Como buen franquista, facha de acrisoladas virtudes autoritarias, el Buitre Buitaker no se metía en política. Se limitaba a comentarla, todo de pico y boquilla. «Encaramado en este inaccesible promontorio, observo no sin cierta lástima a la caterva de rojos que se arrastran a mis pies», fueron las primeras palabras que pronunció Julio Buitaker de Tordesillas cuando en 1998 anidó en ABC, procedente de ‘El Víbora’. Al señor Buitaker le gustaba el lujo, como a José Luis Rodríguez Zapatero, y para satisfacer sus necesidades tenía a Blasito, mayordomo que con el tiempo inspiró el personaje de la Gertru de ZP. Toxicómano del sector de la cocaína, sustancia que consumía para mantenerse en guardia, nuestro buitre no se metía en política, por franquista, pero conocía de primera mano y por la mala experiencia de los tecnócratas el riesgo que las clases medias representan para cualquier régimen autocrático. Observador y relator privilegiado del mesofelipismo, Buitaker hizo de la sobreactuación, el estado de alerta y el grito en el cielo su modo de vida. Más que víctima fue beneficiario de una Transición contra la que supo vivir del cuento y la viñeta.«Votar con V de vivienda o con B de Buitre. Esa es la disyuntiva», recuerda Óscar Puente en el mensaje que el pasado lunes fijó en la red social que utiliza para recalentar a su gente. Nuestro Locomotoro, «conductor de todo menos del codo», habla de buitres con la soltura y la autoridad que le proporciona el conocimiento de la carroña que desde los tiempos del Prestige ha hecho soltar los jugos gástricos a estas majestuosas aves. Una dana, un Yak-42, un incendio forestal, un atentado islamista con 192 muertos… Ni los huesos dejan. Es ver un cadáver desde lo alto y ponerse a soltar jugos gástricos. —Son las cinco y no he comido –dijo un día Buitaker.«Votar con V de vivienda o con B de Buitre. Esa es la disyuntiva». El eslogan de la precampaña de Locomotoro nos tiene taxonómicamente desnortados: si ahora resulta que ellos no son los buitres, ¿qué coño son?Por ‘El rey león’ sabemos que las hienas tienen, a diferencia de los buitres leonados, fachas perdidos, cierta conciencia de clase. También consumen carroña, de vez en cuando cazan sus propias presas y sobre todo mienten. La hiena Scar manipula a su tropa, a la que promete comida ilimitada a cambio de apoyo político, hasta provocar la estampida de ñus que se lleva por delante a Mufasa en una crisis constituyente que lo convierte en el puto amo.Aceptamos así hiena como animal de compañía, carroña y progreso.Buitaker sabía que la mayor amenaza para su actividad de pregonero del apocalipsis eran las clases medias que sostienen la democracia; también las hienas, carroñeras ocasionales y cazadoras de lo que hoy entendemos por ‘personas vulnerables’ Tienen estos carnívoros, además, la conciencia de clase de quienes aprendieron del socialismo real la receta de fabricar pobres, estrategia política que ahora pasa por dejarlos sin casa durante ocho años, para lo que buenamente surja.
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