Quizás por el entusiasmo de lo que se venía al día siguiente, la noche había sido dura y larga. En Sol, por la cremallera entreabierta de las tiendas de un conocido almacén deportivo, verdadero vencedor de esta revolución, se apreciaban piernas desmadejadas, caras de sueño y manos que liaban el primer piti de la mañana. Eran las 11.30 y algunos seguían dormidos porque la lucha es dura. La noche de la utopía devino en una mañana de boca seca y ojeras por la fiesta de la clase obrera y el ruido que hay allí. Como en un poema de Carlos Edmundo de Ory, todas las noches estuvieron escuchando sonar las campanas de Sol, que es como suena el capital a cada cuarto de hora recordándoles lo que es obvio. Que el tiempo pasa.Tania SieiraAl mediodía, unos pocos seguían perfectamente tumbados, como un decreto de la vivienda de Maricarmen. A las 12 ya se levantaron con el Ángelus y después de la misa de San Ginés, a la que, por cierto, fue poca gente. Una avanzadilla llegó hasta la calle Cedaceros, pasando por delante de la tienda de turrones Mira, en cuyos escaparates giran, como un goloso carrusel, turrones y bollos con chocolate. A unos que volvían hacia el campamento, les desearon «suerte y ánimo en la lucha secundaria (sic.)» . Pasaron puños en alto por delante de Lhardy, donde servían consomé a esa hora, y los reporteros se miraban en ese espejo magnífico en el que se difumina la eternidad. Un portero con sombrero de copa abría la puerta a los clientes de la Carrera de San Jerónimo, al tiempo que otros tipos desmadejados se lavaban los dientes en las fuentes y nadie sabe muy bien dónde aliviaban la fisiología. En los contenedores. En los bares. Por ahí.Tania SieiraMadrid tiene esos contraluces: turista con labios que llaman de rusa, arrastrar de trolley de apartamento turístico, copita de champán en Lhardy y chavales embozados en palestinos de la lucha obrera. En la Consejería de Presidencia de la Comunidad de Madrid cerraron las puertas porque la Policía avisó de que podía pasar algo. Llevaban mucha policía delante, más policía que en aquella canción de Sabina. Pedían lucha, caña y guerra contra Ayuso , y exhibían carteles que pedían explicaciones a la oposición. Uno piensa que hay dos tipos de países: unos en los que la gente se manifiesta en contra del Gobierno y otros en los que se manifiesta a favor. Yo siempre he preferido los primeros.En Cedaceros habría unas 500 personas en su momento álgido, más o menos el número de policías que había abajo, en NeptunoDespués, la manifestación se pochó como esas flores bellísimas que duran seis minutos. En Cedaceros habría unas 500 personas en su momento álgido, más o menos el número de policías que había abajo, en Neptuno, donde en el último Rodea el Congreso se juntaron 100.000 personas. Se presentaron cincuenta de Comisiones Obreras separados de los demás, porque la lucha se había partido y los oficialistas se quedaron abajo para que no les pusieran la cara colorada. No parecían muy preocupados y vivían con ligereza, apostados al sol del mediodía, con la tranquilidad de la que solamente es capaz un funcionario de Comisiones Obreras un viernes por la mañana. En esas salió Antonio Maíllo y fueron todos a escucharle. En este lío de Madrid, a Antonio Maíllo se le confundía con uno de esos guías que les explican a los turistas la historia del oso y el madroño, las curiosidades del reloj de Sol y la historia del kilómetro cero.La reacción de los manifestantes tras conocerse que los dos decretos no habían sido aprobados. Tania Sieira Maíllo, afilado como los toreros que saldrían horas después al ruedo de Las Ventas explicaba que, si no tenían la mayoría parlamentaria, al menos tenían la mayoría social y de la calle. Pero en la calle no había nadie. De hecho, en cuanto se dio la vuelta y se fue, se largaron todos los de Comisiones a sus haciendas, se supone que a tomar el aperitivo, pues era la hora , y dejaron las banderas puestas en la valla frente a los chicos de la VIP, que bostezaban por el aburrimiento.De vuelta en Cedaceros, echaron unos empujones a un youtuber, se supone que para proteger la libertad de expresión, y le calentaron por no ser suficientemente empático con Maricarmen Abascal, se supone, pues la empatía hay que defenderla con sangre.La manifestación menguaba a cada minuto y quedaban cien, con suerte, cuando empezaron a votar en el Hemiciclo. El Rodea el Congreso, aquella iniciativa por la que los diputados votarían el decreto de la vivienda asediados por la fuerza de la calle, ya había fracasado antes de que empezaran las propias votaciones. La seguían las mozas de la izquierda de la izquierdas entadas en los bordillos y dándole al F5 en el navegador de la prensa para confirmar su derrota en periódicos como este.Echaron unos empujones a un youtuber, se supone que para proteger la libertad de expresión, y le calentaron por no ser suficientemente empático con MaricarmenA la espera de que llegara la noche y de que, con las latas de cerveza, al personal le entrara el ardor guerrero, se confirmaba el gatillazo quincemayista, quincemero o como se llame, pues segundas partes nunca fueron buenas.Poco antes de las cuatro de la tarde, al cierre de esta crónica, se volvieron hacia Sol con sus banderas rojas, andando muy decididos, con un paso apresurado que casi era legionario, cosa comprensible en cuanto la Carrera de San Jerónimo, en ese sentido, es cuesta abajo. Pasaron por delante del Museo del Jamón, donde siempre hay el mismo número de gente y no me pregunten por qué. Los chicos que habían venido en autobús desde la otra punta del país miraban, perfectamente tiesos, el escaparate de la jamonería, y yo me estaba acordando de aquella Nochevieja —en Sol todas las noches son Nochevieja— en la que, harto de la miseria en la que vivía su familia, el boxeador Policarpo Díaz entró en el local, se encaramó a la barra y se llevó un jamón, aunque, saliendo por patas, se dio cuenta de que había cogido uno de plástico. Entonces se fue al Retiro y cuenta que para la cena robó un pato; ahora se dice que lo expropió.
Powered by WPeMatico