El reparto de una herencia puede terminar convirtiéndose en una auténtica fuente de conflictos dentro de una familia. El abogado Abel Marín, especializado en derecho civil y socio fundador del bufete Marín y Mateo, conoce bien este tipo de situaciones. Después de haber atendido miles de casos a lo largo de su trayectoria profesional, ha reunido parte de su experiencia en el libro «Protege tu herencia». Durante una intervención en el podcast «Las historias del Magomore», compartió algunos de los conflictos más frecuentes que llegan a su despacho.
Marín compara la herencia con una especie de «contrato» en el que varias personas deben ponerse de acuerdo para repartir los bienes del fallecido. Cuando existe una buena buena relación dentro de la familia, el patrimonio se puede utilizar para ayudar y proteger a quienes se encuentran en una situación más vulnerable. Sin embargo, cuando arrastra enfrentamientos o resentimientos, una herencia puede hacer que todas esas tensiones salgan finalmente a la superficie y se desencadene una auténtica guerra entre los herederos.
Cómo evitar los conflictos familiares en una herencia
«En mi experiencia, las herencias van de algo de patrimonio, van de dinero, pero muy poco. El dinero es multiplicador de lo bueno y de lo malo. Si hay amor en una familia, ese dinero se utiliza para el bien de todos. Y también lo veo para cuidar a la persona desfavorecida, a ese hermano o hermana que le ha costado más, discapacidades», comenta Marín.
Uno de los conflictos más habituales aparece a la hora de repartir el patrimonio del fallecido, especialmente cuando entre los bienes existen elementos que no se pueden dividir fácilmente, como una vivienda familiar, un negocio o propiedades que tienen un importante valor sentimental para alguno de los herederos. Para evitar este tipo de enfrentamientos, conviene contar previamente con una valoración objetiva del patrimonio.
Por otro lado, la existencia de un testamento no garantiza que el reparto de una herencia vaya a desarrollarse sin conflictos. De hecho, en determinadas circunstancias, el propio documento puede convertirse en el origen de nuevas disputas entre los familiares. Entre los problemas que pueden aparecer se encuentran las dudas acerca de la validez del testamento, la capacidad del testador cuando lo firmó o la posible intervención de terceras personas que pudieran haber influido en su voluntad. Para prevenir estas situaciones, es importante otorgar el testamento con las garantías necesarias, especialmente cuando el testador es una persona de edad avanzada o se encuentra en una situación de especial vulnerabilidad.
La legítima de los herederos forzosos constituye otra fuente de desacuerdos. Los problemas aparecen cuando alguno de los beneficiarios considera que sus derechos sucesorios se han visto perjudicados. Los expertos recomiendan planificar las donaciones con antelación y dejar constancia clara de si deben considerarse un anticipo de la herencia.
«Todo el mundo dice: mi suegra es muy maja, mi nuera es muy maja, mi yerno es muy bueno y mi suegro también es muy bueno. No me va a dar problema ya. Hay mucha gente buena, pero el derecho es como la medicina en muchísimos aspectos. La medicina puede ser paliativa o preventiva. Es mejor preventiva que entrar a quirófano. El derecho es igual. Es mejor prever que tener que ir al juzgado», comenta Marín.
En cuanto a los avales, explica que «no son deuda, no son pasivo de una herencia, si no se contabilizan, pero es un riesgo latente. Tú heredas el aval, heredas las obligaciones». «Imagínate un caso práctico: tenemos una familia de cuatro hermanos, mueren los padres y de repente en la herencia uno de los hijos está avalado. El resto no lo saben. Tú heredas el aval. Lo mejor que puede pasar es que ese hijo diga: «yo estoy avalado». Levante la mano. Es lo honrado. El aval no pasa nada si el hermano sigue pagando, pero en el momento que deja de pagar, automáticamente se convierte en una deuda. Con lo cual ya se reparte equitativamente entre todos los hermanos».
«¿Y quién hereda? Hijos y descendientes. A falta de hijos y descendientes, ascendientes: padres, abuelos, bisabuelos, tatarabuelos. Yo he hecho herencias de tatarabuelo a tataranieto. Y esto es así.
Y la viuda o el viudo solo tiene una legítima, la cuota vidual usufructuaria. Un nombre rarísimo que la inmensa mayoría de la gente cree que es el derecho a disfrutar de por vida de lo que queda. Es mentira, no lo dice el Código Civil. La cuota legal usufructuaria es una pequeña porción que es el usufructo vitalicio del tercio de mejora.
El cónyuge es como en paralelo. Si no lo nombras en testamento o no haces testamento o no lo nombras, le toca una cuota mínima, que es el usufructo vitalicio de un tercio. Y ni siquiera te toca el tercio, te toca dependiendo de la edad. Cuanto mayor eres, menos años te quedan de vida, vas a fallecer antes, con lo cual te corresponde menos todavía», explica.
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