La incertidumbre que ha marcado toda la tarde en la Puerta del Sol ha terminado, al menos por ahora, con una idea clara: la acampada por la vivienda continúa instalada en la plaza de manera indefinida. Alrededor de las 20.39 horas, los participantes han comenzado su segunda asamblea general, un encuentro de carácter informativo que tendrá lugar todos los días a partir de ahora para organizar mejor el campamento y definir sus objetivos. Los manifestantes han reeditado las tediosas reuniones públicas del 15-M en la plaza, en las que se debatía durante horas, muchas veces, para no llegar a ninguna conclusión. Ha sido una lluviosa y larga jornada, primero con comunicados internos en los que afirmaban que se abandonaría el campamento este sábado por la mañana; luego, con que probablemente fuera así tras decidirlo en la asamblea vespertina; para, finalmente, optar de manera implícita con seguir allí. La falta de apoyos parlamentarios para sacar adelante los dos decretos del Gobierno central sobre vivienda y que venían a apaciguar (aunque no a colmar sus aspiraciones) las reclamaciones del Sindicato de Inquilinas ha sido el aldabonazo final para que las tiendas de campaña sigan en el Kilómetro Cero de España, y no atomizarse en los barrios, como era la idea inicial.De cualquier modo, la intención es que la movilización no quede limitada a la Puerta del Sol y pueda continuar en los lugares donde se producen conflictos relacionados con la vivienda, como las subidas de alquiler, las expulsiones o las dificultades para acceder a una vivienda. La sensación a primera hora de este viernes era de una tranquilidad casi absoluta. La mayoría de quienes habían decidido permanecer en el campamento no parecían seguir lo que ocurría en la Cámara Baja. Bajo las lonas que son desde el 26 de septiembre la nueva noramlidad de la plaza, la escena era más propia de un campamento que de una concentración pendiente de una votación parlamentaria que podía marcar su futuro. No había tensión ni nerviosismo, al menos aparentemente. La vida en la plaza continuaba como si nada estuviera pasando a pocos metros de allí. En torno a las tiendas, pequeños grupos conversaban sentados en círculo, recogían sus pertenencias, ordenaban el campamento o simplemente hacían tiempo. En el centro, el punto habilitado para el reparto de comida concentraba buena parte de la actividad. Más de una veintena de personas hacían cola para recoger el almuerzo: bocadillos de tortilla, bocadillos de tofu y diversos platos preparados procedentes de donaciones, unque algunos habían optado por comer alimentos comprados por su cuenta. Incluso en uno de los accesos a la estación de Metro de Sol, en la zona que los propios acampados han bautizado como la «calle de los hornillos», un grupo de jóvenes tocaba la guitarra y cantaba al ritmo de canciones de Xoel López. «A la huelga»Cuando comenzaron las votaciones a apenas 300 metros de allí, en el palacio de la carrera de San Jerónimo, la situación apenas cambió. De entre quienes habían decidido quedarse en Sol en lugar de desplazarse hasta las inmediaciones del Congreso, tan solo dos grupos seguían de manera evidente lo que estaba ocurriendo en la Cámara Baja. Uno de ellos, formado por unas diez personas, veía la retransmisión en directo mientras comentaba el desarrollo del debate parlamentario. No ocultaban, además, su falta de expectativas sobre el resultado. Unos metros más allá, alrededor de ocho personas permanecían sentadas bajo una pancarta con el lema ‘Ellos por dinero, nosotras por amor’. Seguían uno a uno los votos que llegaban desde el Congreso y comentaban cada sí y cada no. Algún insulto se escapaba entre los comentarios, pero la escena transcurría de forma pacífica y sin apenas aspavientos. La calma comenzó a romperse alrededor de las 15.45 horas. Tras conocerse el rechazo de los dos decretos en el Congreso, los manifestantes que se habían desplazado hasta las inmediaciones de la Cámara Baja comenzaron a regresar a la Puerta del Sol. La llegada de varios cientos de personas llenó de nuevo la plaza de consignas contra el Gobierno y gritos de «¡Huelga general ya!». Pero la reacción dentro de la propia acampada fue, al menos inicialmente, mucho más contenida. Quienes permanecían entre las tiendas continuaron reunidos en pequeños, ni siquiera se levantaron para incorporarse a la concentración que acababa de regresar. La protesta se mantuvo en todo momento de forma pacífica. Hubo críticas al gobierno regional y nacionalLa protesta mantenía su particular ritmo mientras, a pocos metros, aumentaba el número de personas congregadas. Finalmente, los manifestantes se situaron frente a la fachada de la Real Casa de Correos y formaron un círculo. Desde allí comenzaron a sucederse los mensajes contra el Ejecutivo de Sánchez. «Nunca hemos confiado en este Gobierno que se dice progresista», afirmó una portavoz, antes de llamar a los presentes a volver este sábado a las calles para continuar reivindicando los derechos de la clase obrera. La protesta se mantuvo en todo momento de forma pacífica. Hubo cánticos, aplausos y, ocasionalmente, el sonido de las llaves agitadas por los manifestantes como forma de reivindicación. Entre las consignas que se escucharon estuvieron «Sin fecha de huelga, no nos vamos», «Ayuso dimite, el pueblo no te admite» y «Gobierno progresista, hipócrita y rentista». A las 16.30 horas, con todavía cientos de personas concentradas en la plaza, el Sindicato de Estudiantes tomó protagonismo y realizó un llamamiento al resto de acampadas del país para que mantuvieran la protesta y no regresaran a sus casas. «Es el momento de luchar», trasladaron desde la organización, animando a mantener las movilizaciones.
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