Argentina ha logrado durante años innovar en agricultura y botánica, y una de las iniciativas más sorprendentes ocurrió gracias a Leonardo Higinio Pereyra en 1860: trajo doce árboles malayos exóticos.
Por desgracia, sólo dos alcanzaron la edad adulta y crecieron en la antigua Estancia San Juan, dentro del Parque Pereyra Iraola Ahora sobrevive uno y destaca porque la resina que desprende forma pequeñas lágrimas capaces de reflejar la luz.
Eso es lo que le ha dado el nombre de árbol de cristal y está protegido por el Ministerio de Ambiente bonaerense. Más de un siglo y medio después, sigue en el terreno donde comenzó aquel intento de cultivar árboles del sudeste asiático.
Los doce árboles tropicales que un agricultor intentó introducir en Argentina en el siglo XIX
Leonardo Higinio Pereyra Iraola era un estanciero interesado en la modernización del campo y en la incorporación de nuevas especies. Había heredado la Estancia San Juan tras la muerte de su padre, en 1852, y emprendió una transformación de sus jardines inspirada en los parques europeos que conoció durante sus viajes.
Entre las semillas y plantas que introdujo en Argentina destacaban doce ejemplares del árbol de cristal, procedentes del archipiélago malayo.
No obstante, formaba parte de una estrategia más grande en la que también colaboró el belga Carlos Vereecke. Aquella propiedad acabaría integrada en el actual Parque Pereyra Iraola.
Por desgracia, el registro del Ministerio de Ambiente señala que únicamente dos árboles llegaron a desarrollarse como adultos y que sólo uno ha sobrevivido hasta nuestros días.
Justamente, su singularidad ha dado lugar a una situación todavía más llamativa: el Ayuntamiento de Berazategui lo destaca como el único ejemplar de toda Sudamérica.
Por qué a este árbol tropical de Buenos Aires lo llaman de cristal
Científicamente al árbol de cristal se le conoce como Agathis alba, y pertenece a la familia de las araucariáceas. Tiene un tronco alto y recto, ramas extendidas y hojas perennes, gruesas y de color verde oscuro. Sin embargo, el detalle que atrae las miradas está en la corteza.
Aunque suena a ciencia ficción, la resina se acumula en gotas que recuerdan a lágrimas y, cuando reciben luz, producen reflejos semejantes a pequeños cristales.
Por la noche es cuando más se nota el fenómeno, especialmente los días de luna llena. Esos brillos cristalinos son los que han dado nombre al árbol.
Gracias a ello, el árbol de cristal sigue siendo famoso en Argentina por dos motivos muy distintos. Por una parte, la historia de cómo un árbol malayo llegó a Buenos Aires en el siglo XIX. Por otra, la magia de poder presenciarlo en persona.
El monumento natural protegido dentro del Parque Pereyra Iraola
La protección del árbol quedó formalizada en 1992 mediante la Ley provincial 11.341, que lo declaró Monumento Natural. Está ubicado en la Estancia San Juan, dentro del predio de la Escuela Juan Vucetich.
De hecho, el entorno tiene una importancia que va mucho más allá de este ejemplar. El Parque Pereyra Iraola se incorporó en 2007 a la Red Mundial de Reservas de Biosfera de la UNESCO y abarca terrenos de Berazategui, Florencio Varela, Ensenada y La Plata.
En total, en sus más de 10.000 hectáreas conviven patrimonio natural, actividades productivas y vestigios de las antiguas estancias.
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