Cuando Simeone giró el cuello y echó un vistazo al banquillo, ahí estaba la victoria. En la finta de Kang-In Lee y el golpeo de Baena. Entraron en el segundo acto y echaron el telón a la función (2-0) con dos latigazos. Lo necesitaban ambos. El primero para llegar con el pie derecho al Atlético y el segundo para enderezar su etapa como rojiblanco y dar un golpe encima de la mesa. ‘Aquí también estoy’. Desatascaron un partido en el que el Atlético no encontró los caminos durante más de una hora ante un Málaga con mucha personalidad y más sensaciones que ocasiones de gol. El gol como juez futbolístico. Lo tuvo el Atlético, gana el Atlético.
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