mediana edad que en esas que atraviesan las de los treinta, que en ficción siempre resuelven saliendo de fiesta y drogándose como si no hubiera mañana. A mí dame una copa de vino a las nueve y media de la noche y te muevo el mundo desde el sofá. Porque, por lo demás, me cuesta bastante moverme. Con diez mil pasos diarios me doy por caminada. Superarlo es más una inquietud de la app de salud que mía: mis únicas series de alta intensidad son las carreras detrás de un niño que empieza a andar… y corre siempre en dirección contraria. Me sobran kilos, pues, y me faltan manos. No necesito buscar en sábanas ajenas la fuente de la juventud ni me sobrevienen miedos como la artritis, pero acumulo tantos cachivaches para ponerme en forma como Sharon Horgan en ‘Youth’, el cierre de la trilogía vital de la actriz y creadora. Spoiler: uso menos de los que le llegan a ella. En algún cajón de mi casa las cintas elásticas esperan que las estire a ver si funcionan o venían con defecto de fábrica, igual que el saco de boxeo, que ya descolgué de la terraza tras un duelo de miradas de varios años, más por pura vergüenza que por pereza, que también, después de una obra que ni la de la Sagrada Familia. Supongo que es la maternidad, que te cambia la vida casi tanto como te acorta el sueño. O que, aunque me dé igual la papada, más que milenial estoy, como lo ha llamado ella, atrapada en la generación sándwich: por arriba las citas médicas de tus padres y por abajo el rastro interminable de migas con el que tus hijos te marcan el camino. Un camino precioso, pero lleno de baches. Si ‘Cinco lobitos’ era el drama de cuidar, lo nuestro es una sitcom donde nadie ha dormido del tirón en tres años. Esa es la verdadera resaca. Estado vital: cargando. Supongo que me queda reírme de la vida… al menos hasta que llegue la adolescencia y me sobrevenga la menopausia.
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