Situada en el norte de la isla y con poco más de 1.000 habitantes, hay una villa cuya belleza ha hecho que la pongan el apodo del ‘bombón de La Gomera’, y no es de extrañar, pues este es uno de esos enclaves que te conquista desde el minuto cero, un mirador sobre el Atlántico donde se combinan los tonos verdes de sus cultivos, con los tonos pastel de sus casas y el azul del océano. Con vistas privilegiadas a Tenerife y a su imponente volcán El Teide, Agulo es una de las poblaciones más pequeñas a la par que más antiguas de la isla que, además, presume de contar con uno de los cascos antiguos mejor conservados de todo el archipiélago. Caminar por sus calles empedradas permite admirar la arquitectura tradicional con casas señoriales y viviendas con muros encalados, cubiertas de teja árabe, balcones y corredores de madera de los siglos XVIII y XIX. Su entramado urbano se articula en torno a tres barrios históricos: la Montañeta, las Casas y el Charco y en el centro destaca la iglesia de San Marcos Evangelista , una primitiva ermita fundada en el año 1607 que se transformó en iglesia años después. Pese a haber sido restaurada en varias ocasiones, esta conserva su esencia colonial canaria, con una fachada sencilla y armoniosa y elementos neoclásicos en su interior.A destacar es también la Casa del pintor José Aguiar , uno de los espacios culturales más singulares de Agulo que conserva la memoria del que fue uno de los grandes artistas gomeros. Además, esta vivienda familiar acoge el Museo de los Filii Christi , una comunidad teosófica y cristiana que surgió en esta localidad a comienzos del siglo XX, la cual buscaba una forma de vida basada en la espiritualidad, austeridad, caridad y conexión con la naturaleza.Entre rocas negras y a orillas del mar están también los restos del Pescante de Agulo , un brazo de hierro y madera sostenido por tres pilares de hormigón de más de once metros que fue construido en 1908 para cargar plátanos, tomates y otros productos agrícolas en los barcos que esperaban a pocos metros de la costa. Este contaba con una pasarela de 56 metros de longitud que fue, durante años, el único enlace de este pueblo con el mundo exterior. Vista de parte del pueblo de Agulo, paseo por sus calles y la iglesia de San Marcos Evangelista Rocío JiménezLa belleza de Agulo está también en la naturaleza que la rodea. Además, hay que tener en cuenta que casi el 30% de su territorio forma parte del Parque Nacional de Garajonay , por lo que no hay visita completa a esta villa sin acercarse a descubrir este tesoro natural y pulmón verde de la isla.Una ruta sencilla para completar la visita En las agrestes cumbres de La Gomera se extiende uno de los bosques más singulares de Europa: la laurisilva . Estas espléndidas y misteriosas formaciones vegetales son los últimos vestigios que han sobrevivido –gracias a la envoltura de niebla aquí presente– de las ancestrales selvas que poblaron el área mediterránea hace millones de años. El Parque Nacional de Garajonay , declarado como tal en 1981, es un santuario para numerosas especies endémicas de flora y fauna. Este enclave acoge uno de los mejores ejemplos del monteverde de la Macaronesia, un ‘fósil viviente’ que tiene su origen en la antigua flora que existía en la región mediterránea durante el Terciario. Su riqueza natural también se refleja en la fauna, pues el parque alberga hasta 13,6 especies de fauna endémicas por kilómetros cuadrado, un dato excepcional en Europa, y alrededor de 1.000 especies animales habitan este parque. Ruta Raso de la Bruma por Garajonay Rocío Jiménez La mejor forma para conocer Garajonay es recorriendo una de las muchas rutas con diferentes niveles de dificultad y duración disponibles. Todos estos itinerarios están señalizados con postes numerados que facilitan el conocimiento de los valores del lugar a través de audioguías que se pueden solicitar en las recepciones del centro de visitantes Juego de Bolas , en el centro de información de La Laguna Grande o descargar a través de la web de parque. Para aquellos que quieran tener una primera toma de contacto con este espacio natural pueden optar por un recorrido sencillo que no llega a los dos kilómetros, es circular, tiene una dificultad baja y se realiza en unos 45 minutos, la del Raso de la bruma . Este sendero, que fue tiempo atrás parte de las vías de comunicación a pie con Vallehermoso, es un verdadero escaparate para los musgos y otros epífitos que cuelgan de las ramas de los árboles creando, junto a los troncos retorcidos de los brezales, un decorado de cuento. Tanto las hojas y ramas, como los musgos y líquenes están diseñados para retener la humedad de los vientos alisios formando gotas que caen al suelo para regar el monte y ayudar a recargar los acuíferos de una isla donde el clima se presenta cada vez más seco. Vistas desde el mirador de Risquillos de Corgo Rocío JiménezComo complemento hay que acercarse al mirador de Risquillos de Corgo desde donde, si la niebla lo permite, se puede ver una espectacular panorámica de Vallehermoso, un valle con forma de caldera con infinidad de recovecos y una salida a la mar muy estrecha. Además, se puede ver el sabinar que se extiende por estas tierras y por gran parte del norte de la isla y es el más extenso de Canarias.
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